
La Fragata Libertad ya huele a mujer
El buque escuela se acondicionó para un viaje histórico: por primera vez, navegarán en él 12 cadetas
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El olor a barniz no deja lugar a dudas. Todo en la Fragata Libertad huele a nuevo. Es que después de dos años de obras, en la nave se aprestan los últimos detalles para lo que será un viaje histórico: por primera vez en su casi medio siglo de vida, albergará a mujeres guardiamarinas.
Por eso, las remodelaciones tuvieron un doble propósito: modernizar la fragata y acondicionar su interior para recibir a las cadetas. La restauración fue tan minuciosa, que LA NACION encontró decenas de rincones con operarios que trabajaban durante la recorrida que realizó la semana pasada.
Al nerviosismo de que todo esté listo a tiempo para la partida del 38° viaje de instrucción, el próximo 7 de abril, se suma la expectativa de este viaje especial: hombres y mujeres convivirán durante casi ocho meses.
Como las reparaciones impidieron que pudiera viajar la promoción que egresó el año pasado, este viaje se dividirá en dos: de abril a agosto viajará aquel grupo y, entre agosto y diciembre, navegarán los cadetes que terminan sus estudios este año. Son cerca de 120 guardiamarinas, 12 de los cuales son mujeres.
La Fragata Libertad recorre los mares desde 1963 y su misión es la de completar la formación profesional de los guardiamarinas, que a bordo aumentan sus conocimientos marítimos y culturales, ya que el barco fue nombrado embajador de la República Argentina con carácter de distinción honorífica, para difundir nuestras bondades por el mundo.
Viajó como guardiamarina en 1975 y como oficial de plana mayor en 1987. Pero ahora Pablo Vignolles es capitán de navío y comandante de la fragata. Es la máxima autoridad a bordo. "La diferencia es todo lo que hemos hecho para adecuar la fragata para recibir mujeres. Es como cualquier trabajo, en lo que hace a la función, el género es indistinto", asegura.
Hacer lugar
Las reformas permitieron contar con 12 camas para mujeres en los sollados -dormitorios- de los guardiamarinas. Los hombres debieron hacerles lugar a las mujeres en el más estricto de los sentidos: los sollados y los baños se dividieron en dos para asegurar la comodidad de todos. Claro que "comodidad" resulta una palabra ampulosa en un terreno tan reducido: parece mentira que en la fragata viajen 300 personas.
En la cabina funciona la sala de navegación y meteorología. Atrás quedó el tradicional timón. La enorme rueda de madera fue reemplazada por un moderno volante unido a una consola de plástico, llena de botoncitos y relojes.
Todo cambió con la reforma. "Es difícil imaginarse cómo era esta sala. Los viejos aparatos eran grandes e indicaban todo en forma mecánica. Ahora todo se mide en forma electrónica", detalla el capitán de navío Juan Pablo Panichini, jefe del departamento de Comunicación Institucional de la Armada, mientras sorteaba al grupo de electricistas que lidiaba con un cortocircuito en el sistema de luces del barco.
La cubierta también está de estreno, y con un lujo que sólo esta grande se puede dar: en el Astillero Río Santiago, a cargo de las reformas, quedaba una remesa de la madera de teca hindú con la que se había realizado la original, así que se renovó completamente, pero con la madera de la misma partida.
Todas las sogas y los aparejos de las velas -llamadas escalas de jarcia por los entendidos en temas marinos-, las poleas y malacates son nuevos, así como las velas: nada menos que 2600 metros cuadrados de tela que conducirán el rumbo de la fragata en aguas abiertas. Las velas son el alma de la fragata, su distintivo. "Conocer el mar implica navegar a vela. El motor es otra historia", confiesa Panichini.
La puesta a punto alcanzó a toda la nave. Desde el quirófano y el consultorio odontológico hasta el sistema de aire acondicionado y la reparación completa de sus motores de propulsión. Las tenientes de navío María Cecilia Moure y Noemí González son dos de las pioneras tripulantes femeninas. La primera es abogada y la segunda, odontóloga. "Va a ser una experiencia única, con tantos meses a bordo", se sincera la cabo segunda Carina Moreira, camarera como la cabo segunda Lorena Serapio.
El desarraigo no es un tema menor. Aunque algunas son casadas, ninguna de las que ayer estaban en la fragata tiene hijos. "Muchos somos del interior y estamos acostumbrados a estar lejos de las familias", explica Serapio. "El trato es igual, aunque las tareas de más exigencia física van a quedar en manos de los hombres", señala la suboficial segunda enfermera María Mercedes Moyano.
La Armada tiene entre sus filas a mujeres desde 1987, pero sólo en 2006 egresó la primera promoción femenina. Será la prolongada convivencia la que haga la diferencia. Ellas dicen que los hombres las tratan con naturalidad. ¿Si sienten que ellas están "invadiendo" un terreno de hombres? Si es así, ellos lo disimulan muy bien, según susurran con complicidad.
Todos coinciden en que hombres y mujeres tendrán a bordo el mismo trato e igual consideración. Es que, en territorios marinos, importa más la jerarquía que el sexo.
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