
La gente va a pedir trabajo a Rodrigo
Llevan el ruego al lugar del accidente
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LA PLATA.- Unas 50 personas se entregaban ayer por la tarde a una danza estática, casi tribal, entre los kilómetros 24 y 25 de la autopista La Plata-Buenos Aires, a la altura de Ezpeleta. Allí murió, hace exactamente un mes, el cantante cordobés Rodrigo Bueno, alias El Potro, en un accidente de tránsito.
Entre los fanáticos, alguno sostenía un grabador desvencijado y otro elevaba una cruz de madera. La voz saturada de Rodrigo, el polvo y un viento helado inundaban el aire.
El resto -más de 2000 personas, según la policía- pululaba entre los improvisados pasillos del confuso santuario, atestado de cruces, latas y botellas de cerveza, muñecos de peluche, afiches del cantante, imágenes de la Virgen de Luján, rosarios, camisetas de fútbol, flores, encendedores, zapatillas, velas encendidas, cartas...
La música se mezclaba con los gritos, el llanto, las risas y las plegarias de algunos fieles, que convirtieron a Rodrigo en un símbolo milagroso.
Una mujer de unos 60 años se detuvo frente a una cartulina en la que se leía: "Hoy el cielo se ha teñido de alegría porque ha recibido un ángel cuartetero", a un costado de una fotografía del cantante.
Después se arrodilló, cerró los ojos y depositó su ofrenda: una estampita de la Rosa Mística. La mujer se llama Adela Gámez y le pidió a Rodrigo trabajo para su hijo, Carlos.
"Es un santo. El Potro es un santo. Si se le tiene fe, él da", sollozó, y luego se abrió paso entre la gente, con los ojos bañados en una bruma acuosa.
A un costado, un adolescente ciego colocaba un oso de peluche frente a una cruz. Su madre miró hacia el cielo límpido y dijo, con un hilo de voz: "Ayudá a mi hijo, que es lo que más quiero en la vida".
"Hace 5 años que no tengo trabajo -dijo Manuel Méndez, de 44 años-. Lo único que le pido a El Potro es que me lo conceda. Creo en él."
Entre el tumulto de perseguidores de milagros, desesperados, fanáticos y curiosos, un grupo de adolescentes cantaba: "Cómo olvidarte, cómo olvidarte", mientras una pareja se sacaba fotos frente a una sábana sucia y vieja sobre la que habían dibujado el rostro sonriente del cuartetero.
"Me vine de Córdoba hace una semana. Siempre lo voy a amar. Es mi ídolo", dijo una de las chicas, Soledad, de 17 años, y continuó cantando.
Ocultos detrás de un monolito del que pendían rosarios, banderas, trapos y una foto de Carlos Gardel pegada a un póster de Rodrigo, dos jóvenes vendían llaveros y rosas de plástico con una estampita del cantante. "Vine a pedirle trabajo y, por lo menos, me dio una changa", dijo Marcelo, de 23 años. Y añadió: "Antes de ponerme a vender, le prendo una vela para que la policía no me saque las cosas".
El sol comenzaba a ponerse y algunos fieles se retiraban del santuario, para volver esta madrugada, a las 3.20, la hora exacta en la que, hace un mes, perdió la vida Rodrigo Bueno.
A las 10 muchos de ellos se concentrarán frente a los tribunales de Quilmes para exigir -aseguraron- el esclarecimiento del caso. Y a las 16 -afirmó Miguel Angel Pierri, abogado de la familia del cantante- se realizará un homenaje en el santuario.






