
La historia de un ladrón de 14 años
Es uno de los tres delincuentes que tomaron 17 rehenes en un supermercado de Gerli; amenazaron a los vecinos del negocio
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El menor de los tres delincuentes que anteanoche tomaron como rehenes a 17 personas cuando intentaron asaltar un supermercado en Gerli había salido de un instituto de detención de La Plata hace una semana.
No habría sido la primera vez que los tres malvivientes cometieron un asalto en ese barrio, según informaron fuentes policiales.
Tal presunción se fundó en el hallazgo de una pistola Browning 9 mm en la caja fuerte del supermercado. Según estableció la policía, esa arma había sido robada el 21 de octubre último al efectivo de la comisaría de Lanús que custodiaba la sucursal del Correo Argentino situada en la misma cuadra que el supermercado, a pocos metros de la esquina de Hipólito Yrigoyen y Brasil.
De acuerdo con fuentes de la investigación, la mencionada sucursal fue asaltada por tres delincuentes cuyas fisonomías coincidirían con las de los tres malvivientes que robaron el supermercado.
A pesar de que tiene 14 años, el delincuente, identificado por su alias, "Chuqui" o "Miguelito", es un viejo conocido de la policía. Debido a cuestiones legales, y por tratarse de un menor, la identidad del menor se mantiene en reserva.
Según fuentes policiales, Chuqui fue detenido por primera vez cuando tenía 12 años, por robo. El 10 de agosto de 2001, ya con 13 años, fue capturado nuevamente y acusado de asalto en jurisdicción de la comisaría 1a. de Avellaneda.
La carrera delictiva de Chuqui y su paso por los tribunales reflejan la realidad de la mayoría de los menores delincuentes. La misma cantidad de veces que fue capturado y detenido en otras comisarías de la zona volvió a recuperar la libertad. Hasta que fue trasladado al instituto de detención de menores Almafuerte, en La Plata, de donde salió hace siete días.
"Yo pensé que mi hijo estaba en el colegio. No sé qué hacía en el supermercado", le dijo el padre del menor delincuente a la policía, mientras Chuqui o Miguelito no dejaba de amenazar con su arma a los rehenes que tenía encerrados en un cuarto del supermercado Eki.
Los cómplices de Chuqui, de 18 y 19 años, que habrían sido identificados como Gustavo J. González, alias "Cristian", y Grabriel Matías Galván, alias "Oreja" o "Chispita", son vecinos de su casa, situada en Montes de Oca al 300, en la villa Tranquila, un conglomerado de casillas y pasillos laberínticos situado a seis cuadras del centro de Avellaneda.
"Fui el último en entrar. Cuando iba a la caja apareció uno de los delincuentes, de 14 años, al que le decían Miguelito. "Esto es un asalto", me dijo, pero como era tan chico no le creí", relató Gustavo, un fletero de 40 años y uno de los 17 rehenes de anteanoche.
"Como Chuqui estaba tan exaltado, sus cómplices, que no querían cargar con algún homicidio, le sacaron el arma al menor delincuente y se la escondieron en una caja fuerte", dijo uno los rehenes. El arma fue encontrada ayer en ese lugar.
Una irrupción violenta del grupo Halcón de la policía bonaerense estaba lista cuando uno de los tres jóvenes delincuentes que mantuvieron durante más de cuatro horas 14 rehenes efectuó el primer disparo, pero no se realizó porque nadie resultó herido.
"Nosotros teníamos a través de nuestros hombres la situación controlada y estaba programado un asalto de emergencia cuando hubiera una gota de sangre de algún rehén", reveló el comisario mayor Claudio Smith, que estuvo a cargo del operativo.
Smith manejó las conversaciones con los tres malvivientes desde la remisería situada a pocos metros del supermercado. Allí se instaló un comité de crisis, integrado por el negociador principal, cuyo nombre operativo es "Pepe"; un negociador secundario, de nombre operativo "Vampiro", los fiscales general y adjunto, de Lomas de Zamora, Eduardo Alonso y Homero Alonso, respectivamente y el mencionado Smith.
"La eficaz tarea de los negociadores posibilitó que no se derramara ni una gota de sangre y se recuperaran sanos y salvos tanto los rehenes como los delincuentes", destacó Smith.
"Sos boleta. Te vamos a matar. Vas a pagar las consecuencias por dejar que la policía use tu local como base", fue la frase que escuchó 14 veces Mónica Martínez, una de las dueñas de la remisería Santa María.
Los vecinos del barrio tienen miedo. "Tuvimos que diseñar un sistema de vigilancia: cuando vemos algo raro nos llamamos por teléfono para cerrar las puertas y cuidarnos", agregó la mujer.
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