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Crisis en Venezuela

La historia detrás de la fake news: el venezolano de 67 años que trabaja en bici para PedidosYa en Buenos Aires

Mariano Jasovich
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2 de agosto de 2019  • 14:22

Esta semana se descubrió que era falso el meme del "jubilado argentino" que trabajaba de delivery en PedidosYa. La imagen se había viralizado en medio de la campaña electoral y el sitio Reverso desmintió la noticia. Pero hay una historia real detrás de la foto. El protagonista de la imagen es un venezolano de 67 años, Jesús Morgado, que huyó por la crisis de su país hace 4 meses y vino a Buenos Aires.

El fake incluía una falsa declaración del "abuelo de 78 años" a C5N
El fake incluía una falsa declaración del "abuelo de 78 años" a C5N

"Ya no podía vivir en Venezuela. Mi punto de inflexión fueron los cortes de luz -cuenta Jesús en diálogo con LA NACION-. La falta de energía generaba la caída del sistema bancario, la falta de agua y la descomposición de los alimentos. Es muy difícil vivir en un país sin futuro, aún a mis 67 años".

Pese a tener edad para estar jubilado, el venezolano llega a la entrevista con look juvenil: jeans gastados, zapatos impecables, una boina, la campera roja y la mochila que identifica a los deliverys de PedidosYa. "En mi última etapa en Venezuela adelgacé 30 kilos. La escasez y la injusticia son terribles. Los supermercados comunes están vacíos, no se consigue ni leche, ni harina para las arepas -cuenta Jesús, con el cálido acento del caribe-. Hay otros sitios que tienen todos los productos, que están custodiados por el ejército y se consiguen las mercaderías, pero en dólares".

Jesús Morgado en primera persona - Fuente: Youtube

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Su otra vida en Venezuela

Antes de su caída, Morgado tuvo una vida muy intensa Venezuela, con dos matrimonios y seis hijos incluidos. "Trabajaba como encargado de marketing en el laboratorio Bristol Myers. Allí, fui uno de los que creó la marca del analgésico "Tempra", que en un momento fue como 'la aspirina venezolana'".

Pero, Jesús describe el "huracán" que acabó con su vida cotidiana: "Llegué a tener una droguería y le vendí al Estado. Pero no pagaron la deuda y quebré. Por la situación y el estrés hasta se murió del corazón uno de mis hijos de 39 años", relata el venezolano con la voz entrecortada.

Jesús con su bici en una calle de Caballito
Jesús con su bici en una calle de Caballito Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Morgado también tuvo algunas participaciones en programas humorísticos tradicionales de Venezuela como "Cheverísimo". En una oportunidad durante la presidencia de Hugo Chávez, Morgado interpretó a un juez y, siguiendo el guion, hizo algunos chistes sobre la independencia de la Justicia de su país. "El sketch terminaba cuando yo parafraseaba la frase del Che Guevara ´hasta la victoria siempre'. Yo le agregaba puede ser hasta la Victoria, que es una localidad venezolana, o hasta Maracaibo -recuerda Morgado-. El Gobierno en ese momento me llamó para advertirme sobre ese tipo de humor. Si fuera hoy con Nicolás Maduro ya estaría preso, porque están mucho más radicalizados".

Además, Jesús intentó con los CDs de chistes que ahora subió a Youtube para ver si encuentra alguna oportunidad en el mundo del espectáculo porteño, aunque sabe que primero tiene que hacerse conocido para que lo llamen.

Por otra parte, Morgado ya metido de lleno en la sociedad porteña, cuenta que se indignó con la comparación que hizo Cristina Kirchner entre Argentina y Venezuela. La candidata a vice del Frente de Todos deslizó en un discurso de campaña: "Sorry, con la comida estamos igual que Venezuela". Jesús vio el video y enseguida pensó: "A los que comparan las situaciones les pagaría un viaje para que intenten vivir una semana en Caracas a ver si siguen diciendo lo mismo".

En bici en Buenos Aires

Jesús entrega comida en las calles de Buenos Aires
Jesús entrega comida en las calles de Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

A sus 67 años, Jesús llegó a Argentina con una mano atrás y otra adelante, como solía decirse de los inmigrantes europeos que poblaron el país entre fines del siglo XIX y principios del XX. "Apenas bajé del avión, armé mi currículum y lo llevé a las farmacias y empresas farmacéuticas. En todos lados ni me miraban a la cara y apilaban mi carpeta en una pila. Nunca me llamaron de ningún lado".

Primero trabajó muy poco tiempo en un restaurante pelando papas y lavando los platos. "Me trataron muy mal y me fui a los dos días. En ese momento pensé en volverme a Venezuela -se emociona Jesús-. ´Si me voy a morir sin nada, que por lo menos sea en mi país´, pensaba".

Morgado estuvo dos días en la cama deprimido, sin encontrar la salida a la situación, hasta que probó suerte con las aplicaciones de delivery. Pedalea unos 30 kilómetros por día y de esa manera por lo menos tiene "para comer". Durante su trabajo en la aplicación en estos pocos meses, desde mediados de abril, ya le robaron dos bicicletas. "Ahora ando con una prestada por un compañero del trabajo, pero si alguien tiene una para donarme estaría muy agradecido", dice Morgado, con una sonrisa en la que muestra casi todos sus dientes.

Pero su vida de delivery enfrentó miles de obstáculos. Morgado probó con todas las aplicaciones que operan en Buenos Aires (Glovo, PedidosYa y Rappi). "Me pasaron una dirección de Rappi para ir a buscar un pedido. Pedaleé un montón y no encontraba el local. Ya cansado, cuando llamo a la asistente de la empresa me dice que se había equivocado y me habían mandado un pedido de Bogotá".

A fines de agosto se le vence el alquiler temporario de su pequeño departamento de Flores. "Se me complica porque para alquilar algo por más tiempo me piden comisiones y mes de anticipo. No me alcanza lo que gano en PedidosYa - se lamenta Jesús-. Son esos momentos en que vuelvo a pensar en volverme a mi país". En Caracas, Morgado dejó un departamento puesto con heladera, vajilla y muebles. También un auto estacionado en el garaje del edificio, "con gasolina y todo".

Pero los últimos meses de crisis que vivió en Caracas le dan fuerzas para seguir buscando su destino en Buenos Aires. "La crisis humanitaria en Venezuela es tan grande que se hace imposible vivir allá", se resigna. Pese a los obstáculos, Jesús mantiene su buen humor. Vuelve a encender su celular, le llega un pedido y sale pedaleando en busca de su futuro.

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