
La historia secreta de los simios alemanes
Orangutanes en peligro: la llegada de los tres ejemplares de Hannover y la muerte de uno de ellos hicieron llover denuncias de los proteccionistas.
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Pocos conocen la historia que se esconde detrás de Conny. Agolpados del otro lado del vidrio, la mayoría de los visitantes ni siquiera sospecha el escándalo en el que se vio envuelto el zoológico porteño desde el arribo de esta desenfadada orangutana procedente de Hannover, Alemania.
La historia comenzó el 17 de marzo último cuando, tras casi dos años de negociaciones, Conny (de 20 años) llegó a Buenos Aires acompañada por otros dos orangutanes, Sarah (17) y Timo (20), que fueron alojados en carácter de préstamo en el zoológico de La Plata, por falta de espacio.
Pero a las pocas semanas el conflicto era mayúsculo. No sólo se generaron roces con el zoo de La Plata por el alojamiento de los animales, sino que en Alemania comenzó a decirse que los tres ejemplares vivían en pésimas condiciones y que sus responsables argentinos no habían cumplido con lo pactado.
La repentina muerte de Sarah no hizo nada por calmar los ánimos y pronto el revuelo fue tal, que el mismo subdirector del zoológico de Hannover debió viajar a la Argentina.
Pero si bien el escándalo no trascendió, tuvo sus consecuencias." Timo va a ser trasladado cuanto antes, ya está proyectado el nuevo recinto que costará unos 350.000 dólares y estará listo para fin de año", anticipó a La Nación el director del zoo porteño, Federico Chiesa.
O los tres o ninguno
"Si bien el zoo de la ciudad de Buenos Aires ya contaba con una pareja de orangutanes -Marisa y Rafael-, era preciso incorporar una hembra más porque Marisa aún no está en edad reproductiva", explicó el gerente técnico del zoo, Gabriel Aguado, en diálogo con La Nación .
Entonces se comenzaron las tratativas con el zoológico de Hannover. "Nosotros queríamos exclusivamente a Conny", reconoció Chiesa. Pero los alemanes fueron inflexibles: sólo accedían a ceder a la orangutana si la Argentina también se hacía cargo de Timo y Sarah, una pareja esterilizada.
Pero en el zoo porteño no existía un recinto adecuado. La solución la aportó el zoológico de La Plata, que aceptó a Timo y Sarah en carácter de préstamo. Pero poco antes de su arribo, un cambio de autoridades complicó el panorama.
Consultado por La Nación , el nuevo director del zoológico de La Plata, Carlos Galliari, comentó: "Al segundo día de asumir me enteré de que llegaba una pareja de orangutanes y que hacía un día que estaban esperando en Ezeiza."
Y agregó: "No había un convenio serio con los directivos anteriores y nuestra intención era usar ese recinto para dos osos andinos que están en un lugar muy precario".
Sin embargo, se llegó a un acuerdo. Sarah y Timo permanecieron en La Plata y el zoo porteño se hizo cargo de la dieta de los animales y de enviar un veterinarios.
Un cuidador encariñado
Dieter Drieblein, el cuidador que viajó con los tres orangutanes, no se llevó una buena impresión de la Argentina.
"Lo que vi no me gustó nada", dijo a la prensa local alemana, de regreso a Hannover. Y denunció la separación de los animales, acostumbrados a vivir juntos durante décadas. Más tarde, la muerte de Sarah a sólo tres semanas de su llegada a La Plata pareció ser una prueba irrefutable de sus críticas.
"Se nos debe de haber engañado", se defendió el director del zoológico de Hannover, Klaus Michael Machens, en declaraciones a un diario local. Incluso, especuló con la posibilidad de que se hubiera utilizado documentación manipulada.
La respuesta no tardó en llegar: desde cartas de lectores indignados y donaciones para la repatriación de Conny y Timo hasta un grupo ecologista que amenazó con regresar a los ejemplares por su cuenta.
"Cuando vino el subdirector de Hannover -relató Chiesa- recorrió las instalaciones y quedó conforme. Lo que pasó fue que el cuidador estaba muy apegado y vino mal predispuesto. Incluso había viajado por decisión propia".
Antes de partir, el subdirector germano elevó un informe en el que aseguró que "la muerte de Sarah, causada por una infección intestinal, fue una desgracia que se pudo haber dado en cualquier zoo".
No obstante ello, Galliari dijo que Sarah siempre presentó un "comportamiento extraño" y admitió que "los orangutanes pasaron el invierno sin calefacción central".
En tanto, las repercusiones del escándalo continúan. Chiesa reconoció que todavía hoy recibe vía Internet reclamos provenientes de todo el mundo.





