La hostería que resistió el avance del incendio en el Parque Nacional Los Alerces
El incendio forestal que avanza desde diciembre obligó a evacuar turistas y personal en la zona del lago Futalaufquen y amenaza una de las áreas más emblemáticas del Parque Nacional Los Alerces
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ESQUEL, Chubut.— Elvin Ríos tiene 29 años y desde hace ocho está al frente de la hostería Cume Hué, un complejo turístico ubicado sobre la margen derecha del lago Futalaufquen, dentro del Parque Nacional Los Alerces. Vive allí junto a Jazmín García y su rutina cotidiana, hasta hace pocas semanas, estaba marcada por el turismo, la pesca y la ganadería, actividades que sostienen buena parte de la economía local en una de las zonas más visitadas de la cordillera chubutense.

Esa normalidad quedó suspendida por el avance de un incendio forestal de gran magnitud que desde diciembre mantiene en vilo a pobladores, trabajadores del parque y autoridades. El fuego se inició el 9 de diciembre en la zona del lago Menéndez, como consecuencia de la caída de un rayo, y durante las primeras semanas avanzó por sectores de difícil acceso. Con el correr de los días, y el empeoramiento de las condiciones climáticas, comenzó a expandirse con mayor velocidad y a multiplicar frentes activos.

Ríos tomó verdadera dimensión de la amenaza el 6 de enero, mientras regresaba de una excursión de pesca en el río Arrayanes. “Cuando pasé por la pasarela me di cuenta de que el fuego había saltado al Alto del Petizo, un cerro que está en Puerto Mermoud. En cuestión de tres horas quemó todo el frente de Lago Verde, rodeó la población y se fue por el río Rivadavia”, relató a LA NACION.
El avance fue tan rápido que, en pocas horas, las llamas se desplazaron hacia el lago Futalaufquen y comenzaron a amenazar directamente a las zonas habitadas. Dos días después, el incendio alcanzó Laguna Escondida y, en apenas cuatro horas, empezó a descender hacia el área donde se encuentra la hostería.

“Ahí entendimos que podía llegar hasta acá”, sostuvo Ríos. Las decisiones se con poco margen y bajo gran presión. Primero evacuaron a los turistas, ya que el camping y la hostería estaban ocupados completamente. Al segundo día se retiró el personal que trabajaba en el lugar. Al tercero, la familia sacó parte de sus pertenencias.
Jazmín García, que también trabaja en Cume Hué, recuerda esos días como una secuencia de terror. “Al principio estábamos solos, mi mamá, Elvin, su mamá y yo. Tratábamos de hacer lo que podíamos con lo que teníamos a mano, porque no sabíamos cómo iba a pasar el fuego. Lo teníamos ahí, al frente”, dijo.
La situación se volvió insostenible y optaron por autoevacuarse. “Yo me fui a Esquel con los perros y los gatos, porque ya no daba para más. No era solo la hostería, era nuestra vida ahí”, explicó. Ríos, en cambio, tomó la decisión de regresar.

“Volví y me quedé en Cume Hué con cuatro empleados del propietario esperando que el fuego llegara”, relató. La concesión de la hostería pertenece a su padre, Marcelo Coronado, quien fue uno de los primeros en detectar el inicio del incendio y dar aviso a las autoridades pertinentes.
En esos días, varios focos se desplazaron desde el cerro y continuaron por la costa del lago. “Logramos extinguirlos usando motobombas y tótems”, rememoró.
Por otro lado, aseguró que fueron días extensos, con mucho cansancio y con el viento inestable. Cume Hué logró sobrevivir, aunque el peligro nunca desapareció completamente.
Jazmín está de acuerdo en que la colaboración entre vecinos fue fundamental. “Más tarde llegaron a ayudarnos y los chicos se pusieron a trabajar. Así estuvimos por casi una semana. Gracias a Dios Cume Hué no se quemó, ya que estuvieron todo el tiempo mojando y evitando nuevos focos, pero en los alrededores fue un desastre”, comentó.
Aunque todos los habitantes de la provincia tratan de mejorar las circunstancias, la situación general continúa siendo crítica.
El área impactada es de aproximadamente 15.000 hectáreas. En este contexto, se estableció una lucha en las áreas con más actividad a través de un trabajo entre entidades provinciales y nacionales y ajustes constantes de acuerdo con los cambios meteorológicos para proteger la seguridad del personal.
La incertidumbre es permanente para aquellos que residen y trabajan en el parque, ya que el fuego sigue activo. Ríos advirtió: “El día de ayer, primero de febrero, volvió a encenderse con fuerza en el lado del frente”.
El impacto económico ya se vive a flor de piel. “En términos turísticos, nos perjudicó a todos. Estaba a punto de empezar la temporada alta y todavía queda tiempo”, señaló.
Jazmín enfatiza que la situación trasciende lo material: “No es solamente el trabajo. Es el lugar donde vivimos, el paisaje y la tranquilidad que se pierden”.
Desde Cume Hué continúan atentos al viento, el humo y los informes oficiales. No obstante, la hostería permanece en pie, rodeada de un paisaje afectado por el fuego.
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