
La Iglesia de Moon se repliega en el país
Sus representantes dicen no tener inversiones económicas, sino proyectos educativos sobre los valores familiares perdidos
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Hace cuatro años que el reverendo Sun Myung Moon no viene a la Argentina. Es tan sólo uno de los datos que refleja el repliegue del movimiento religioso que lidera en el país, la Iglesia de la Unificación.
"En este momento el movimiento está centrado en difundir los valores que en esta época están perdidos. No estamos buscando fieles. Estamos haciendo una campaña de educación de los valores familiares, con la colaboración de distintas organizaciones", dijo Miguel Werner, responsable del área de prensa de la iglesia en la Argentina.
Aunque existen versiones sobre el avance de los capitales moonies en organizaciones de altos estudios locales, ellos lo niegan. Los antecedentes de este avance datan de 1984, cuando Moon fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Católica de La Plata. Su rector de entonces, Nicolás Argentato, fue desautorizado por la Iglesia Católica, pero argumentó que el reverendo había donado 120.000 dólares para la carrera de comunicación cuatro años antes.
"No hay ninguna institución que le pertenezca a la Iglesia en el país. La única relación que tenemos con escuelas y universidades es la que se establece cuando se organizan charlas y conferencias de la campaña de educación de valores familiares que propugnamos", sostuvo Werner. "Es más, a la Iglesia le interesaría en algún momento tener una escuela. Pero por el momento eso es imposible", continuó.
En el austero centro, en Rincón 342, donde funciona la sede central del movimiento, fue recibida LA NACION, aunque se pidió que no se tomaran fotografías. Según Werner, la relación con los medios de comunicación nunca ha sido favorable. Paradójicamente, en ese sector se concentran las principales inversiones de Moon. En Buenos Aires funciona Tiempos del Mundo, un semanario que se fundó en 1996; allí se trabaja la mayoría de los contenidos para 16 países latinoamericanos. Aquí los suscriptores no superan el millar. El periódico, que funciona en Bartolomé Mitre 760, tiene una tirada en América latina de 100.000 ejemplares.
Un español y otro mesías
José Luis Alvarez Fermosell, su vicedirector, echó por tierra versiones sobre un posible cierre. "Estamos trabajando en el rediseño para que tenga más aspecto de semanario, pero no va a cerrar", dijo con el acento español que no lo abandona.
Pero es sólo uno de los medios que la Iglesia posee: The Washington Times, The World and I, Inside y Noticias del Mundo también le pertenecen. Sus sedes se encuentran en los Estados Unidos, donde también son propietarios de la agencia de noticias United Press International (UPI). La abultada y secreta fortuna de Moon los sostiene íntegramente.
Es que, según el reverendo, los negocios y el dinero son lo que le permitirá completar la misión de Jesucristo, como un segundo mesías. El argumento: Cristo no pudo hacerlo porque era pobre.
Según publicaciones periodísticas, la fortuna del reverendo superaría los mil millones de dólares y rendiría anualmente unos 50 millones. Las ganancias llegan desde fábricas, agencias de viaje, bancos y hoteles que posee en el mundo. Además, no hay que olvidar el diezmo de los fieles. En este campo, las cifras tampoco pueden ser exactas. Según Alberto Dib, un estudioso de Moon, los moonies en el mundo serían entre 100.000 y 3 millones, y aquí, entre 1000 y 10.000. En cada lugar que desembarca, tras la fundación del movimiento en 1954 en Corea, invierte millones de dólares.
El sueño del pueblo propio
La Iglesia de la Unificación llegó a la Argentina a mediados de los 80. Sin embargo, la presencia fuerte se notó casi una década después. Por aquellos años eran frecuentes las vistas del reverendo, que se alojaba exclusivamente en su estancia en Paso de la Patria, en Corrientes, donde hoy sólo viven un casero y su familia. Allí pasaba los días practicando su actividad preferida: pescar.
Pero no sólo le interesaba la riqueza ictícola. En 1996, tras varios intentos de acercarse al poder político, intentó fundar en Corrientes un pueblo. En él planificaba, como lo había intentado en Jardim, en Brasil, educar a decenas de miles de personas con una filosofía de vida política y económica distinta. La intención era crear en diferentes áreas proyectos independientes que, una vez desarrollados, pudieran interrelacionarse para transformarse en una ciudad ideal. Y de a poco, cuando vieran que funcionaba, multiplicarlo en el mundo.
Según publicó LA NACION en aquel momento, un representante del movimiento informó que se pagaban 35.000 dólares por cada contingente de chicos que se albergara en la casa de la Iglesia de la Unificación.
Esas ansias de poder no prosperaron y atrás quedaron diferentes proyectos: una fábrica de harina de pescado, un campo arrocero, plantaciones y el ecoturismo. Tuvo que conformarse con difundir su prédica por intermedio de diferentes asociaciones que integran el movimiento, como la Federación de Familias, la Federación de Mujeres y la Federación de la Juventud.
Y es en esa difusión donde el movimiento encuentra sus principales detractores. "Ellos utilizan lo que se conoce como lavado de cerebros", dice Alejandro Farinelli, de la Fundación SPES, entidad especialista en sectas y nuevos movimientos religiosos.
Aunque la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial está inscripta en el Registro Nacional de Cultos con el N° 1184, la acusan de ser un movimiento sectario.
Según explican los moonies, se debe a que una de las corrientes del movimiento, de neto corte anticomunista, ingresó en los Estados Unidos en los 70 e intentaba captar a los jóvenes, a los que mantenía prácticamente encerrados. Así lo denunciaron muchos padres en distintas regiones del mundo.
Hoy, el reverendo que creció bajo el ala del Partido Republicano de los Estados Unidos no tiene puestos los ojos en la Argentina. Tal vez el contexto político, social y económico no sean los indicados.


