La iglesia San Miguel Arcángel lucha día a día contra el deterioro
El templo busca aportes privados para evitar la pérdida de ese patrimonio.
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La antigua iglesia de San Miguel Arcángel, ubicada en el corazón del Buenos Aires colonial (Bartolomé Mitre y Suipacha), pudo soportar las invasiones inglesas, pero no pudo salir victoriosa de los embates del tiempo. Así los deterioros que presentan el templo, y especialmente la casa parroquial, son muy significativos. En el segundo caso, incluso, se han derrumbado techos, lo cual es muy peligroso para las personas que viven o trabajan allí.
Al entrar en ese imponente templo se puede observar la solidez y perfección de su construcción, pero desgraciadamente, también puede verse una red azul-que desentona con la elegancia del lugar- puesta para recoger los pedazos de revoque que caen del techo y las pequeñas partes de la obra mural del ingeniero y pintor italiano Augusto Ferrari.
El arquitecto Juan Carlos Poli, miembro de la comisión para la preservación de los bienes de la Iglesia atribuyó al gobierno nacional la culpa de que no existan fondos para mantener el patrimonio histórico de nuestro país.
"El problema -dijo- es que no se vota el presupuesto necesario para que se puedan mantener los 250 monumentos que existen en la Argentina".
Y explicó:"El ente que se encarga de la parte monetaria para el mantenimiento o reconstrucción de los monumentos históricos es la Dirección Nacional de Arquitectura, que hoy en día cuenta con un presupuesto insuficiente de 17 millones de pesos."
Encarar la restauración
"En mi nombramiento como párroco de esta iglesia, a principios del 96, ya se me pedía que comenzara el trabajo de reconstrucción. Pero hasta el momento no pudimos hacer nada", comentó a La Nación monseñor Rubén Zamboni. Sin embargo, luego de un año de negociaciones, el párroco de San Miguel consiguió presentar un proyecto para la reconstrucción total de la casa parroquial, que está siendo estudiado por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos.
La iniciativa consiste en la participación de una empresa privada, como lo había sugerido el organismo estatal, que construirá en donde actualmente está la vivienda de los sacerdotes, un restaurante. Para la circulación de peatones se prevé abrir un pasaje que una la calle Bartolomé Mitre con plaza Arlt.
El acuerdo entre las personas que invierten el capital y el templo, es la posibilidad, por parte de los primeros, de explotar el lugar con un local gastronómico, durante 10 o 15 años, sin tener que pagar el alquiler del mismo. Las presiciones se estudiarán cunado la Curia, propietaria del edificio e el contrato, si el proyecto es aprobado por la Comisión.
"Anteriormente habíamos presentado un proyecto al Consejo de Planificación Urbana, propulsado por otra empresa, que fue rechazado. Si sigue pasando el tiempo se van a ir todos los inversores que quieren ayudarnos", afirmó el párroco, preocupado.
Por su lado, el arquitecto José María Peña, vocal de la Comisión Nacional, informó que "el organismo está en constante diálogo con la Iglesia y si bien había algunas partes del anteproyecto no estaban claras, ya se conversaron".
Uno de los puntos que ambos interesados debieron aclarar fue qué partes de la casa se pueden recuperar y cuáles no.
La Comisión desea que la fachada se conserve por ser entorno del monumento mientras que el párroco Zamboni opina que se debe hacer el frente de nuevo. "Qué voy a mantener si está todo caído", comentó.
Con respecto al tema pecuniario, uno de los más problemáticos, Peña aseguró: "Las parroquias se mantienen de la contribución de sus fieles; el hecho de ser monumento histórico pude hacer que el Estado haga ciertas contribuciones, como fueron los arreglos que se hicieron en 1993 y 1994. Pero el Estado sólo tiene responsabilidad sobre los monumentos de su propiedad".
"Por otra parte, también son los miembros de cada comunidad quienes deben procurar el mantenimiento de sus iglesias", explicó Peña, que, recordando un hecho incomprensible de nuestra historia, señaló la escasa e inexperta mano de obra que trabajó en el templo después del incendio de 1955.
Pocos fieles para contribuir
Monseñor Zamboni expresó su preocupación por la cantidad de fieles que frecuentan la parroquia: son pocos y el estado del templo no ayuda a una mayor participación. Así algunos de los grupos que participan en la actividad de esa comunidad religiosa como ser Caritas y los chicosscout debieron mudarse de sus respectivos salones porque los mismos estaban en peligro de derrumbarse.
Al referirse a las funciones de la Comisión Nacional, el arquitecto Poli reconoció:"No es un ente que deba apoyar económicamente, ya que es un organismo técnico, es decir de consulta".
"El corolario de esta experiencia es que siempre hay que acercarse y conversar", concluyó Peña.
Los encuentros entre la Comisión y los integrantes de la Iglesia quizás traigan como primer beneficio salvar la casa parroquial, por medio del aporte de capitales privados.
Pero, ¿podremos los argentinos seguir apreciando el expresivo pasado testimoniado por la iglesia San Miguel Arcángel?
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