
La increíble historia del contador asesinado
Investigan sus conexiones políticas en Buenos Aires
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LA PLATA.– Dicen que el contador Adolfo José Luis Herro, que hoy hubiera cumplido 54 años, era tan veloz para desenfundar un arma como para los negocios.
Durante 18 años fue empleado del Estado bonaerense, y aunque nunca ocupó puestos de primera línea siempre se las arregló para estar a tiro de alguna secretaría administrativa, de las que generalmente salen las órdenes de pago y las órdenes de compra. Herro transitó despachos oficiales durante casi dos décadas y aunque no era un personaje influyente, sí era muy conocido.
Extrañamente fueron pocos los que, públicamente, se hicieron eco de su muerte. Escasos avisos fúnebres lo recordaron en los diarios de La Plata y de Bahía Blanca.
Casi nadie acepta hoy hablar de él con nombre y apellido. Más de treinta fuentes políticas, judiciales y policiales consultadas por LA NACION dijeron conocerlo, aunque prefirieron no ser nombradas en este informe.
Dicen que habría manejado, en mesas de dinero, las inversiones de legisladores y funcionarios –no sólo justicialistas– que confiaban en él. Y eso investiga la Justicia, porque tal vez alguna actividad relacionada con el dinero sea la clave para esclarecer su muerte.
Su sueldo de poco más de mil pesos no alcanzaba para comprar casas en Cariló, ni costosos autos, ni armas de colección. Herro, sin embargo, era poseedor de cada una de esas cosas. Los BMW eran sus preferidos. Sólo en su departamento platense se encontraron 200 armas, algunas de incalculable valor.
Un senador provincial del PJ recordó que el enigmático contador integró la secretaría administrativa de la Convención Constituyente provincial, la que dispuso, en 1994, una consulta popular para habilitar, o no, la reelección del gobernador.
Herro trabajaba, entonces, con el actual secretario de Hacienda del gobierno nacional, Carlos Mosse, que era el secretario administrativo de esa convención.
Informantes duhaldistas recordaron que fue director de administración del Senado de la provincia durante la gestión de Rafael Romá. Otras fuentes duhaldistas dicen que ese trabajo duró hasta que el vicegobernador, sospechando algunos manejos poco claros, decidió cambiar la cúpula administrativa de la Cámara alta.
El actual vicepresidente de la Cámara de Senadores bonaerense, Antonio Arcuri, dijo a LA NACION: "No lo conocí. Sé que estuvo en el Senado, pero cuando Romá era vicegobernador. Por esos años yo estaba en el Ente del Conurbano". Ayer Romá no pudo ser localizado por LA NACION.
El contador había llegado a La Plata en 1987, cuando Antonio Cafiero era gobernador. Uno de los hijos del mandatario, Mario, que era secretario general de la Gobernación, le dio su primer empleo. Un director de prensa de aquella gestión lo recordó como un profesional "exigente" al que "odiábamos porque siempre demoraba hasta el último minuto la firma de nuestros viáticos".
Según fuentes del gobierno, por entonces solía verse con Jorge Sarghini (que fue ministro de Economía durante el mandato de Duhalde y de Ruckauf), con Mosse, con el legislador justicialista Carlos Díaz, con el actual director de Aeronáutica de la provincia, Amado Jalil, entre otros. Ayer, Jalil dijo a LA NACION: "Era un tipo limpio y sano. Si no, no hubiera sido mi amigo". Jalil también dijo que el día anterior a la muerte estuvo reunido con Herro y con el intendente de Pinamar, Blas Altieri, en el café Insbruck. Negó que ésa fuera una reunión de negocios.
Herro solía concurrir a un café situado en la esquina de las calles 7 y 55 de La Plata, sitio de paso de políticos bonaerenses.
En 1997, cuando Duhalde creó la Unidad Ejecutora que manejaba los fondos para compras de material policial, Herro tuvo allí un cargo administrativo. Por aquellos años, legisladores y funcionarios solían organizar comidas en el campo del senador Díaz. Herro asistió a alguno de estos encuentros y allí, según dicen, conoció al actual ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo.
Hasta que murió, Herro tenía un cargo en el área de este funcionario. Y la pareja del contador, Lourdes Giménez, también: es la directora general de contabilidad.
Hasta hace tres años -contó un allegado del contador- alquilaba un departamento en pleno centro platense, en el mismo edificio en el que vivía el actual diputado nacional Daniel Basile, que formó parte de la organización de la campaña presidencial que perdió Duhalde en 1999. Ya en ese entonces gustaba de los autos caros.
Después compró un piso frente al Teatro Argentino de esta ciudad. Algunas fuentes dicen que le costó 200.000 dólares; otras, que pagó la mitad. A principios de este año adquirió la casa de Cariló, que le costó, por lo menos, 150.000 dólares. Herro tenía un sueldo de 1216 pesos, según fuentes del Ministerio de Gobierno bonaerense. Así que los últimos fueron años prósperos para Herro y tal vez sean ésos los años que encierren la clave de su enigmático homicidio.
Desde el duhaldismo sostienen que Herro nunca perteneció a la estructura orgánica del PJ bonaerense, sino que era un técnico que colaboraba con funcionarios. "Puede ser que hiciera negocios por su cuenta, pero no era orgánico de la estructura del PJ", dijo una de las fuentes cercanas al ex presidente. Lo mismo repiten los más cercanos allegados al gobernador Felipe Solá.
Sus relaciones no estaban signadas por el color político. La casa de Cariló, por ejemplo, se la había comprado al ex senador radical Juan Carlos Stavale, imputado, junto con otros ex legisladores, en una causa por el otorgamiento de subsidios "truchos" por un total de $ 443.500.
Algo falló en esa vida próspera. A las 22.41, Herro activó la alarma de su casa y, cuatro minutos después, salió. Llevaba su Glock 9 mm en una cartuchera de polímero, que sirve para desenfundar rápido. Pero no. Esa noche no desenfundó rápido. O por lo menos no tan rápido como su asesino.





