
La laguna que se convirtió en una pista de hielo a 1700 m de altura
Toncek está a cuatro horas de trekking desde la base de cerro Catedral, en Bariloche
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- El dato se propagó rápidamente y comenzaron el ascenso. Decenas de jóvenes y familias emprendieron el fin de semana un viaje hacia la aventura. A sólo cuatro horas de esta ciudad y en medio de la montaña, donde una laguna congelada por las bajas temperaturas se transformó, a partir de ahora, en una auténtica pista de patinaje para los visitantes.
Como una reminiscencia a la infancia, la diversión del patinaje sobre una pista de hielo en un entorno natural inigualable comenzó desde temprano, cuando aún el sol no había chocado con la laguna Toncek, situada a 1700 metros sobre el nivel del mar, con una profundidad de 18 metros y una superficie de unos 500 metros cuadrados que, desde hace algunos días, permanece congelada producto de las primeras heladas y de temperaturas bajo cero.
Cerca de las 8.30 de ayer, una docena de jóvenes con camperas coloridas, agazapados por el frío, se calzaron patines y pusieron sus filos desgastados por primera vez en el hielo. La premisa fue descansar bien la noche anterior en el refugio Frey, una cabaña rocosa del Club Andino Bariloche, que cuenta con todos los servicios para alojamiento, incluso energía eléctrica producida por paneles solares.
Nahuel Alonso, el concesionario del refugio, fue el promotor de la desesperada búsqueda de diversión de quienes realizaron cuatro horas de trekking desde la base del cerro Catedral para llegar al encuentro de la pista de hielo, ya que fomentó el fenómeno natural a través de la Web y de las redes sociales.
Así llegaron Paula Martínez, Mariana Marino, Marcelo Marpegón, Diego More, Mariano López, Jerónimo Wolf, Ramiro Calvo y la pequeña Ambar, de sólo 11 meses, cada uno por su cuenta y algunos sin conocerse, pero todos juntos desde el amanecer se sumergieron en la diversión.
"Te saca el niño que hay adentro", reflexionó Paula, luego de patinar con éxito por primera vez, quien incluso se animó a tomar un bastón de jockey y practicar con Mariana unos pasos arrojando una tapa metálica.
También Jerónimo, de 15 años, se calzaba por primera vez los patines. "Es mejor de lo que pensaba", dijo horas más tarde, cuando dio un descanso a sus pies y recuperó energías con un nutrido desayuno casero para volver a la pista con más fuerzas.
El crujir del hielo a cada paso y la llegada del sol a media mañana aclimataron aún más el encuentro, donde hasta la pequeña Ambar, que aún no llega al año de vida, dio sus primeros pasos en brazos de su padre y posó para las fotos familiares.
La hora ideal para el patinaje es la mañana, ya que después del mediodía, con el ascenso de la temperatura, pierde consistencia la pista y comienza a formarse una película de agua en la superficie, que vuelve a congelarse al caer el sol y permite a los más osados el patinaje nocturno con linternas.
El atractivo del lugar no termina en la pista de hielo. El refugio, que fue construido en 1957 con paredes de piedra y madera, mejoró sus servicios con gastronomía de montaña, energía eléctrica, telefonía y un sector especial con atención diferencial.



