
La Loma, el barrio donde el morbo atrae a los curiosos
Los vecinos del PH en donde ocurrieron los hechos perdieron la paz; el recuerdo de las víctimas
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LA PLATA.– Delante de la puerta del último departamento del PH hay un ramo de flores y tres velas encendidas. Mabel vive en el anteúltimo departamento con su esposo, Rubén, y el menor de sus cuatro hijos varones, Facundo, de 24 años. No es que a Mabel le disgusten las flores y las velas; sólo tiene miedo de que transformen la entrada de su casa en un santuario. Del otro lado de la pared donde Mabel recibió a LA NACION mataron a Susana de Bártole, de 63 años; a su hija, Bárbara Santos, de 29; a la hija de ésta, Micaela Galle Santos, de 11, y a una amiga de Bárbara, Marisol Pereyra, de 35.
Fue Facundo el primero que vio las huellas rojas en el pasillo. Eran cerca de las 7 del domingo pasado. Ya había desayunado un café y se disponía a ir a trabajar cuando abrió la puerta. Su madre aún no se había levantado y su padre estaba en la cocina, esperando que se calentara el agua para el mate.
"Papá, ¿qué es esto?", preguntó Facundo. Rubén se asomó: vio las huellas y, del otro lado de la puerta entreabierta, un charco de sangre y una silla caída.
"Llamamos al 911. Mi marido temblaba muchísimo. Yo tenía miedo porque tuvo un infarto. Vino la policía, los peritos, el fiscal... Tuvieron que trabajar acá, porque en el pasillo no hay lugar. No podíamos salir. Amílcar, el carnicero, tampoco podía irse. Lo tomaron como testigo y estuvo todo el día con nosotros. Por ahí lo llamaban para hacer un reconocimiento y después ponían ahí en el pasillo esas bandejas plateadas con los cadáveres tapados y se los llevaban. Eso duró mucho."
La mujer continuó: "Como a las siete de la tarde, veo el mate con la yerba seca, el que mi marido había preparado a las siete de la mañana. Ahí nos dimos cuenta de que no habíamos comido ni tomado nada en todo el día".
Amílcar vive en la misma cuadra y enfrente está su carnicería. "Las veía siempre. Al muchacho también lo veía", dijo Amilcar, detrás del mostrador. Los cuerpos, los vidrios, el cuchillo, el palo de amasar, la sangre, todo lo que vio el domingo pasado quedó grabado en el fondo de sus ojos y asumió la forma de una tristeza oscura y serena. "No sé cuantas veces conté lo que vi. Salí hasta en la CNN. Yo viví una época en Alemania y me llamaron unos amigos de allá".
Una clienta que había entrado en la carnicería dijo: "Esto es como el circo romano. Cada vez que se reproduce esta historia, el barrio está más triste".
La Loma es un barrio silencioso, de casas bajas, y está hacia donde se pone el sol. En esta época, los atardeceres son claros y los contornos de los árboles, de las ramas y las hojas nuevas, se ven bien definidos. Era una tarde clara y fresca, después de una tormenta de fin de primavera. Un auto se detuvo frente al PH de la calle 28. En el auto había un hombre, una mujer y un chico que debía tener diez años. El chico escribía en su celular. Sus padres miraron primero al policía que maniobraba un handy ruidoso y después hacia el fondo del pasillo.
Mabel no sabe cuántas veces vio esa escena. Cambian el número de integrantes de la familia, las caras y las edades, pero la escena es siempre la misma. "El domingo y el lunes feriado muchos matrimonios con sus hijos no fueron a las plazas. Vinieron acá, a ver un pasillo con una puerta y una luz en el fondo. Parece que lo disfrutan. Y cuando están las cámaras, es peor", dijo Mabel.
"No sé que es lo que quieren mirar", se preguntó Marta, que tiene una panadería a pocos metros y vive en la otra cuadra.
Marta veía a Susana, a Bárbara y a Micaela todos los días. A las cinco y media de la tarde la abuela pasaba a buscar a su nieta por el colegio San Cayetano y, antes de entrar en su casa, Micaela pasaba por la panadería.
"Mica me decía: «Marta, ¿me preparás los panes calentitos?». Mientras los esperaba, me contaba cómo le iba en hockey o en guitarra. Si la abuela estaba en la puerta de su casa, Mica iba sola. Si no, yo cerraba el negocio y la acompañaba. Hoy miré una chica y vi su cara; casi le digo: «Hola Mica». Todavía no caigo. Yo estaba ahí cuando llegaron los familiares, cuando sacaron los cuerpos. Todavía escucho los gritos y los llantos. Volví a tomar pastillas. Anoche sólo pude dormir un poco."
Los gritos y el silencio
A Mabel también le cuesta dormir. "Ayer pude salir por primera vez. Fui al banco y a pagar la luz. Pasé por una escuela y volví a escuchar ese grito. Era el mismo grito. Me asusté. Eran unos chicos jugando", dijo.
Para Mabel, el significado de los gritos cambió para siempre. Antes no les daba importancia. Las casas están llenas de voces, de ruidos y de gritos, y el que había oído cuando estaban matando a sus vecinas era un grito corriente, igual o menos estridente que aquellos otros que había escuchado aquella vez que encontraron una laucha. Mabel cree que fue el grito de la más chica. ¿Cuántas veces volverá a escucharlo en las voces de otros niños?
Pero es el silencio de la casa de al lado lo que ahora más conmueve a Mabel. "No voy a escuchar más la risa de Susana, la música, a la chica jugando, el ladrido y los cascabeles de Bijou. Le puso Bijou porque es una joyita. A la noche lo saca a pasear lleno de cascabeles".
A veces, mientras dialogaba con La Nacion, Mabel se descubría nombrando a Susana, a Bárbara y a Micaela en tiempo presente.
Mabel abrió la puerta. Las tres velas aún se consumían, al lado del ramo de flores y frente a dos potus; uno tenía un moño rojo atado a una rama. "Nosotros nunca pasamos la Navidad acá, pero con mi marido decoramos la entrada con luces y le ponemos moños a los potus. Ellas sí pasaban las Fiestas en su casa, porque estaban las tres solas. Después venían los amigos a brindar y se quedaban hasta tarde, así que les decorábamos la entrada a ellas. Este año vamos a pasar las Fiestas acá. Va a ser la primera vez, y justo ellas ya no están. El otro día, Susana me dijo: «Me dejaste un moñito». Ahí está. Quedó de la Navidad pasada".
ANÁLISIS DE ADN AL ÚNICO DETENIDO
LA PLATA.- Mañana, en la Asesoría Pericial de esta ciudad, se llevará a cabo el análisis del ADN del karateca Osvaldo Martínez, para luego ser comparado con los rastros encontrados en la vivienda del barrio platense La Loma, donde ocurrió el cuádruple crimen. Anteanoche, en tanto, el fiscal Alvaro Garganta dirigió un segundo allanamiento en la vivienda deMartínez, único detenido y, entre otros objetos, ordenó secuestrar un par de zapatillas. Los investigadores analizarán si las suelas corresponden con unas marcas halladas en la escena del múltiple homicidio, informaron fuentes judiciales.
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