
La mansión pública que casi nadie usa
Una casona de 3000 metros cuadrados fue refaccionada hace un año por iniciativa privada, pero aún no se le dio destino
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Pasó un año desde que, por iniciativa de un grupo vecinal, se recuperó el edificio del colegio Carlos Pellegrini de Pilar, una soberbia mansión de 3000 metros cuadrados, traída íntegramente de Inglaterra en 1907 y rodeada por 70 hectáreas de parque. Sin embargo, la casona permanece como cuando estaba en ruinas: vacía.
La maleza cubría casi por completo el edificio del colegio cuando las señoras de la agrupación Amigos de Pilar lo descubrieron, casi por casualidad, durante un sobrevuelo en helicóptero por la zona que permitió entrever los techos derruidos del castillo, en medio de una gran arboleda.
La agrupación invirtió más de medio millón de dólares para recuperar la casona que Ernesto Tornquist donó al Estado para crear un colegio de artes y oficios agropecuarios e industriales y que el Consejo Nacional del Menor y la Familia, el organismo público que lo tiene a su cargo, abandonó durante casi una década.
Con la mansión recuperada, en abril del año último se montó allí la muestra Estilo Pilar, una exposición de decoración en la que el edificio fue la gran sorpresa para el público que llegaba con la intención de ver cortinas, muebles y diseño de jardines.
El busto de Carlos Pellegrini tallado por Lola Mora que está en el acceso del edificio luce impecable, los techos y paredes de la mansión están reparados, las cañerías son nuevas, los pisos y revestimientos se recuperaron y su brillo sería la envidia de cualquier hotel de categoría.
Pero la gran cantidad de salas que hay a ambos lados de las galerías, en las dos alas y los dos pisos del edificio están completamente vacías.
La biblioteca que, según aseguró la directora del establecimiento, contiene volúmenes únicos en el país, no se usa. Lo mismo ocurre con la pileta de natación olímpica, las canchas de fútbol y las 70 hectáreas de parques situadas a la vera de la ruta 25, a tres kilómetros de la Panamericana.
La única actividad que se realiza a diario en el edificio es responsabilidad de una portera, que recorre todos los ambientes para abrir las persianas a la mañana y cerrarlas al anochecer.
Algunos días, unos 50 alumnos de primer año de la Universidad de Luján usan una de las aulas, otro grupo enciende las generosas hornallas de la mansión para tomar clases de cocina una vez por semana y otros chicos practican softball en una cancha del predio cuando no está inundada. El resto del colegio está en silencio, con las puertas cuidadosamente cerradas con llave.
El edificio fue declarado monumento histórico por la Municipalidad de Pilar y hasta 1993 funcionó como un internado para chicos y chicas provenientes del interior del país. Después, quedó abandonado.
"Estaba destruido, las paredes tenían inducción eléctrica. Estuvo totalmente desocupado durante ocho años y como es un edificio viejo, se había venido muy abajo", relató la directora del establecimiento, María Luisa Temprano de Grandi.
Durante años, al edificio le sobraban motivos para estar vacío, pero ahora ya no.
Las causas de la demora
La demora en encontrar una utilidad para el colegio parece estar más emparentada con causas burocráticas que con la falta de alternativas para utilizar sus salones.
"Estamos buscando la mejor opción para el edificio. Queremos que esté ligado a un programa público y no queremos utilizar mal esa institución con cosas que no van a tener futuro", dijo a La Nación la psicóloga social y titular del Consejo Nacional del Menor y la Familia, María Orsenigo.
"Estamos en tratativas con el municipio de Pilar para el Plan Educación 2001, que utilizaría cuatro aulas para cursos de computación y de idiomas y, por otro lado, hay un proyecto avanzado con el Ministerio de Educación para hacer un centro de capacitación permanente para todos los docentes del país", agregó Orsenigo.
La titular del organismo público reconoció que los trabajos que se realizaron en el edificio fueron muy importantes y agregó que la demora en darle una utilidad al edificio es responsabilidad de ese organismo y no una consecuencia de demoras en las obras .
"Se trabajó muy bien y se pudo reconstruir un edificio muy importante para la población de Pilar y para el Estado, que recuperó una propiedad que estaba estropeada", comentó la funcionaria.
Hace un año, Orsenigo dijo a La Nación que la utilización se decidiría rápidamente.
La reparación del edificio se realizó por un convenio que estableció no sólo las tareas para la realización de la exposición, sino los trabajos posteriores a la muestra para que el edificio se pudiera usar una vez finalizada la exposición.
A un año de finalizada ésta, la asociación pilarense que organizó los trabajos y la muestra continúa trabajando en la instalación del sistema de calefacción central para que todo el edificio quede en condiciones.
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