
La NASA planea extender la misión de la sonda Galileo en Júpiter
Debía finalizar a fines del año último, pero quieren que siga al menos uno más
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Quizá pocos la recuerden, porque partió de nuestro planeta hace 11 años. Sin embargo, la sonda Galileo, que, gracias a su trabajo, cambió la manera de ver el planeta Júpiter, sigue allí, saltando de luna en luna. Lo saben quienes siguen la epopeya de la pequeña embajadora de la Tierra, que llegó al mayor de los planetas del sistema solar en 1995.
La misión resultó tan exitosa que en 1997, cuando debía finalizar, se decidió extenderla por dos años más, hasta fines de 1999. Sin embargo ahora, además de tener ya asegurado otro mes entero de trabajo, existen planes en la NASA para continuar a lo largo del año. Al fin y al cabo, no se manda una nave a Júpiter todos los días.
El paseo fantástico
La sonda Galileo no despegó de la Tierra como lo hacen los cohetes espaciales. En cambio, fue guardada en la bodega del transbordador espacial Atlantis y liberada en el espacio el 18 de octubre de 1989.
En 1995, seis años después de su partida, Galileo llegó a Júpiter. No descendió, porque a diferencia de la Tierra, el colorido y colosal Júpiter es un planeta gaseoso. Esa fue tarea para el probe, una pequeña nave experimental que se separó de Galileo y emprendió un viaje suicida -programado- hacia las fauces del gigante. Las presiones y las temperaturas de Júpiter lo destruyeron unos minutos más tarde, pero antes logró arrancarle valiosísimos datos al misterioso rojo y amarillo.
Mientras, la sonda Galileo se quedó paseando entre Io, Europa, Ganímedes y Calisto: las lunas galileanas (se llaman así porque las descubrió Galileo Galilei hace 390 años). De todos esos extraños y lejanos mundos, la nave mandó imágenes increíblemente bellas y datos sorprendentes que no sólo contestaron viejas preguntas a los astrónomos, sino que desataron una catarata de nuevos interrogantes.
Por ejemplo, Galileo tomó la temperatura de los volcanes de Io y descubrió que esa pequeña luna, similar en tamaño a la nuestra, era el punto más caliente del sistema solar después del sol, claro. Pero, ¿cómo son los mecanismos que hacen funcionar esos terribles volcanes? ¿Y la lava, de qué está compuesta?
¿Vida en Europa?
Europa es otro mundo singular. Galileo no sólo confirmó que posee un océano de agua líquida -probablemente tibio- bajo su superficie helada. También descubrió que ese agua es salada y que existe en esa luna una tenue atmósfera de oxígeno. En resumen, Galileo determinó que Europa es el sitio más probable para que se haya desarrollado alguna forma de vida de todo el sistema solar.
La sonda también visitó las enormes Calisto y Ganímedes; esta última, la luna más grande de todas. Tanto que supera en tamaño a los planetas Mercurio y Plutón. Aquí Galileo planteó un serio problema, ya que los científicos siempre habían creído que se trataba de dos mundos vecinos similares.
Pero la nave obtuvo datos que demuestran que, internamente, Calisto y Ganímedes son completamente distintas. Pero si están tan cerca uno de otro, ¿por qué son tan diferentes y tuvieron historias geológicas singulares? Calisto, por ejemplo, tiene algunos de los cráteres más antiguos de todo el sistema solar. Algunos de 4000 millones de años, cuando la Tierra era un mundo muy joven.
El lunes último, Galileo hizo otro de sus vuelos rasantes sobre la luna Europa y en estos días se aprestaba a observar las pequeñas Amalthea, Thebe y Metis, otros tres de los 16 satélites de Júpiter. Si la misión se extiende hay otros vuelos programados por las lunas para el resto del año.
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