La Pachamama se hizo presente en Buenos Aires
Muchos aborígenes pidieron por sus cosechas en Palermo
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Cuenta una de las creencias de la tradición aborigen aimará que la Pachamama (madre tierra), un ser que está en todos lados, pero que se corporiza en los cerros, sale en esta época a buscar pareja y se aparea con otra fuerza de la naturaleza, el viento. Ellos engendran la primavera, símbolo de vida.
El primer día de agosto es el momento en que la tierra está fecunda, lista para sembrar. Por ello, todas las comunidades aborígenes de América del Sur llevaron ayer a cabo la ceremonia del Challar (rociar).
La ciudad de Buenos Aires no fue la excepción. Integrantes de las comunidades kolla, aimará, mapuche, guaraní y quechua se reunieron ayer en la plaza Naciones Unidas, en Figueroa Alcorta y Austria, para abrir la boca de la Pachamama, agradecer por la última cosecha y pedir por la próxima.
La madre tierra es para los aborígenes el globo terráqueo, la fuerza que les da los frutos y los cobija cuando se mueren. Es la deidad más importante, capaz de hacer germinar la semilla pero también de traer sequías y enfermedades.
Si al abrir el hoyo donde el año último depositaron sus alimentos, éstos no han sido absorbidos, significa que la Pachamama no los ha aceptado. De lo contrario, se trata de un buen augurio y el comienzo de una prolífera siembra.
Cerca de las 15 de ayer, la bandera Huipala de Kolla Marka, la región del Kolla Sullo -comprendida por el norte de la Argentina, de Bolivia y del Perú, y de donde surge la denominación de Kolla) se alzó en pleno Buenos Aires.
Con la presencia de indios, criollos con ganas de interiorizarse en esa tradición milenaria, turistas atraídos por la pintoresca celebración y curiosos que se acercaron para ver de qué se trataba, el rito pagano comenzó con cantos populares y el encendido de incienso para "purificar el aire", como explicó Wenceslao Villanueva, del Consejo de Acontecimientos Aborígenes.
Una ceremonia ancestral
Se cavaron hoyos con las manos y se prendieron cigarrillos que se clavaron en la tierra.
"Si no se apagan, -explicó Fernanda Ortega Villa, de la comunidad Tupi Guaraní-, quiere decir que la tierra lo ha aceptado y es un buen augurio." Hecho esto, la Pachamama comenzó a "comer y tomar" de la mano de los aborígenes. En fila, uno por uno fueron introduciendo pequeños trozos de productos naturales como hojas de coca, frutas, maíz, quima o quihuida y apis, chicha o sulla (agua de rocío que fue juntada durante varios días).
Nada de vino, cerveza u otro tipo de bebidas alcohólicas. "No es bueno para ella", explicaron.
El primero en tomar contacto fue Florentín Alancay, el Tata, un aimará de Salta, el mayor y más sabio -aclaran-, de los allí presentes.
Con sus trajes típicos hicieron lo suyo todos los que participaron en la ceremonia hasta que el hoyo fue nuevamente tapado con tierra.
No se depositaron semillas, como hicieron en otras regiones de la Argentina y en otros países, sino que se sembraron "esperanzas para que todos los pueblos del mundo tengan salud y vivan de latierra", aseguró Fernanda.
El ritual no terminó allí. Luego del ofrecimiento, se compartieron los alimentos y bebidas entre los presentes, y se escuchó música típica hasta el anochecer.
Volverán el 21 de junio del año entrante, cuando celebrarán el Año Nuevo y sus ofrendas se dirigirán hacia el Sol, el Tata Inti.
Fue también un homenaje a la mujer, en tanto dadora de vida. Se trató, en rigor de verdad, de mantener viva una cultura milenaria.
En Jujuy
SAN SALVADOR DE JUJUY.- La mayoría de los habitantes de esta provincia celebró ayer el Día de la Pachamama con rituales típicos de la cultura andina que se ha extendido e integrado prácticamente a todos los ámbitos. Los ritos aborígenes del "dar de comer a la tierra" y "sahumar" (purificar el aire) se practicarán durante todo el mes de agosto.



