
La pericia de un piloto evitó una tragedia
Logró devolver a tierra una aeronave con 151 pasajeros a bordo a la que se le salió una rueda en el momento del despegue
1 minuto de lectura'
El desprendimiento de una rueda de un avión de Austral que viajaba a Puerto Iguazú, en el mediodía de ayer, causó una fuerte controversia y mantuvo durante más de una hora el alerta en el aeropuerto de Ezeiza y en el aeroparque Jorge Newbery.
Pudo haber sido una tragedia y, según varios pilotos consultados, la falla en el avión que transportaba a 151 pasajeros fue gravísima. No existió tal riesgo, según el comandante del vuelo 2734 de Austral, Eduardo Perrota, y la empresa, Aerolíneas Argentinas-Austral.
La historia sucedió así: al decolar desde el Aeroparque, a las 13.15, del avión MD 83 de Austral, que transportaba a 151 pasajeros, se desprendió la rueda trasera interna izquierda. El piloto no lo advirtió, pero sí lo hicieron en la torre de control, desde donde avisaron a la tripulación inmediatamente.
La rueda fue despedida visiblemente en la pista hacia la Costanera Sur, en un trayecto similar al del accidente que en 1999 había sufrido el avión de LAPA que se incendió a poco de decolar, accidente que dejó un saldo de 67 muertos.
En este caso, la rueda impactó contra la valla que separa al Aeroparque de la costanera, la rompió y siguió su camino hacia donde se encuentra el Driving Range de la Asociación Argentina de Golf, al lado de Punta Carrasco.
Según los testigos, en el trayecto rebotó un par de veces sobre la avenida Obligado y, con una altura de unos tres metros, pasó por al lado de una estación de servicio y de las paradas de los colectivos 160 y 37, con la fortuna de que no rozó a ningún vehículo ni a ninguna persona, aunque sí dio contra un cartel de publicidad, que destrozó.
Combustible afuera
Ya con el conocimiento de que faltaba una rueda vital para el aterrizaje, el comandante Perrota derivó el vuelo hacia el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, pero antes voló casi una hora media sobre el Río de la Plata para gastar todo el combustible posible, y así evitar un probable incendio al rozar la nave contra la pista.
Según la versión de la tripulación, los pasajeros fueron informados en el acto de que, en lugar de continuar el vuelo hacia Misiones debían realizar un aterrizaje forzoso. Perrota negó que hubiera habido señales de pánico entre el centenar y medio de personas que viajaban en el avión.
Entre los pasajeros había turistas británicos, israelíes y árabes, según reveló el piloto. Entre ellos, más los numerosos viajeros argentinos y los auxiliares de la tripulación, se seleccionó un grupo de ayuda para facilitar la evacuación tras el aterrizaje de emergencia. Este grupo, de seis personas, recibió algunas indicaciones por si, tras tocar tierra, se veían obligados a evacuar la nave utilizando los toboganes inflables laterales. Finalmente, esto no fue necesario.
Luego de quemar el combustible, a las 14.25, el avión aterrizó en Ezeiza y, tras tocar tierra, se destruyó la rueda restante del tren trasero, tal vez como producto del peso soportado. El avión se ladeó y quedó cruzado entre las dos pistas que posee el aeropuerto de Ezeiza, pero el ala izquierda no llegó a rozar el suelo. Mientras el comandante del avión luchaba para mantener la nave en posición, una columna de humo surgió del tren trasero y luego hubo, en ese mismo sector, un pequeño principio de incendio que rápidamente fue sofocado.
La pericia del piloto, sin duda, evitó que hubiera lesionados o heridos.
Perrota aseguró más tarde, en una conferencia de prensa ofrecida en las instalaciones del aeropuerto internacional, que para él la aventura había sido algo así como entrenarse durante dos horas en un simulador de vuelo (ver aparte), mientras que el vocero de Aerolíneas Argentinas-Austral, Julio Scaramella, desligó a la empresa de cualquier responsabilidad.
Momento difícil
"Pasamos por un momento no demasiado difícil porque esto es bastante habitual. En aeronáutica sucede todo el tiempo. Fue un incidente menor para la empresa", señaló. Y agregó: "El sistema de mantenimiento funciona perfectamente y los pilotos están muy bien entrenados para resolver diversos incidentes que puedan ocurrir, como el que sucedió hoy (por ayer). Todos los días, la empresa hace un chequeo entre vuelo y vuelo, y otro chequeo final por la noche, para verificar que todos los aviones estén en condiciones".
Sin embargo, más de un miembro de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) se opuso a la versión de Scaramella. "Es cierto que el mantenimiento es bueno, pero esto no fue una pavada ni mucho menos algo habitual. Es una falla grave y delicada. Si en lugar de haberse desprendido la rueda al decolar hubiera sucedido en el aterrizaje, sin un estudio previo de la operación, podría haber sido peor", indicó uno de los integrantes de la asociación, que pidió mantener la reserva de su nombre. "Si no, nos echan a todos", se justificó.
En el mismo sentido, Juan Pappalardo, secretario adjunto de la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA), acusó como responsable del incidente a "la política de mantenimiento de la empresa, que busca racionalizar los costos y no invertir para evitar riesgos".
La Fuerza Aérea también realiza tareas de control sobre el mantenimiento, con la Dirección Nacional de Aeronavegación.
Ahora, el caso será estudiado por la Junta de Investigación de Accidentes de la Aviación Civil, que deberá determinar si se trató de un incidente o de un accidente.
Mientras tanto, el concesionario de Ezeiza, Aeropuertos Argentina 2000, anunció que, probablemente hasta el lunes, el aeropuerto funcionará con una sola pista, ya que el aterrizaje forzoso del MD 83 de Austral generó algunos pozos en la otra pista.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3En campos y también en zonas urbanas: el ataque a un niño reavivó un problema que hace décadas crece en la Patagonia
4Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios


