La Piedad, un remanso en pleno centro
Situado en Bartolomé Mitre al 1500, es el único pasaje en forma de herradura que existe en Buenos Aires; fue construido en 1880 y es un lugar elegido por una gran cantidad de artistas para instalar sus talleres
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En pleno centro porteño y a tan sólo una cuadra de la Plaza del Congreso está el único pasaje en forma de herradura que existe en la ciudad de Buenos Aires.
"Pasaje de la Piedad. Salida para carruajes", anuncia un cartel azul con letras blancas que parece haberse quedado en el tiempo en que los coches de caballos entraban y salían de esta callejuela en forma de U.
Con edificios de dos y tres pisos de altura, el pasaje La Piedad es un remanso en medio del incesante ruido de autos y colectivos que transitan por la calle Bartolomé Mitre al 1500, entre Paraná y Montevideo. Poner un pie dentro de las rejas que cierran la angosta calle, transporta al que lo haga mucho más que un paso, lo lleva a un espacio distinto, con ecos de los tiempos en que Buenos Aires dejaba de ser una aldea para convertirse en una gran ciudad.
"El pasaje es un lugar casi mágico. Es quedarse en pleno centro, pero alejado de la locura. Además, se trata de un sitio con mucha mística. Acá vivieron diversos artistas, como el bailarín Jorge Donn, hay ateliers de pintores, un teatro", dijo a LA NACION LINE Hugo Branca, dueño de la galería Desde la Plástica, situada en La Piedad 18.
La singular calle nació junto con los edificios que la rodean en 1880, cuando, a instancias de su mujer, Arturo Gramajo decidió construir allí departamentos y locales para renta.
Estilos distintos
Aunque el primer sector fue habilitado en 1888, su construcción demoró más de 20 años. Esto se evidencia en la diferencia de estilos. Mientras en el sector interno predominan detalles típicos de la arquitectura italiana, en la parte externa se puede ver un tipo de decoración más afrancesada.
"Yo conocía el pasaje antes de instalarme acá. A pesar de la inmensa tranquilidad que se puede apreciar, muchos se acercan porque esto forma parte del circuito turístico de la ciudad. Es como una pueblo aparte dentro de Buenos Aires", agregó Branca.
La forma que adoptó esta calle, se debe a que el constructor decidió aprovechar de la mejor manera posible los 50 metros de profundidad del lote.
El edificio está organizado en cuatro bloques con 114 departamentos, 49 de ellos con entrada en el pasaje. "La parte más interesante es la que mira al Sur. Allí, las viviendas tienen jardín delantero con reja y un balcón sostenido por columnas en cada puerta", expresó María Rosa Martínez, directora de Casco Histórico del gobierno porteño.
Los últimos trabajos realizados en el lugar por esta dependencia porteña hicieron desaparecer las viejas veredas elevadas. En cambio, la calzada recuperó su tradicional empedrado. Las fachadas del interior del pasaje fueron restauradas, con dinero aportado por los vecinos.
Para el transeúnte desprevenido, puede pasar inadvertido porque los locales que se encuentran sobre Bartolomé Mitre han modificado la fachada original. Pero, quien presta un poco más de atención, las dos entradas enrejadas del pasaje son una invitación a alejarse del ruido por unos pocos minutos.




