La psicoterapia, también por teléfono

Es un hábito que se difunde entre los argentinos que viven en el exterior; debate sobre su efectividad en comparación con la presencial
Sebastián Ríos
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12 de junio de 2012  

Hacer terapia por teléfono, una elección frecuente entre los argentinos que decidieron emigrar pero quieren mantener el vínculo con su psicoterapeuta, parece ser tan efectivo como recurrir a su clásica versión presencial. Eso es lo que afirma un estudio norteamericano que comparó los efectos de la terapia cognitivo-comportamental en personas en tratamiento por depresión.

Crece el uso de nuevas tecnologías en comunicación, como Skype para la sesión virtual de diván
Crece el uso de nuevas tecnologías en comunicación, como Skype para la sesión virtual de diván Fuente: Archivo

Las dos demostraron ser igualmente efectivas, aunque reportaron beneficios diferenciales: mientras la versión telefónica logró una mayor tasa de adherencia al tratamiento, la versión cara a cara presentó un menor riesgo de recaída a los 6 meses de finalizada la terapia.

"La mejor adherencia de la psicoterapia telefónica parece venir al costo de un riesgo mayor de resultados más pobres una vez finalizada", escribió el doctor David Mohr, de la Universidad Northwestern, de Chicago, en el estudio publicado por la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

En la Argentina, comentó el psicoanalista Pedro Horvat, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, "el desarrollo de la terapia telefónica ha ido creciendo, por un lado, de la mano de las migraciones: cada vez hay más jóvenes que se van a estudiar afuera, más personas que van a trabajar afuera, y las terapias por teléfono, pero también por Internet, permiten seguir la terapia con el psicoterapeuta con el que se atendían o tener una terapia con alguien local".

Ese fue el caso de Karina Nahón, que en dos ocasiones realizó psicoterapia vía telefónica mientras vivía en Nueva York. "La primera vez yo tenía 33 años y estaba haciendo terapia cuando me fui a vivir afuera. Decidí seguirla por teléfono con mi misma terapeuta, porque la psicoterapia en los Estados Unidos era muy cara y no la podía pagar", contó Karina, hoy de 43 años.

El médico psicoanalista argentino Pedro Horvat
El médico psicoanalista argentino Pedro Horvat Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Cinco años más tarde, Karina volvío a hacer terapia, nuevamente por teléfono. "Vine acá [a la Argentina] y tuve una entrevista con una nueva psicoterapeuta, y unos meses después, ya en Estados Unidos, decidí empezar a hacer terapia con esta persona que entonces conocía poco. Hice un año y medio desde Nueva York, y cuando volví al país seguí haciendo terapia, pero esta vez cara a cara."

Karina no encuentra diferencias entre ambas formas de terapia. "Una vez hablé sobre el tema con mi psicoterapeuta y me dijo que obtenía más información si además de escucharme me veía", comentó.

"En la comunicación telefónica hay un encuentro personal que es más arduo de construir, que lleva más tiempo –afirma Horvat–. Porque en el encuentro personal, estando la persona físicamente presente se producen miradas, se detectan gestos, se sienten perfumes, todo lo que hace al lenguaje no verbal que uno percibe y que en el teléfono en buena medida se pierde."

Así como las personas ciegas potencian sus otros sentidos, con el tiempo se van construyendo otros códigos a través de los silencios, los tonos de voz, las pausas, de modo tal que al cabo de un tiempo el psicoterapeuta logra construir un lugar de encuentro con la persona.

"Se presta atención a otras cosas, y sin duda se produce una proyección muy fuerte, que permite que haya por parte de ambas partes una construcción imaginaria de la situación del otro", explicó Horvat.

En los últimos años, el desarrollo de Internet está reformulando la psicoterapia a distancia. "Skype vuelve esto no solamente posible, sino mucho más sencillo y natural –dijo Horvat–. En Skype uno tiene la imagen [del paciente], y es una sensación muy vívida, muy fuerte; uno ve cómo está vestida la persona, ve su habitación... Si bien la computadora está de por medio, hay una escena compartida" entre terapeuta y paciente. A través del videochat, señala Horvat, un terapeuta tiene acceso a información sobre su paciente a la que no accede cuando la sesión se realiza en el consultorio. "Por Skype hay una suerte de acceso a la intimidad de la persona, ya que habitualmente entramos en su casa y vemos al paciente de entrecasa. Otras veces la cámara está muy cerca del rostro y estamos hablando con un primer plano. Todas estas variables van produciendo distintas sensaciones que cambian un poco el campo del encuentro."

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