
La toman de rehén y asaltan su casa
La odisea de una mujer comenzó en Vicente López y terminó en Belgrano con un tiroteo
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Pudo haber terminado mucho peor la dramática odisea vivida por una psicóloga, a la que tres delincuentes asaltaron cuando manejaba su automóvil, la obligaron a conducir hasta su domicilio, el que desvalijaron, y pretendieron irse con ella, llevándola de rehén.
Lo impidió la oportuna intervención policial, que después de un breve tiroteo con los ladrones atrapó a dos de ellos -uno resultó herido-, mientras que el tercero logró escapar.
Anteayer, minutos antes de las 22, la licenciada en psicología Lorena Schioppa, de 29 años, salió de la casa de su novio, en Vicente López, adonde había ido a buscar unas pertenencias e inició el regreso a su hogar, en Virrey del Pino 3402 -Belgrano R-, a bordo de su automóvil, un Ford Escort bordó.
Viajando con el enemigo
Al detenerse por el semáforo en la esquina de Libertador y Las Heras, de la mencionada ciudad, fue encarada por tres adolescentes armados, quienes, según su parecer, tendrían entre 14 y 17 años.
"Los tres parecían drogados. El mayor se sentó a mi lado y los otros, atrás. El más agresivo era el que parecía de 14. Me dijeron que condujera hasta mi casa, porque pensaban llevarse dinero, joyas y todo lo de valor que encontraran", contó Schioppa a La Nación .
Ella en un momento simuló que se descomponía y sufría un desmayo. "Pero no dio resultado. Incluso uno dijo que si hacía teatro, iba a sufrir algo peor que un desmayo", dijo. Durante el viaje se le presentarían otras dos situaciones difíciles.
Primero, cuando al menor de los delincuentes se le escapó un tiro que dio en el asiento trasero de la joven, afortunadamente sin atravesarlo. El precoz malhechor, entre justificándose y aprovechando el disparo accidental, le dijo: "Para que veas lo que te puede pasar si te hacés la loquita".
El segundo momento dramático se produjo cuando el delincuente que viajaba en el asiento del acompañante, luego de ponderar el físico de la psicóloga, le preguntó si quería ser su novia.
"Al comienzo, no supe bien qué debía decir. Pensé que contestar sí, para conformarlo, podía incitarlo a manosearme. Y que decir no podía enfurecerlo. Como quien duda, decidí responderle que acababa de pelearme con mi novio y que pasaba por un mal momento", relató Lorena. "Al oírme, se quedó en silencio."
Todos juntos, arriba
Llegaron a Virrey del Pino 3402, una importante torre de 14 pisos, que hace esquina con la calle Superí. Al reconocer a la mujer, el encargado les abrió la puerta, y ellos de inmediato lo encañonaron y lo obligaron a acompañarlos en el ascensor hasta el primer piso.
"Había olvidado la llave en el auto, así que toqué el timbre. Mi madre preguntó quién era. ÔSoy yo, Lorena´, le contesté, y ella abrió la puerta."
Una vez adentro, los delincuentes les apuntaron a sus padres y les pidieron dinero. El dueño de casa les entregó un fajo grande de billetes de dos pesos, que los entusiasmó, al creer que se trataba de una suma importante.
Después, ordenaron a todos a acostarse en el suelo y los ataron con corbatas, dedicándose a recorrer el piso en busca de joyas.
Ignoraban que habían sido advertidos por el hijo menor de los Schioppa, Pablo (de 24 años), quien estaba en una habitación mirando televisión. Sin hacer ruido, el muchacho salió por una puerta de servicio, bajó y fue hasta un edificio perteneciente a la embajada del Japón, que está enfrente del edificio.
Desde allí, llamó al Comando Radioeléctrico, y en pocos minutos llegaron al lugar cinco móviles de las comisarías 33a. y 37a.
El despliegue policial coincidió con la retirada de los tres malvivientes, que habían resuelto llevarse a Lorena como rehén.
En la entrada fueron sorprendidos por los efectivos y se originó un breve tiroteo en el que resultó herido uno de los malvivientes. Otro subió a la carrera a un colectivo de la línea 44, pero fue aprehendido. Y el tercero, el menor, sindicado por la muchacha como el más peligroso ("temo que intente alguna represalia", confesó) , logró escapar.
Cuando empezaron los disparos, la joven se arrojó al suelo y se arrastró hasta colocarse detrás del Escort. Después, paró un taxi que pasaba por ahí y le indicó al chofer la dirección de unos amigos.
Calificó como "terrible" el episodio, y lamentó "que esto esté ocurriendo todos los días en cualquier lugar. Por suerte, pude contarlo".




