La UBA, entre el gremialismo estudiantil y la política partidaria
Apenas un 35% de la matrícula de esa casa de estudios votó para elegir autoridades del centro de alumnos en cada facultad; las promesas proselitistas contrastan con la realidad educativa
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"Te enchufan ocho mil folletos, te paran en los pasillos, intentan convencerte en clase si el profesor los deja y si finalmente te decidís y vas a votar, te agarran cuando llegás entre dos militantes o seis si tenés mala suerte, y te custodian hasta la urna mientras gritan contándote lo que el otro hizo mal y siguen matándose entre ellos mientras hacés la cola para poner el voto en la urna."
¿Hay insultos entre los militantes? "No, malas palabras no. Sí se dicen "oligarcas"." Así resulta la experiencia eleccionaria en la Universidad de Buenos Aires (UBA) para la joven de 21 años Giuliana Covello, estudiante de licenciatura en Historia en la facultad de Filosofía y Letras, que ya lleva tres elecciones universitarias en su haber, desde 2013.
El resultado es obvio: este año, la joven Covello decidió no votar para las autoridades del centro de estudiantes. Sí lo había hecho la vez anterior. Pero por error: "No sabía que votar al centro no era obligatoria. Ahora lo sé", dice. Y no vota.
La mayoría de los alumnos de la UBA le escapa a las elecciones de centro: apenas un 35 por ciento de la matrícula votó para centro la semana pasada. En números absolutos, votaron más de 113.000 estudiantes, de acuerdo con cifras de la Federación Universitaria Argentina (FUA), sobre una matrícula de 319.886 estudiantes.
El contraste con la cantidad de votantes para consejos directivos es llamativa. En Arquitectura, por ejemplo, votaron 24.000 estudiantes para consejeros pero apenas 8400 para centro. Diferencia más o menos semejantes se sostiene en muchas facultades.
La obligatoriedad de esta elección pero también la disconformidad de los estudiantes con sus centros explica estas brechas, según algunos dirigentes universitarios.
Y ése no es el único punto llamativo que dejó el proceso electoral de la semana pasada. Retirada ya la marea eleccionaria que avanzó sobre la UBA para elegir autoridades de centro de estudiantes, y por el otro, consejeros para los consejos directivos, quedan tesoros llenos de sentido que recoger, dejados en las arenas políticas de la UBA después del vendaval electoral.
Uno de ellos es el peso de la gestión micropolítica. Por ejemplo, la importancia marcada del tema "precio de las fotocopias" para la competencia electoral por los centro de estudiantes.
El estudiante que recuperó el centro de estudiantes de Derecho para la Franja Morada luego de 14 años, Facundo Ríos, explica bien el significado encerrado en la fotocopia barata y su reivindicación que aparece en su plataforma en primer plano.
"La fotocopiadora del centro es la única a mano en toda la zona. Por eso es tan importante. Y hoy en día Derecho tiene las fotocopias más caras de la UBA", dice.
La promesa política de la fotocopia barata contrasta con una realidad educativa global donde mandan las posibilidades de acceso a la información a través de Internet. Pero a nadie parece llamarle la atención.
La retórica de la competencia electoral es de tono elevado -se habla de "lucha"-, pero la épica de las promesas electorales opta por el vuelo rasante. Reivindicaciones magras. "Gestión", la llaman.
Y allí está una de las claves para interpretar cómo se mueve la política universitaria, que se juega en tres carriles.
Por un lado, mandan las reivindicaciones "gremiales" basadas en la gestión del centro. El presidente de la FUA, Arturo Pozzali, lo aclara: "Los centros de estudiantes son gremios: defienden los derechos de los estudiantes, todo lo que pueda beneficiarlos".
La defensa corporativa estuvo en el origen del reclamo estudiantil de principios del siglo XX, explica el doctor en historia y especialista en historia universitaria, Pablo Burchbinder. Pero claramente con el primer peronismo, según Burchbinder, la lógica de la política universitaria marchó en paralelo con los conflictos nacionales en la medida en que el peronismo no respetaba la autonomía universitaria. Ya en la década del setenta, las referencias partidarias quedaron instaladas. Por eso, el segundo carril donde se juegan las elecciones universitarias: las correlaciones coyunturales con la política nacional.
¿Dónde queda entonces el tercer carril, el debate profundo de políticas universitarias? ¿Dónde queda la discusión comprometida sobre la función social de la universidad en la era del conocimiento, por ejemplo?
Según Polazzi, las agrupaciones universitarias tienen esos debates. El sociólogo por la UBA, Gabriel Palumbo es menos optimista: "Las agrupaciones de Sociales, por ejemplo, no saben qué es la era del conocimiento. Esa categoría no forma parte de su discurso".
Y para colmo, la gestión micropolítica que tampoco satisface. Como dice una estudiante de 24 años que cursa su tercer año de bioquímica: "Las fotocopias salen más caras en la facultad que en la fotocopiadora de enfrente".
Buena ubicación en un ranking mundial
- La Universidad de Buenos Aires (UBA) escaló 74 posiciones en el Ranking Mundial de Universidades QS respecto del año pasado y se ubica primera entre las casas de estudio de habla hispana.
- En la 12a edición del ranking, la UBA ocupa el puesto 124 entre casi 900 universidades del mundo, y la siguen la Universidad de San Pablo (143), la Universidad Nacional de México (160) y la de Barcelona (166). Además superó a prestigiosas casas de estudios como Humboldt (Alemania), Maryland (EE.UU.), Georgetown (EE.UU.), Hebrea de Jerusalem (Israel), Liverpool (Inglaterra), University College of Dublin (Irlanda) y a todas las españolas.
- La universidad argentina Austral es la mejor posicionada entre las privadas del país, y se encuentra entre las 350 primeras casas de estudio del mundo, según el mismo estudio.





