
La Villa 31 creció el 40% en dos años
Según un relevamiento realizado el año último, viven 13.290 personas; esperan un aumento mayor para el próximo censo
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En la plaza de juegos, una hamaca rota convive con un envase tetra-brik de vino tinto. Hay vidrios rotos en un falso arenero lleno de barro, agua sucia y piedras de esas que lastiman. El panorama, de cualquier manera, es tan cotidiano que la gente hasta parece sentirse cómoda con él.
En la Villa 31 y en la 31 bis, las que conviven en Retiro separadas por la autopista Illia, la vida transcurre entre la pobreza cotidiana y tal vez eterna, las necesidades de siempre y un índice de crecimiento que surge casi imparable. En 1998 eran 9442 los habitantes. El censo del año último delató el aumento hasta los 13.290. Es un 40% más en sólo dos años, en una de las zonas que posee los terrenos más caros de la ciudad.
"Se percibe un crecimiento poblacional en todas las villas. Es un tema de muy difícil control, porque se da como una consecuencia directa del desempleo y la crisis", argumentó Mónica Desperbasques, subsecretaria porteña de Gestión de la Acción Social.
De cualquier manera, es el aumento en la Villa 31 -con su anexada 31 bis- el único que puede medirse hoy estadísticamente, pues al censo de 1998 efectuado en todas las villas de emergencia de la Ciudad le sucedió otro sólo allí el año último, que se realizó para poder incorporar la zona al Proyecto Retiro.
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No hay buen clima entre los habitantes de la 31 y los de la 31 bis, cuentan. En esta última, nacida en la década del 90, cuando la construcción de la autopista Illia desplazó a cientos de habitantes, la mayoría es de origen extranjero.
El 24% es de Bolivia, el 16% nació en Paraguay y casi el 13% llegó desde Perú. También hay unos pocos chilenos, brasileños y uruguayos. El resto es de la Argentina.
"Los de la 31 bis son más marginales", reveló Gerardo Alejo, delegado de una de las manzanas de la 31.
El problema de la marginalidad también creció proporcionalmente con la crisis. En la villa se ven casas enrejadas, almacenes y quioscos con barrotes a las cinco de la tarde...
"Es por la seguridad. Ahora hay más violencia, aunque en los últimos meses pudimos frenarla un poco", admitió Alejo.
El cambio se dio luego de las elecciones internas efectuadas el año último. Con nuevos dirigentes y una conducción más legitimada, algo de tranquilidad llegó a la villa.
Sin embargo, cuesta. Porque cada vez hay más habitantes en la 31 y, sobre todo, en la 31 bis. "Cuando demolieron parte de Fuerte Apache hubo muchos que se vinieron para acá. Nosotros no los queremos", confesó el delegado.
Por ahora, este último aumento que revelan los habitantes de la Villa 31 no se puede comprobar con números. Para ello habrá que esperar hasta noviembre próximo, cuando se realizará el censo nacional.
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El crecimiento poblacional, la mayor marginalidad y la extensión de los límites de la zona desembocaron en nuevos códigos.
"No es casual que haya rejas en todas las casas. En las villas se rompió un código que era como sagrado: antes no se robaban entre ellos. Ahora puede pasar cualquier cosa", relató Cristina Chiste, asesora de la subsecretaría de Acción Social.
No es la peor de las zonas en términos delictivos, dicen, pero igual, por las dudas, es mejor ingresar con alguien que sea conocido en el ambiente de la villa.
Quedó claro esto cuando la fotógrafa de LA NACION pretendió retratar a unos habitantes.
-Eh, ¿qué hacés? ¿A mí me sacaste una foto? , amenazó uno de ellos.
-No.
-Ah, menos mal.
La presencia del delegado los tranquilizó. Aunque igual surgieron otros inconvenientes.
-¿Ustedes quiénes son? , interrogó un hombre con evidente pasión etílica.
-De LA NACION.
-Yo soy un borracho, intimidó.
El beodo y otros cinco amigos que presenciaron la escena pertenecen a la Villa 31 bis, donde las casas suelen ser de chapa, a diferencia de la 31, donde en los tres barrios que la integran (YPF, Comunicaciones y Güemes) la mayoría de las construcciones es de material.
Son los mismos habitantes los que construyen sus casas y los accesorios. Como las cloacas, por ejemplo. El gobierno porteño les facilitó los materiales y ellos se unieron para mejorarse la calidad de vida.
De cualquier manera, la suciedad, la inseguridad y las drogas conspiran contra una vida mejor. "Creció mucho el consumo de pegamento. Es una de las causas de la violencia", consideró Alejo.
Por la tarde, igual, el clima no parece tan denso. "El problema es por la noche", explicó el delegado.
El plan de urbanización de la Villa 31 prevé la localización de los 13.290 habitantes censados el año último. Los que se hayan "anexado" desde entonces deberán ser relocalizados. Y ese será, seguramente, un nuevo problema. Mientras tanto, en tierras de la ciudad, en algunos de los terrenos más caros de la urbe porteña, la Villa 31 crece. Cada día más.
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