Lagoinha y Praia Brava, dos refugios de argentinos en Brasil
Playas con arenas limpias, aguas claras y diversión en familia, incluso durante la noche
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FLORIANOPOLIS, Brasil.- "Un oasis de belleza natural para los que quieren alejarse de todo, relajarse y recobrar la serenidad", diría un folleto turístico tradicional. Y esta vez, la frase no es un alarde, sino la pura verdad.
Lagoinha y Praia Brava son los enclaves exclusivos de los argentinos en esta isla, donde se preserva un equilibrio justo entre el lujo, a lo Beverly Hills, de la playa Jureré Internacional y la locura hiperpoblada de Canasvieiras, en la que hay que pelear cuerpo a cuerpo por una porción de arena.
Estas dos playas son otra cosa. Y vale la pena recorrerlas.
"Es un lugar muy tranquilo que nos permite estar en familia disfrutando mucho con un entorno increíble", explica Patricia Bonnefon, acerca de su preferencia por Lagoinha mientras aguarda la caída del sol en la playa con sus amigas Mona Martínez Barbieri, Andrea Gador y sus respectivas familias.
"Es que no nos vamos de vacaciones para perder a nuestros hijos. Este lugar te permite sentirte bien, porque ellos pueden salir de noche con amigos, pero también eligen pasar el día con nosotros en la playa", decía, mientras observaba cómo los chicos pasaban una pelota de rugby.
Hace muchos años que Lagoinha es como el bastión de las familias sanisidrenses de la isla de Florianópolis. Y, al parecer, sigue inexpugnable.
"Brasil a muerte", afirma sin dudar Gerónimo Pérez Cobos, de 17 años, cuando se le consulta sobre sus preferencias frente a otras opciones como la costa argentina o el este de Uruguay. "Es un lugar que no se compara con Punta, donde ya hay mucho caretaje", añade su amigo Tomás Gador, mientras sostiene la "ovalada" -como le dice a la pelota-, objeto que en Brasil es tan exótico como la nieve.
Rodrigo Etchart y Lucas Whamond también quieren dejar en claro que, como las playas de Lagoinha, no hay. "Son «tranca» para divertirse con amigos y estar con la familia", expresa Rodrigo. Y agrega apurado antes de olvidarse: "Poné, por favor, que somos la camada 25 del Pilgrims". Si en San Isidro la gente se identifica por los colegios y los clubes de rugby habría que decir que aquí, en Lagoinha, hay familias del San Juan Precursor, de Nuestra Señora de la Unidad, del Newman, del Cuba y del CASI, según señalan los chicos a La Nacion.
También hay de todo... y más.
Para ubicarse, hay que decir que estas playas están en el extremo norte de la isla, separadas apenas por un kilómetro -un morro- y a unos 35 kilómetros del centro de Florianópolis.
Un secreto difundido
Son algo así como el secreto más difundido entre los turistas argentinos, que prefieren gastar un poco más de dinero y asegurarse la arena limpia, aguas claras, transparentes y cálidas, la informalidad a la brasileña, y disfrutar del mar hasta la noche.
Los precios en Lagoinha para alojarse rondan los 360 reales por día para un departamento para cuatro personas, pero varía mucho de acuerdo con los servicios o si se trata de una casa o un condominio.
En números fríos, de todos modos, hay que aclarar que un peso argentino equivale a sólo 0,40 reales y, un dólar, a 1,60 reales.
Jorge López Feijoo, un fanático que viene desde hace 30 años, recomienda las casas equipadas que pueden estar en 150 reales por día para cinco personas. También hay opciones de hasta 500 reales diarios en aparts de dos habitaciones frente al mar.
Algunas de las casas más grandes que dan a la playa, según Alex, un brasileño que vende jugos en la playa, son de argentinos.
"El cambio es muy malo para nosotros, pero, en términos de economía real, no lo sentís porque este lugar te ofrece algo maravilloso a veces por menos plata que en la Argentina", fundamenta López Feijoo.
Almorzar en la playa, nada menos que con los pies en el agua, cuesta unos 33 reales y, si uno quisiera ir a cenar debería trasladarse al menos hasta Punta Canas, unos cuatro kilómetros, donde está el Ocean House, el mejor restaurante de la zona con vista al mar, según recomienda López Feijoo. Allí los platos para compartir cuestan unos 160 reales.
Informalidad
En Praia Brava, un poco más extensa, ancha y de un oleaje intenso, nadie parece inquietarse por las nubes que aparecen casi todos los días y que desaparecen sin dejar rastros.
"Acá tenemos playa hasta tarde, sin frío y sin preocuparnos por nada, con la informalidad que te propone Brasil, a diferencia de la Argentina o de Uruguay", explica Martín Casas Ocampo, un cordobés que viajó junto con las familias de Ignacio Sfaello y Marcelo Figuero.
Mientras los tres toman una caipirinha, preparada por el barman playero Manuel -"el mejor de todos", según dicen- hablan de los pros y los contras de Brasil.
Muchas contras no encuentran, cabe añadir, salvo por el cambio desfavorable. "Para la vida en familia que nos gusta llevar, es ideal; el cambio no nos favorece, pero no se siente tanto cuando hacés compras en el súper", resume Ignacio Sfaello, que, por 15 días en un apart con pileta, dos baños y dos habitaciones, pagó 6000 pesos.
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