
Abuso
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Las alumnas supieron lo que estaba ocurriendo antes que sus padres. Pero muchas no se animaron a contarlo.
Micaela, madre de una de las estudiantes afectadas por la presunta circulación de imágenes de desnudos falsas generadas con inteligencia artificial en el Colegio Modelo Lomas, aseguró a LA NACION que su hija cursa tercer año y que recién el viernes encontró fuerzas para explicarle lo ocurrido.
Según relató, las adolescentes habían tomado conocimiento de las imágenes el jueves, pero la vergüenza hizo que varias demoraran en hablar con sus familias.
“Las chicas se enteraron el jueves y tenían mucha vergüenza de contarnos lo que había pasado. Mi hija me terminó contando el viernes”, explicó.
Ese mismo día, después de retirar a su hija, regresó al establecimiento para pedir explicaciones. Su principal inquietud era conocer desde cuándo las autoridades sabían lo que estaba ocurriendo.
Según su testimonio, la respuesta inicial fue que el colegio se había enterado el jueves y que, hasta ese momento, tenían identificadas alrededor de 15 alumnas afectadas. También le informaron que ya habían individualizado a uno de los alumnos presuntamente involucrados y que habían mantenido reuniones tanto con él como con su madre.
Sin embargo, un dato despertó sus dudas. “Entonces empecé a hacer cuentas. Le dije: ‘Si el chico está faltando hace un mes, no lo sabés desde ayer’”, recordó.
Micaela sostuvo que hasta que su hija habló con ella no había recibido ninguna comunicación institucional. A partir de entonces, las familias comenzaron a contactarse entre sí para intentar reconstruir la dimensión del caso y determinar hasta dónde había llegado la difusión del material.
Según describió, lo que circulaba era una suerte de “catálogo” que incluía el nombre de las alumnas, una fotografía original tomada de redes sociales y, junto a ella, una versión manipulada digitalmente para simular un desnudo.
“Son imágenes tan bien hechas que realmente parecen reales”, afirmó.

Con el correr de las horas, las familias identificaron a otros estudiantes que, según su reconstrucción, habrían participado en distintas etapas de la maniobra. De acuerdo con esa versión, uno de ellos habría obtenido fotografías publicadas en redes sociales —incluidos perfiles privados a los que tenía acceso por su relación con algunas alumnas— y otros habrían intervenido en la creación o difusión del material.
Micaela ubicó a los adolescentes señalados entre tercero y cuarto año.
El lunes, un grupo de padres se presentó en el establecimiento para pedir explicaciones. Según relató, inicialmente les informaron que no podían recibirlos porque no tenían una cita programada, por lo que decidieron permanecer en el lugar.
En ese momento, según su versión, observaron salir de la dirección a familiares de uno de los alumnos señalados. Finalmente fueron recibidos por la directora y el vicedirector.
La madre cuestionó la respuesta que, asegura, recibieron durante ese encuentro. Según relató, las autoridades les explicaron que el colegio no contaba con herramientas para expulsar a los estudiantes involucrados.
Uno de los aspectos que más molestó a las familias fue que las adolescentes continuaron compartiendo las aulas con algunos de los alumnos señalados.
“En vez de contener a las chicas y a las familias afectadas, las estaban exponiendo todo el tiempo”, cuestionó.
Según agregó, durante el fin de semana algunas alumnas incluso recibieron mensajes de los jóvenes preguntándoles por qué habían contado lo sucedido; comunicaciones que las familias interpretaron como intimidatorias.
En medio del creciente malestar, fueron los propios estudiantes quienes organizaron la sentada realizada esta mañana frente al establecimiento.

Según Micaela, la iniciativa surgió de los alumnos sin intervención inicial de los padres y tuvo como objetivo acompañar a las compañeras afectadas, reclamar medidas concretas y exigir explicaciones a las autoridades. “Me alegró mucho el acompañamiento de sus propios compañeros”, sostuvo.
Uno de los reclamos centrales fue que los alumnos señalados por las familias dejaran de compartir presencialmente el espacio escolar con las víctimas mientras avanza la investigación. La madre insistió en que el planteo no busca únicamente una sanción disciplinaria.
“Queremos que los pibes aprendan de lo que hicieron. Esto no es pelearse con un compañero, no es una pavada y tiene que tener una consecuencia”, afirmó.
También consideró que el episodio debería servir para generar conciencia sobre el uso de la inteligencia artificial, la circulación no consentida de imágenes y las consecuencias que pueden producir estas prácticas cuando involucran a menores.

El impacto sobre las adolescentes, aseguró, ya es evidente. “Las chicas hoy dijeron: tenemos vergüenza hasta de venir con el uniforme del colegio”, relató.
Además, sostuvo que algunas de las fotografías utilizadas habrían sido tomadas dentro del propio establecimiento. “Las expusieron en absolutamente todos los ámbitos”, lamentó.
Durante la protesta, cuatro inspectoras mantuvieron una reunión con familias dentro del colegio. Micaela no participó personalmente, pero sí lo hizo su madre, que además es su abogada, junto con otros padres.
Según la información que recibió después del encuentro, la inspección educativa intervino a partir de una denuncia presentada por las familias el viernes y analizará tanto la conducta de los estudiantes señalados como la actuación de las autoridades escolares.
LA NACION intentó obtener la versión de las autoridades del Colegio Modelo Lomas, pero desde la institución indicaron que por el momento no realizarán declaraciones públicas.
Micaela confirmó además que las familias realizaron una denuncia judicial. Para ellas, una de las cuestiones centrales será determinar cómo se produjo y hasta dónde llegó la circulación del material. “El tiempo era oro. En 24 horas se podía haber frenado la viralización”, sostuvo.



