
Las escuelas de frontera no se rinden
En Salta, un establecimiento de Salvador Mazza lucha por sobrevivir e inspirar el sentido patriótico en 720 alumnos
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SALTA.- A sólo cinco cuadras del límite internacional con Bolivia, la Escuela de Frontera Nº 4533, de Salvador Mazza, intenta consolidar el sentimiento nacional de sus 720 alumnos.
El establecimiento, fundado en 1944, lucha por salvaguardar la identidad y afirmar con vigor la soberanía en una zona donde la cercanía de Bolivia se está haciendo sentir.
La influencia del país vecino cruza a Salta no sólo por intermedio de quienes emigran desde su patria, sino también del folklore y hasta de las devociones religiosas, como la de la Virgen de Urkupiña, mejor conocida que la Virgen del Milagro, patrona de la provincia.
Al igual que la de Salvador Mazza, la mayoría de las escuelas de frontera argentinas han perdido su esencia a medida que se extendieron las ciudades y quedaron dentro del casco urbano.
Al mismo tiempo, los programas de estudios ya no se ocupan de la preservación de la identidad como lo hacían en las décadas de los 60 y los 70, cuando se dio impulso a los establecimientos fronterizos de todo el país.
Responsabilidad nacional
La enseñanza de esta escuela salteña es suficientemente buena para desarrollar un sentido de responsabilidad patriótica entre los chicos.
Ejemplo de ello es el breve testimonio de Cristian Navarro, alumno de primer grado. Tímido y retraído, este pequeño de 6 años dijo con una sonrisa: "La Argentina es muy linda y la escuela también. Me gusta estudiar".
Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, hay 516 establecimientos fronterizos distribuidos en las cercanías de las cinco naciones que limitan con nuestro país. La mayoría se encuentra en Salta, donde se erigen 334 escuelas en los departamentos linderos. Catamarca tiene 49; Misiones, 34; Santa Cruz, 33; Mendoza, 31; Formosa, 24; La Rioja, 6, y Jujuy, 5.
Otras provincias limítrofes como Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, San Juan y Tierra del Fuego no tienen establecimientos de este tipo.
El edificio de la escuela de Salvador Mazza es una sólida construcción de 14 aulas. En el patio se destacan las banderas de la Argentina y de Salta. Si uno busca en lo alto, podrá divisar no muy lejos la bandera de Bolivia ondeando hacia el Norte, del otro lado del límite seco.
Hay otras dos escuelas más cerca de la frontera con Bolivia, en El Chorro y en El Sauzal, donde se observa con mayor nitidez la pobreza de la zona. A El Chorro se accede por un angosto camino, rodeado de yuyos, por donde transitan los niños.
La mayoría de los chicos de Salvador Mazza son criollos, pero hay también estudiantes bolivianos y aborígenes wichis, según comentó a La Nación la directora del establecimiento, Argentina García, que pasó de conducir una moderna escuela en la capital salteña a explorar nuevos horizontes en el Norte.
"Es un modo de hacer patria", aseguró. Con ella trabajan otros 19 docentes y cuatro auxiliares. Muchos ex alumnos llegaron a graduarse en la Universidad y algunos trabajan actualmente como maestros.
Platos nutritivos
La actividad comienza a las 7.30. Docentes y estudiantes desayunan té o mate con pan y van a clase hasta el mediodía. A las 12.30 llega el almuerzo, que es variado: un bife con puré, guiso de arroz o fideos, una "sopa fuerte con puchero", polenta, mazamorra o locro.
La hora de la siesta es el rasgo distintivo de la escuela, porque se trabaja en la huerta, donde se cultivan lechuga, cebolla, papas y otras verduras para el almuerzo. Se realizan también trabajos de capintería, hojalatería y manualidades. Entre las clases de artes se destacan las de folklore y teatro.
Tres computadoras facilitan el aprendizaje informático y se espera una máquina más como aporte del Ministerio de Educación nacional.
A propósito de la comida, es muy importante el acompañamiento de la comunidad, especialmente de los almaceneros y los comerciantes, que distribuyen los alimentos aun cuando los pagos se retrasan varios meses.
La cooperadora colabora con la organización de bingos, rifas y festivales, cuya recaudación permite hacer refacciones provisionales hasta que se completen los trabajos de fondo que han prometido las autoridades educativas. Entre otras cosas, hay vidrios rotos y bancos deteriorados.
Experiencia
Sergio Herrero, uno de los profesores más experimentados de la escuela, recordó: "En su mejor momento, el establecimiento se autogestionaba con la venta de verdura en cajones de madera que se hacían aquí mismo, con lo que se podía compran otros alimentos".
Natalia Cruz, egresada el año pasado, elogió el nivel de enseñanza: "Nos insistían mucho acerca del patriotismo y el compañerismo. Ahora, cada vez que regresamos a la escuela nos reciben muy bien, especialmente las maestras de jardín".
Algunos pobladores manifestaron su interés por mantener la esencia del establecimiento, aunque el escaso presupuesto desalienta la permanencia de los alumnos y su consiguiente identificación con la zona.
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