
Laser Shots: el combate está de moda
Se trata de un simulacro de batalla entre equipos en medio de una escenografía laberíntica; ya hay 8 centros en el país
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Los adolescentes toman asiento en lo que parece la sala de conferencias de una nave espacial (el breafing) y en seguida Natalia -no mucho mayor que ellos- empieza con las explicaciones. Lleva un extraño atuendo, acorde con el sitio, y habla rápido, con una velocidad que parece anticipar el vértigo que vendrá después.
Pregunta cada tanto si van entendiendo lo que dice, mientras indica en un tablero electrónico los pasos por seguir. Los chicos asienten en silencio. En realidad, dan la sensación de no entender nada y que ese momento no pasa de ser una ceremonia cuyo único objeto es poner en clima.
El aprendizaje sólo vendrá con la práctica. Lo más comprensible termina siendo el par de observaciones que la joven instructora repite por tercera vez: "Recuerden que tirar a la cabeza es mala puntería y que está prohibido el contacto físico".
Después se pasa a un segundo ámbito, el vesting room, en donde a los tres grupos rivales (rojos, verdes y amarillos) se los provee del equipo (chaleco con sensores en pecho, hombro y espalda y pistolas de rayos láser), y salen a la arena.
Empieza, pues, la acción, un simulacro de combate matizado con carcajadas, gritos de alerta y alaridos. Las risas parecen una descarga aliviadora frente a la escenografía laberíntica y opresiva, que recuerda a la película Alien, con rampas, puentes colgantes, túneles, sorpresivos escondrijos en donde alguien está agazapado a la espera de la presa.
Hay humo y estridente música futurista. Y todo se desarrolla en medio de la oscuridad, más siniestra con el extraño destello de ojos y dientes y el haz de luz que pertinazmente emiten las pistolas.
Adrenalina y relaciones
El juego, bautizado como Laser Shots y pariente en línea directa de la realidad virtual, va en firme camino de desbancar a los videogames, más individuales y con menos adrenalina.
Llegó a estas latitudes después de copar plazas en Australia (en donde se originó, hace 10 años), los Estados Unidos y Europa. En nuestro país, funcionan ya los locales de Rosario, Mar del Plata, Villa Gesell, Necochea, Bariloche, Avellaneda, Haedo y el más grande (800 metros cuadrados), instalado en Lavalle 845 de esta capital, mientras es inminente la apertura de otro en el Alto Palermo Shopping, simultáneo con el que se inaugurará en Punta del Este.
En el Laser Shots de Lavalle, La Nación dialogó con su responsable de marketing, Claudia Piñeyrúa, quien atribuyó el éxito del entretenimiento, fundamentalmente, a las posibilidades de ir superándose en destreza (uno de los "ganchos" indiscutidos de cualquier juego) y a una sorprendente capacidad de propiciar relaciones interpersonales.
"Puede participar gente de cualquier edad, desde niños hasta señores mayores. Hoy día, en los Estados Unidos hay ejecutivos que son fanáticos del juego. Y aquí empiezan a aparecer también, sumándose a los jóvenes.
"Pertenecen a importantes empresas de la City, y en muchos casos usan el juego para vincular personal de departamentos o sectores que se tratan poco durante el día", explica Claudia.
A punta de pistola
La mecánica es simple. Un certero disparo con la pistola desactiva por unos segundos los sensores del chaleco. Estos están conectados a una computadora central, que automáticamente registra el acierto, otorgando puntos en favor del atacante y restándolos del score de la víctima, de todo lo cual se entrega un certificado a la salida.
Desde luego, uno y otro pueden actuar en forma individual, pero lo más común es que se integren en equipos de jugadores (pueden ser hasta 30), con lo cual entran a tallar los mecanismos habituales de una batalla: estrategia, logística, desplazamientos, avances y repliegues. Sin embargo, la tecnología de este complejo montaje permite que jugadores avezados incorporen más alternativas: minar determinadas áreas (los sensores de apagan si el enemigo pasa por allí); definir bases que deben ser conquistadas o modificar la cantidad y velocidad de los disparos.
También pueden programar el entretenimiento para que los 20 minutos de duración convencional se extiendan todo lo que se desee (obviamente, aumenta proporcionalmente el costo mínimo, de entre 3,80 y 4,80 pesos por juego).
"Ultimamente -agrega Claudia-, ha crecido el interés de los jóvenes en festejar acá su cumpleaños o, entre los adultos, para algún evento empresario. Puede ser aquí o en donde se lo pida, porque la estructura está condicionada para reproducirla."
El Laser Shots ya alcanzó la categoría de club, merced a la pasión de muchos que se han convertido en socios y que, en esa categoría, tienen beneficios especiales, como descuentos y participación en un elitista ranking de profesionales, que dejaron hace mucho el promedio de 15.000 puntos y rondan por los fantásticos 40.000.
Claudia Piñeyrúa subraya el carácter inofensivo del juego, sumado a que no permiten "el acceso de nadie que dé muestras de una conducta agresiva. El objetivo no es otro que la simple diversión". Con ese argumento convenció a La Nación para que viviera la experiencia en carne propia. Así que nos enfundamos en el chaleco cibernético, empuñamos la pistola de rayos y salimos a la arena.
Todo iba más o menos bien, tanteando y tropezando por ahí, medio sofocados por el humo, hasta que en una curva aparecieron unos mozalbetes lampiños que, vaya a saber por qué, la emprendieron contra la humanidad de este novato. Recibimos el impacto de siete disparos. Y no sobrevivimos.
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