Lejos pero conectados. Dos hermanos intentan mantener su pasión por la montaña a pesar de la distancia
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SALTA.- Snowboard, esquí, escalada, caminatas. Cuevas en España , paredes de piedra en Irlanda, la ruta del Inca en la Argentina. Jerónimo Palacios Rovira tiene 25 años y la tranquilidad de quien conoce su propia fuente de paz, bienestar, alegría. También tiene este perfil su hermano Noé, de 22, con quien sale a conquistar todos los cerros y montañas que estén a su alcance.
Ambos jóvenes han crecido sobre el lomo de caballos en los campos de la provincia de Burgos, España. Y pese a ser compañeros de aventuras, hoy se encuentran en dos extremos distintos del mundo a causa de las restricciones de circulación por el avance del coronavirus.
Pero, en un planeta virtualmente congelado, ellos igual continúan buscando el sol de las cumbres o los campos con sus amigos y equipos de montaña. Nacieron en un pueblo llamado Navas del Pinar, donde conocieron tempranamente las fuertes nevadas y los frutos comestibles del bosque. Allí está Noé, con sus animales, en las tierras de la familia. Jerónimo, por su parte, quedó varado en la ciudad de Salta, donde espera recibir a su hermano en enero.


En diálogo con LA NACIÓN, Jerónimo dijo: "Es una suerte vivir en Salta. En la naturaleza encuentro tranquilidad. Y a veces encuentro basura y me da rabia. Encuentro paisajes, compañía, refugios. Muchas veces estoy amargado, deprimido y voy a la montaña algunos días para regresar con ganas de todo".
Sin violar las normas gubernamentales del aislamiento, cuando quedaron habilitadas algunas actividades deportivas él escapó rumbo a las quebradas para acampar junto a los ríos de agua cristalina de esta provincia. Ahora, le toca esperar con paciencia. Analiza mapas, estudia rutas, alista su equipo. Sin desesperarse, sabiendo que pronto surgirá un viaje.
"Voy a las montañas porque me encantan los animales, la naturaleza, el deporte, pasar rato con amigos; estar en el campo, con un buen plan, haciendo actividad física. Yo hice una tecnicatura vinculado con caballos, senderismo, ciclismo. Esto sirve para integrar la montaña a todos los planos de la vida", detalló Jerónimo.



De los Pirineos al cerro Pacuy
Jerónimo estudia el profesorado de educación física y vino a la Argentina en enero por un plan vinculado a su carrera. En Salta logró subir a las cumbres de los cerros Gólgota y Pacuy, este último con una altitud aproximada de 3400 metros sobre el nivel del mar: "Está difícil para elegir una sola montaña como la mejor de todas las que he conocido. Con mi hermano la pasé muy bien, porque él sabe bastante y fuimos juntos a sitios muy chulos. Cada montaña es distinta y siempre aprendo algo nuevo".

"Vine a la Argentina, por el profesorado de educación física, y mi hermano está realizando una tecnicatura para ser instructor en montañas y guía en barrancos. Hemos subido muchos cerros, algunos sin nombres. No solo montañas, sino pueblos abandonados, o sitios de escalada", subrayó el joven español.



"No siempre el desafío es la altura; a veces es la nieve o los caminos. Me impactó bastante subir el pico Posets de los Pirineos, en España. Pasamos la noche en un refugio, luego nos pusimos el equipo para nevada, y a tope para arriba. Creo que fueron 3370 metros sobre el nivel del mar. Por la dificultad de la nieve, hay que tener cuidado. Ir por las cuestas genera un poco de adrenalina", explicó Jerónimo.
Sobre aquella salida en el cordón montañoso de los Pirineos, recordó: "Nos tocó un buen día pero la exigencia fue difícil, con rampas empinadas. Miras para atrás y piensas en qué pasa si te resbalas. Pero eso le da el punto, aunque hay que ir con cuidado".
¿Vale la pena el sacrificio de subir hasta las montañas? ¿Qué hay allí que tanta gente busca?

Entre los mediodías de sol radiante y las noches heladas, estos jóvenes encontraron sus respuestas: "En los Pirineos, la nieve estaba hasta arriba y pasamos la noche en un refugio de montañeses porque te encuentras personas con muy buena onda, compartes diálogos, relatos de aventurillas. Lo que puedo decirte es que cuando bajo de las montañas siento que tengo la fuerza para irme hasta Ushuaia en bicicleta. Eso me gusta mucho y me aviva".
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