
Llegó al país el argentino que salvó a los lobos
Dedicación: Claudio Sillero ganó un premio de 25.000 dólares por su labor en Etiopía y los usará para continuarla.
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"El interés por la preservación de especies animales en peligro siempre estuvo conmigo. Desde chico pensaba en ello, cuando me sentaba frente al mar, en Monte Hermoso, cerca de la casa de mi abuelo", dijo Claudio Sillero Zubiri (37), a poco de arribar ayer a Ezeiza donde aclaró que viene a pasar unas "pequeñas vacaciones", de 4 o 5 días.
"Estoy en deuda con La Nación -agregó, al darnos la mano-. "Me han hecho famoso."
Se refería, claro, a la publicación de la nota enviada por nuestra corresponsal en Europa, Graciela Iglesias, en la que reproducía el diálogo mantenido con él en la Universidad de Oxford, en donde trabaja como investigador.
El artículo de nuestra colega fue ilustrado con una estupenda fotografía de Associated Press en la que se lo ve con un lobo cruzado sobre sus hombros.
La sugestiva imagen acompañó también un extenso comentario que le dedicó el diario inglés Daily Telegraph cuando le fue conferido el Whitley Award -un premio de 25.000 dólares instituido por la Asociación Zoológica Mundial (WZA), con sede en Nueva York y que llevó por título "Danza con lobos trabaja en Etiopía y mereció el máximo galardón de la WZA".
"Algo hemos logrado en 10 años con los 400 lobos que quedan de una especie cuyo hábitat son las montañas de Etiopía", dice.
Luce el pelo largo y ensortijado, y viste un saco gris y jean medio gastados, igual que sus botas color café. Rodea su cuello una cinta negra. "Es un gri-gri -explica-, un amuleto africano, pero no te voy a decir contra qué me defiende", agrega, mezclando la chanza con lo enigmático.
Tiene un suave modo de expresarse, con un ligero acento inglés. Si se trata con lobos no puede haber términos medios: o se tiene una voz suave o un vozarrón temible.
-¿Qué hará con el premio?
-Solventar parte de mi proyecto para proteger al lobo etíope.
-¿Y en qué consiste?
-En tres líneas de acción: educación en el nivel de la escuela primaria y de la gente que vive en las montañas, para que se elimine la cacería; vacunación de perros para que no transmitan el moquillo al lobo, y mejorar las condiciones de cautiverio de los ejemplares para reproducción.
-¿Podrías sintetizar una de esas jornadas de trabajo?
-Vivo en las montañas, en condiciones muy difíciles. Duermo en una carpa, a 4000 metros de altura. A las 6 me preparo un té bien caliente y después salgo a buscar una jauría de lobos. Es una animalito muy simpático, rojo y con manchas blancas, algo parecido al zorro colorado europeo. Estudio su evolución, los riesgos a los que se enfrenta.
-¿Qué hace con los datos?
-Se prepara un informe. Ahí viene un problema: hablar con gente del gobierno, y no se trata de un país fácil. Es frecuente chocar con la naturaleza de los etíopes, que están en otra cosa.
-¿Cuando no estás con lobos?
-Estoy con mi mujer, Jorgelina, que es argentina, y mi hijo adoptivo, Max, que es etíope. Tiene 17, o sea que está en el peor momento de la adolescencia.
-¿Qué especies están en riesgo en nuestro país? -El aguará-guazú, el huemul, el venado de las pampas y el gato andino, un animal tan raro que son pocos los que lo han visto. Habita en el límite argentino-chileno.
-¿Trabajarías aquí?
-Desearía hacerlo, sí. Pero amo el continente africano. Y hay mayores urgencias allí. Los ecologistas sabemos que la extinción de una especie es para siempre.
-Se está hablando de ecología humana. ¿Qué te parece?
-Bien. Hay que crear condiciones que permitan vivir en ciudades como ésta sin volverse loco.
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