
Los controles previos al despegue
Técnicos, despachantes y pilotos deben revisar el avión en cada escala; todos conservan registros de la inspección.
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Una serie de inspecciones técnicas y evaluaciones operativas, en las que ningún paso queda librado al azar, precede todo despegue desde una pista aerocomercial para garantizar la seguridad del viaje.
El proceso obligatorio para habilitar la partida de una aeronave aparece claramente detallado en los manuales de mantenimiento y de operación provistos por las empresas fabricantes.
E implica la participación de mecánicos, despachantes y pilotos: todos realizan evaluaciones y aprueban las condiciones de partida. Por lo tanto, comparten la responsabilidad sobre el inminente vuelo, de la que sólo los exime un imponderable.
Así lo indican la teoría, la ética profesional y el compromiso empresarial. Fuentes de las asociaciones de Pilotos de Líneas Aéreas, de Personal Técnico Aeronáutico y de algunas aerolíneas explicaron la cadena de tareas, reproducidas a continuación, a La Nación .
En cada escala, los aviones deben ser sometidos a una revisión técnica de rutina que se inicia con la inspección de varios sistemas de la nave.
Personal de mantenimiento de la firma (un técnico aeronáutico o un equipo de mecánico, inspector y supervisor) examina -entre otros- los sistemas de frenos, de líquido hidráulico y eléctrico; el aceite de los motores, el combustible y su circuito de suministro.
Luego, los expertos recorren el exterior del aparato para chequear su estado general; en la jerga, conocen este control como "walk around".
Durante esta prueba se verifican desde los neumáticos, las alas, los alerones y los flaps hasta el funcionamiento de las compuertas y la puesta en marcha de los motores.
Si todo está en orden o descubren alguna falla que no afecta la navegabilidad según el manual de mantenimiento, los oficiales de mantenimiento permiten partir al avión.
Pero inmediatamente el piloto vuelve a inspeccionar los sistemas y el copiloto, el estado general, para confirmar el dictamen técnico.
En cambio, si aparece algún desperfecto mayor, el aparato no recibe autorización para continuar viaje.
Los resultados de la revisión quedan asentados en el Registro Técnico de Vuelo (RTV), un libro que viaja en la cabina de la nave; en poder del mecánico queda una copia para ser archivada en las dependencias de mantenimiento.
Todas las novedades pasan a integrar el legajo de la aeronave, una especie de "historia clínica" de la unidad que conserva la empresa.
Luego del control técnico, un despachante operativo trabaja para fijar la velocidad de despegue. La calcula sobre la base de un conjunto de variables, indicadas en el manual de operaciones del fabricante (cada uno determina la velocidad en función del diseño de su aparato).
El despachante debe considerar, por ejemplo: el peso de total de la nave, el balanceo, la distancia de pista, sus condiciones (mojada, resbaladiza), la temperatura, el viento y el uso de sistemas anticongelantes.
Finalmente, entrega al comandante una tarjeta que indica la velocidad de despegue. El piloto o el copiloto verifican la observación de la tarjeta a partir de sus propias tablas; la aceptan y la conservan a bordo.
El comandante firma también una hoja de carga o "load sheet" que deja al despachante, después de confirmar con el copiloto o con el comisario de a bordo la cantidad de pasajeros y la carga de la bodega. Con todos de acuerdo, sólo resta esperar la orden de la torre de control.
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