
Los dueños de la noche en Pinamar
Los lugares top para disfrutar una velada diferente; el predancing y una alternativa con sabores indios
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PINAMAR.- De día, las arenas de esta ciudad se llenan de música. Pero es sólo el prólogo de lo que ocurrirá después. La noche en Pinamar tiene varias propuestas y un único mandato: danzar hasta el amanecer.
Desde exóticos lugares donde cenar hasta bares donde hacer un predancing , es decir, tomar algo antes de ir a bailar, la movida nocturna tiene su propia legión de fieles.
La gran meca de los adolescentes y los jóvenes que veranean acá es Ku. Ya es un clásico de Pinamar: va por su 12a. temporada.
En realidad, y aunque todos lo reconozcan por su nombre, se trata de un complejo de tres boliches: Ku, El Alma y Manu Mission. Cada cual con sus particularidades. Cada cual con sus adeptos. Los tres están comunicados por la playa y por túneles subterráneos. No es difícil darse cuenta por qué nadie quiere irse: sus pistas se transforman en un mirador inigualable para ver cómo despunta el sol.
Ku es el paraíso de los amantes de la música dance. Y allí se baila al ritmo de los DJ Rulo Lavigne y Javier Teruggi. ¿La bebida del momento? Speed con vodka.
En El Alma suena música comercial, retro, rock, cumbia. Manu Mission, por último, es un restaurante de pizzas y pastas libres que luego se convierte en disco. Entre los tres pueden reunir hasta 7000 personas.
Otra alternativa para bailar cerca del mar puede encontrarse en UFO Point, sobre la Avenida del Mar. De día es parador y a la noche se transforma en restaurante y luego en disco. Decorado por Sergio Lacroix, tiene capacidad para 400 a 600 personas. El promedio de los visitantes está entre los 20 y los 26 años, según contó su RRPP, Hernán Nisenbaum.
La peculiaridad de esta temporada está en la avenida Bunge al 1400, en Chill out of Shiva, un bar restó indio donde hay que sentarse en el suelo para saborear platos de ese país, mientras se escucha música electrónica. "La idea fue romper con los moldes tradicionales de lo que era un predancing. Acá la consigna es venir a relajarse", cuenta Sebastián Fazón, uno de sus RRPP.
Está iluminado con luz negra y toda la decoración es en color flúo. En el ambiente predominan los contrastes. Entre el público, también. Alternativos, electrónicos, clásicos, adolescentes, treintañeros. Hay lugar para todos.
"Chill out significa rollos afuera, buena onda, y Shiva es el aspecto destructor de dios, el que destruye para crear algo mejor", teoriza Ernesto Altamiranda, uno de los dueños.
La barra es territorio de Diego Adamson. Su propuesta es que los tragos también estén dentro de esta onda relajada, sin rollos: su especialidad es mezclar frutas y especias. En sus copas el alcohol no es preponderante, sino que acompaña. "Los invito a animarse a sentir otras cosas, a experimentar otros sabores, otras texturas, otros colores", asegura.
La base de sus tragos es el lassi. "Es una bebida de la India parecida al yogur, que tiene como propiedad limpiar y calmar el picante de las comidas", señala.
La cocina, en tanto, es dominio de Marcelo Domínguez, el chef, al que todos conocen como Shirdi Das, el sirviente del santo hindú que les daba de comer a las personas y a los animales. Con ingredientes indios o sus derivados, el hombre intenta "occidentalizar" un poco los platos: el gusto porteño no soportaría la cantidad de picante que consumen allá.





