Los fantasmas ya no asustan a los chicos
Los libros de terror avanzan en las preferencias infantiles; en los últimos seis años aparecieron nueve colecciones.
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Es de noche y la habitación está a oscuras. De tanto en tanto un relámpago deja ver lo que hay afuera. La luz que emana del televisor ilumina cuatro rostros juveniles que, entre asustados y divertidos, se amontonan en un sillón. Cuando la película termine y la luz vuelva a colgar de la lámpara el miedo sólo será un recuerdo y, como parte del pacto, todos reafirmarán su valentía aunque se hayan tapado la cara más de una vez.
El terror forma parte de la vida de los chicos desde siempre, como una forma de aprender a controlar el miedo, un sentimiento que los acompañará en muchas de sus experiencias vitales.
Atentos a las necesidades de los jovencitos que oscilan entre los 8 y los 14 años, las editoriales salieron a la caza de un mercado con ganas de conocer las historias de los herederos de Frankestein y Drácula.
Entre 1990 y 1996 las casas editoras tomaron la iniciativa y se largaron a conquistar a los pequeños lectores con unas nueve colecciones de libros que combinan el terror, el suspenso y el humor negro.
La oferta
La Movida y Obsesiones, dos colecciones de editorial Colihue, vendieron unos 260.000 ejemplares desde 1992. La editorial Sudamericana lanzó en 1990 "La fábrica del terror", de Ana María Shúa, que ya lleva once reimpresiones, además de una antología de cuentos de escritores argentinos, "17 de miedo", que salió en 1996, y los libros satíricos de Ema Wolf: "Family", "Los imposibles" y "Maruja", editado en 1992 y que ya lleva nueve reimpresiones.
Pero fue durante el último año cuando la oferta se amplió considerablemente:la editorialAlbatros, que tradicionalmente no se dedica a publicar literatura, sacó tres colecciones dedicadas a este tema:Aullidos, Club de detectives y El show del horror. Las dos primeras suman seis títulos con una tirada de 3000 ejemplares cada uno. La segunda, etapa compuesta por cuatro títulos de 6000 ejemplares.
La editorialAlfaguara editó una colección de Angela Sommer:"El pequeño vampiro", "El pequeño vampiro de viaje" y "El pequeño vampiro en la boca del lobo", cuya presentación es una caja negra como un ataúd.
Un caso aparte lo representa el autor norteamericano R. L. Stine, que fue editado, también durante 1996, en tres colecciones de editoriales diferentes:Escalofríos, de la casa editora Tesis/Norma; La Calle del terror, de Ediciones B, y Fantasmas, de Emecé. En esta última hay siete títulos del autor con 8000 ejemplares cada uno.
Escritores con alma de chicos
Ana María Shúa, autora de "La fábrica del terror" y "El tigre gente", considera que los libros de terror para chicos "no son niguna novedad, nos gustaron siempre. En mi época el terror era películas de clase B", recordó en diálogo con La Nación.
A pesar de que no se trate de una novedad, "porque los cuentos populares recogen la temática", Shúa reconoció que hay una especie de resurgimiento ya que "durante muchos años estuvo prohibido, era tabú, en las épocas del desarrollo del psicoanálisis. El terror fue prohibido y cuando apareció después lo hace mal, de una manera excesiva".
Mario Méndez, autor de "Un monstruo del arroyo", editado por Libros delQuirquincho, cree que "la oferta editorial se amplió después de la publicación enAlfaguara de "Socorro", de Elsa Bornemann, unos ocho años atrás. Los editores le encontraron el gusto y lo explotaron muy bien", dijo a La Nación.
A él, igual que a Ana María Shúa, le gustaba asustarse de chico y considera que al escribir terror para ellos "hay que dejar siempre alguna salida, porque puede llegar a ser asfixiante".
Sin saber muy bien si la demanda precipitó la oferta o la oferta moldeó la demanda, lo cierto es que los libros de terror para chicos son la primera opción a la hora de comprar.
Olga Drennen, autora de "Wunderding y otros escalofríos" cree que "vino primero la demanda y luego la publicación". Pero también está convencida de que el pedido llega de la mano de los éxitos televisivos y cinematográficos.
Ruth Mehl, una especialista en temas infantiles, admitió que hay mucho publicado, pero no todo goza de la misma calidad:"No sé si se pueden llamar literatura. Es un sustituto de la literatura. De todos modos hay algunos que están bien escritos", explicó a La Nación.
"Había un gran vacío de una literatura con emoción para los chicos que están entre los 8 y 12 años. Y estos libros son más fáciles de escribir y de vender", aseguró Mehl.
Pablo De Santis, director de las colecciones La Movida y Obsesiones de Colihue y autor de "Pesadilla para Hackers" cree que "los libros están hechos como un producto meramente comercial. Stine es la aplicación de una fórmula". Como contrapartida cree que "hay una recuperación de la literatura infantil y juvenil".
De Santis diferencia a los libros que van detrás del éxito comercial, con la aplicación de fórmulas, de aquellos que mezclan los géneros y los estilos, a los que cataloga como "más literarios".
Poco importa si los chicos lo pidieron o si alguien adivinó las inquietudes de los lectores menudos, lo cierto es que el terror asalta a los curiosos desde los estantes de las librerías. Los miedosos tienen dos opciones:animarse o abstenerse. Después de todo, siempre se puede cerrar el libro a tiempo.
Los comics, otro recurso para el terror
No sólo a través de los libros los chicos acceden al terror y al horror, una versión más morbosa del primero, según Ana María Shúa.
El cine, los videos, los videojuegos y las historietas también tienen su parte en el mercado de la sangre y el susto.
Pablo De Santis considera la posibilidad de que los videojuegos y las historietas que son "cada vez más truculentos", hayan empujado a los pequeños consumidores a saciar su hambre de historias tenebrosas en los libros.
Los videos y las historietas suelen ser las fuentes a las que recurren los adolescentes para paliar sus deseos sangrientos.
Según Gerardo Busto, encargado de Camelot, una librería especializada en comics, las historietas de terror que mejor se venden son cuatro: Frankestein, de Bernie Wrightson, que está en el mercado desde 1990, pero hace sólo cuatro años que se edita en la Argentina a través de La Urraca;una adaptación de la película Drácula de Francis Ford Coppola, publicada por Ediciones B de España.
El tercero de los comics es El predicador, de Ediciones Zinco, hasta el momento se publicaron sólo dos libros y la última de las historietas más leídas es nacional:El cazador que satiriza a las películas de terror clase B, como Marte ataca y Betty Page.
Olga Drennen piensa que hay dos formas de hacer terror:"El frontal y el oblicuo, que es el conformado por hechos psicológicos, no hay sangre".
Ella, cree que en la lectura de estos libros (y también comics) los chicos logran "exorcizar sus miedos. Así el protagonista sufre lo que ellos temen que les pase a si mismos".
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