
Los galeses que eligieron ser argentinos
Conservan sus costumbres, sus cantos y su idioma, pero sienten la Patagonia como su único hogar
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TREVELIN, Chubut.- Seguramente festejarán cantando, como lo hacen siempre. En coros religiosos, en galés y en castellano. Será un canto de cien años, de un siglo de haber creído y querido esta tierra que un día como hoy los argentinos les convidaron. Del día en que, cuando apareció un reclamo, sin dudar ellos optaron: "¡Esto no es Chile -dijeron-, es la Argentina la que nos ha invitado!".
Trevelin -pueblo del molino, en galés- conmemorará aquel 30 de abril de 1902, cuando sir Thomas Holdich, el árbitro enviado por la Corona británica para dirimir los límites cordilleranos, escuchó el resultado de un plebiscito no vinculante en el que los colonos galeses prefirieron tener sus hijos en nuestro país, en el verde de este valle, bajo el cielo azul-celeste y blanco de la bandera de Manuel Belgrano.
Y hoy, cuando se cumpla el aniversario, todos recordarán a aquellos pioneros golpeados por el mar y la estepa, que un día llegaron a lo que denominaron un valle encantado. Se acordarán de Holdich o también del técnico Hans Steffen, el representante del gobierno chileno, pero nadie podrá evitar la figura de Francisco P. Moreno.
Es que, sin duda, fue el gran perito quien, "tirando hilos", entre picos y divisorias de aguas, le trazó el límite a la majestuosa Patagonia.
Y los hijos de los hijos o ya nietos de los nietos se siguen llamando Roberts, Evans, Hughes, Davis, Ellis, Jones, Thomas o Humphreys, pero de bombachas y botas y con un acento tan acriollado que es un gusto conocerlos, mateando bajo un tinglado.
Viene de lejos la historia. De una goleta llamada Mimosa, de la que descendieron 153 hombres que muy poco sabían de campo, de hacienda, de caballos y de ñandúes.
Pero desembarcaron en Puerto Madryn y los que no se quedaron frente al Atlántico llegaron casi hasta la montaña. Uno fue John Daniel Evans que, junto a otros tres expedicionarios, fue confundido por los indios araucanos con un espía de los soldados del desierto y sólo salvó su vida gracias al salto en un barranco de su flete, el Malacara.
El caballo se desparramó en el suelo, pero, con el malón cerca del anca escapó junto con su dueño, quien hoy es uno de esos hombres que ya dio nietos de nietos a esta tierra.
La hazaña de Malacara
Entonces los nietos hoy festejarán, recordarán, emocionarán y se enorgullecerán de Evans y del Malacara, caballo criollo al fin.
Habrá grandes y chicos. Chicos los que como ayer salían del museo que alguna vez fue el molino harinero de Evans y bien sabían de qué se trataba la fecha: "Es una tradición de los niños que van a la escuela, vivir la historia como parte de su vida", apuntaba la maestra Sandra De Pol.
Un mensaje tan contundente como el de la docente dejaba por la tarde el sociólogo José Luis de Imaz: "Es una fecha excepcional para nuestro país, porque los galeses resolvieron ser argentinos". Y dejó una consideración de los colonos. "Todo fue una epopeya, porque llegaron en una situación extrema, sin saber de agricultura, ni de nuestros climas; si hasta sembraban el trigo respetando los tiempos de Gales y entonces perdían todo."
Claro que la cosa pasó y esos mineros se hicieron del valle hasta lograr cosechar uno de los mejores trigos del mundo, a levantar un molino harinero -Andes y Cía.-, emblema de Trevelin, y a querer al país, sin olvidar sus cantos, porque donde hay más de dos galeses, todo se vuelve un coro.
"Conservamos el idioma y el espíritu, pero éste es nuestro terruño y en primer lugar yo soy argentina, después también y en tercer lugar también", dice, emocionada, la elocuente Clery Evans, nieta de John.
Lo demuestra con sus relatos y con su pasión por el campo, los caballos criollos y la Patagonia. Reflexiona: "Hemos olvidado la importancia de ver flameando la bandera en la frontera. No hay nada más maravilloso que ver esos colores donde tienen que estar y no en las manifestaciones totalmente politizadas".
Seguro que hoy, aunque haya discursos, Trevelin a la política no le prestará atención, más bien se quedará con la canción.



