
Los hermanos Juliá, del ascenso a la caída como mulas VIP de la droga
Tras la muerte de su padre, ex jefe de la FAA, en 2005, sus hijos perdieron las protecciones políticas
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Fue un intento desesperado por volver a los grandes negocios. Para los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, el contrabando de 944 kilogramos de cocaína a España podría significar el regreso al dinero fácil. Nada fue lo mismo para ellos desde la muerte de su padre, el brigadier general José Juliá, en 2005. Las puertas aerocomerciales empezaron a cerrarse; muchos pasaron a cobrar facturas heredadas del ex jefe de la Fuerza Aérea menemista y ni siquiera conseguían las anteriores cortesías profesionales en los aeropuertos. Fallecido el padre, los hijos quedaron a la intemperie política. Sólo así explican quienes trataron con el padre y los hijos el abrupto cambio: de los delitos de guante blanco en el PAMI a ser mulas VIP del narcotráfico.
Eduardo Juliá es piloto aerocomercial. Nació el 3 de agosto de 1960 y quiso seguir los pasos de su padre y de su tío, el brigadier retirado Oscar Juliá, en la Fuerza Aérea. Un oficial que lo trató durante sus tres años en la Escuela de Aviación Militar recuerda que sólo se distinguía por el permanente uso de su apellido como escudo y arma contra superiores sin árbol genealógico castrense. Igual no aguantó la disciplina en el internado de Córdoba. Logró su brevet de vuelo en escuelas civiles y su experiencia en Austral.
Gustavo Juliá tiene sólo relación familiar con la aeronáutica. Lo suyo fueron siempre los números de la empresa creada por su padre: Medical Jet. Como contador, resultó contratado en PAMI como gerente financiero. Varias causas se abrieron en contra de este hombre nacido el 17 de marzo de 1962. En la más importante, en opinión de la ex ministra Graciela Ocaña, hubo una estafa en la compra de audífonos. La jueza federal María Romilda Servini de Cubría le dictó la falta de mérito.
Sólo su hermano Guillermo mantuvo la tradición castrense. Hasta esta semana era comodoro en funciones en el Estado Mayor Conjunto, pero fue puesto en disponibilidad por la detención de sus hermanos en Barcelona.
El centro de la investigación pasa por Gustavo Juliá, el hermano con mejores contactos y que más cerca estuvo de los papeles de su padre. Incluso se quedó con la casa de la calle Perú, en Martínez, que había provocado un escándalo cuando se supo que su padre la había comprado. Alguien convenció en los 90 al brigadier Juliá de adquirir una propiedad en ese barrio. ¿Habrá sido en alguna conversación con Alfredo Yabrán, que vivía a unas cuadras de ahí?
Clima de época
La referencia a Yabrán es necesaria en este caso para la deconstrucción de la economía de la familia Juliá. Siempre se negaron vínculos. Pero la irrupción de ese empresario en la peor escena pública argentina se dio con la llegada de Carlos Menem al poder, la apertura de negocios en los aeropuertos y la posición dominante de Juliá en la Fuerza Aérea, conducida por él entre 1989 y 1992.
Primero fue la creación de una empresa mixta: Edcadassa. Las investigaciones judiciales apuntaron a Yabrán como capitalista central en ese negocio de control de mercaderías que pasaban por la aduana de Ezeiza. Enseguida, llegaron las concesiones por 20 años de rampas y free shop a Intercargo e Interbaires. El brigadier Juliá puso la firma en esos contratos. La Justicia lo eximió luego de responsabilidades.
El clima de época ayudó a que la aeronáutica militar se plegase a la búsqueda de ventajas comerciales. Pero el brigadier, como toda esa generación de la Fuerza Aérea, tenía su propio clima de época, marcado por los combates sobre las islas Malvinas. El misil Cóndor II estaba pensado para hostigar la base británica. Por eso, a nadie aquí le importó de dónde llegaba el dinero para su desarrollo o si traficantes de armas estaban involucrados. A Estados Unidos sí le interesó anular a ese misil. En consecuencia, también le interesó eso a Menem. Juliá pasó a retiro.
Con el retiro, llegó en 1992 una etapa de prosperidad personal para Juliá. Su empresa Medical Jet sumaba varios aparatos y hasta helicópteros. Varias fuentes aeronáuticas indican que la propiedad era colectiva, que incluso oficiales por entonces en actividad invertían en la compañía. Buen pagador, Menem habría dado la orden de ayudar a quien tuvo que soportar la desactivación del Cóndor II. Víctor Alderete fue la llave para el ingreso de Medical Jet en el PAMI.
"Fue un contrato escandaloso. Durante las 24 horas, la compañía mantenía dos aviones para supuestas emergencias, pero lo cierto es que eran usados para traslados de funcionarios y amigos", comentó Ocaña. Con ese ingreso de divisas permanente, se amplió la compañía aérea. Hasta 2003, siguió ese pago constante. Por entonces, Gustavo Juliá ya estaba convertido, además, en gerente financiero de PAMI.
Ocaña apunta así a la relación de los Juliá con el sindicalismo. En especial, con Luis Barrionuevo. El impulso que Ocaña dio a las causas de PAMI llevó a los Juliá a pasar muchas horas en juzgados. El brigadier murió entre los procesos judiciales abiertos. Hacía varios años que ya no visitaba el Edificio Cóndor y que no asistía a ceremonias. Cortado el flujo económico que llegaba de PAMI, los hermanos Juliá tuvieron que poner en venta uno de los dos aviones a su nombre, un Learjet comprado por el empresario kirchnerista Lázaro Báez.
Con sistemas de arrendamiento, Medical Jet (o las compañías armadas de ocasión para evitar el uso de un nombre en procesos judiciales por corrupción), buscó seguir en vuelo. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) procuró quedarse con la pista de la base militar de Morón y dispuso el alquiler de hangares. Ahí fueron los Juliá, en un intento desesperado por recuperar el flujo de dinero que tan fácil llegaba antes.
ACUSADOS
EDUARDO JULIÁ
Piloto aerocomercial
- Estuvo tres años en la Escuela de Aviación Militar, pero solicitó la baja antes de egresar. Sumó horas de vuelo en escuelas civiles y se desempeñó como piloto de Austral antes de dedicarse a volar las aeronaves de su propia compañía, que usaba San Fernando como base.
GUSTAVO JULIÁ
Ex gerente financiero de PAMI
- Se lo relaciona con sindicalistas y llegó a ser gerente financiero de PAMI entre 2002 y 2003; fue denunciado por supuestas irregularidades en la compra de audífonos. Además, manejaba la compañía familiar Medical Jet, que desde el gobierno de Menem mantenía sospechosos contratos con PAMI.
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