
Los jugueteros, el resurgir de un oficio que reparte alegrías
Artesanos realizan juguetes de madera, marionetas, zancos y muñecas de trapo
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Gepeto, según cuenta la historia, fabricaba juguetes en Italia en 1880. Con paciencia y dedicación los construía uno por uno. Años después apareció la industria, el control remoto, los importados y los jueguitos electrónicos.
Sin embargo, en la Argentina, con la crisis y el dólar caro, los juguetes de madera y las muñecas de trapo recobraron vida, como Pinocho.
Muchas personas encontraron una salida laboral al recordar sus juegos de infancia, recuperando talleres en desuso que volvieron a llenarse de aserrín o pensando en nuevos juguetes para sus hijos. Detrás de cada una de esta piezas hay una historia.
"Hago juguetes desde siempre. Primero para mí, después para mis sobrinos y mis hijos, y ahora para hijos de otros", dice Alejandra Roberts, que realiza zancos con cartón y soga. Cuando era chica su mamá se los hacía con latas; ella buscó una alternativa menos ruidosa y que no lastime.
Jorge Zunino es analista de sistemas. Hasta hace un año y medio trabajaba para una empresa internacional, pero después de la crisis se quedó sin trabajo. Cuando sus jefes le preguntaron qué era lo que iba a hacer, les contestó: "Juguetes de madera".
"Este es el trabajo que más feliz me hizo", comenta Jorge, que se emociona cuando ve a un nene usar uno de los juegos didácticos que fabrica.
Estos Gepetos de 2004 recuperan juguetes de otras épocas, como los zancos y las marionetas, y también diseñan nuevos. No responden a ningún estereotipo, ni son juguetes bélicos.
"Estos juguetes transmiten el afecto de quienes los hacemos y tienen identidad", dice Claudia Lahan, licenciada en educación y coordinadora de Recursos Infantiles, un microemprendimiento que reúne a 73 artesanos jugueteros de todo el país.
En este proyecto hay dos abogados que usan el taller del padre carpintero; un ingeniero que se quedó sin trabajo y se puso a hacer marionetas, y que ahora tiene otra vez su oficina pero llena de juguetes; una familia entera que se dedica a hacer títeres; arquitectos que alternan los planos con los caballitos de madera, y dos chicas que tomaron las matrices de las ollas y cacerolas de la fábrica de su abuelo y ahora hacen réplicas en miniatura para que jueguen las nenas.
Los adultos al ver estos juguetes recuerdan su infancia y se ponen a jugar. "Un año vinieron una bisabuela, la abuela, la madre y la nieta a comprar; todas se sintieron identificadas con alguno de los juguetes", comenta Claudia, que hace muñecas de trapo con un vestido diferente cada una.
Juan Simonetti hace camiones y bloques de madera. Aprendió de su abuelo."El siempre tuvo taller y ahora les sigue haciendo juguetes a los chicos del barrio", relata Juan, que encontró un medio de vida entre materiales naturales y pinturas no tóxicas.
"Empezamos con una amiga haciendo juguetes para nuestros hijos y después nos dimos cuenta de que los podíamos vender", recuerda Irene Castelli, que hace rayuelas de tela que vende por Internet.
"Tienen una carga amorosa. Por mis manos no pasan mil, pasan diez zancos", se entusiasma Alejandra que prueba los diseños con sus hijos.
Con el encarecimiento de los importados, los jugueteros recuperaron su oficio y estos juguetes pudieron hacerle frente a la tecnología.
Los juegueteros ofrecen sus productos a través de las páginas: www.holzi.com.ar ; www.planetamama.com/jugatela o por la dirección: rec_infantiles@sion.com.





