
Los nuevos yuppies se llaman yetties
A no confundirse: hay algo más nuevo que lo nuevo. Y si no, consultar a Michael Lewis, autor de " The new, new thing " ("La nueva cosa nueva"), el flamante best-seller que, según los críticos, es a la era de Internet lo que "Los miserables" fue al París de 1840.
Para Lewis no caben dudas: el boom de la megacotización de las compañías online provocará un cambio de mentalidad profundo del cual ya no habrá vuelta atrás.
"Se trata de algo borroso en el fondo de un túnel oscuro, una idea que los jóvenes entrepreneurs (como el argentino Wenceslao Casares, 26, creador de Patagon.com) -que son los héroes de las historias de Internet- piensan que va a cambiar el futuro. No saben exactamente de qué se trata, pero van a hacer todo lo necesario para llegar a ella. Incluso cambiar a la sociedad", explica Lewis con su hablar pausado e inconfundible acento del sur de los Estados Unidos.
Lanzado al estrellato por todos aquellos que consideran a la web como un territorio salvaje y del cual su libro es el primer mapa confiable (bien disfrazado de novela épica sobre Jim Clark, el creador de Netscape), The new new thing encabeza la lista de best sellers, con más de 250.000 ejemplares en la calle, una segunda edición en camino y proyectos para llevarla a la pantalla grande.
Y hasta el mismísimo Tom Wolfe aseguró que, con ella, Lewis, de 39 años, que estudió arte en Princeton, economía en la London School of Economics y que ahora enseña periodismo en Berkeley, se establecía como "la más importante de las nuevas figuras literarias y un cronista excepcional".
En diálogo con La Nación desde París -donde, como todo intelectual expatriado, vive en la rive gauche- adelantó los efectos de este giro cultural que ya está llegando a la Argentina.
-¿Cuál es la filosofía detrás de esta "nueva, nueva ola"?
-Se trata de una versión muy extrema de la cultura tradicional norteamericana. Sus pilares son la confianza en que el futuro será mejor que el presente, una concepción anárquica del hombre y un amor desproporcionado por el dinero. Sus practicantes no son filósofos, no elaboran teorías sobre el tema, pero tienen en claro que para triunfar hacen falta dos cosas: conocimiento de la tecnología y una gran destreza de autopromoción.
-¿Tienen que saber venderse para existir?
-Todo esto trata de profecías autocumplidas. Dicen ésto es la nueva cosa nueva , la gente les cree y entonces su empresa se convierte en la cosa nueva nueva , como ocurrió con Netscape, Amazon, E-bay... La gente apoya cualquier nuevo emprendimiento de los Jim Clark o los Jeff Bezos porque suponen que si encontraron la clave en el pasado lo harán nuevamente. Y así consiguen el capital.
-¿Y cuándo se corta el círculo?
-Es un globo que puede pincharse mañana, o seguir así durante años. Aún nadie puede saberlo.
-¿Cómo afecta este cambio cultural a las instituciones?
-Tenemos un gobierno más débil, universidades más débiles, bancos más débiles, corporaciones más débiles. Es el comienzo de un sistema mucho más anárquico, en el que la balanza de poder pasó de las instituciones a los individuos.
-¿Y esto cómo afecta a los individuos?
-Se está creando una sociedad donde el más joven devora al más viejo. Por un lado, están los billonarios de 28 años con un capital que nunca soñaron y con el cual no saben qué hacer. Por el otro está la generación de cuarenta y pico, cincuenta años, que debería encontrarse en la cima de su carrera y que, en cambio, se sienten obsoletos, en empresas (financieras, de salud, de remates, de libros o lo que sea) que consideraban estables y que, de pronto, se ven amenazadas. Y el prestigio al que les tocaba llegar es transferido directamente a la generación siguiente.
- ¿Qué pasa con las expectativas de los adolescentes, que ven que el mundo gira sobre chicos apenas mayores que ellos?
-Hace cinco años entraban en las escuelas de negocios con la ambición de terminar en grandes consultoras o multinacionales. Hoy sueñan con abrirse paso por sí mismos y no responder a nadie. Y las universidades se ven en problemas porque ningún buen economista quiere ser profesor. Su prestigio se transfirió a quienes están en la Red, los únicos a quienes hoy se respeta como los que saben .
-Su libro relata la relación casi inexistente entre Clark y su familia. ¿Es algo común en esta nueva generación?
-A pesar de lo difícil que es generalizar, diría un sí rotundo. Los más famosos, los más admirados, se cortaron definitivamente de su familia y su pasado. Internet les dio la posibilidad de reinventarse a si mismos, y para eso tienen que olvidar lo demás. Son seres disociados, para quienes el mundo empieza y termina en su persona.
-¿Estamos hablando de un fenómeno puramente norteamericano?
-Sí en su origen, pero no en sus efectos, porque esta cultura del yetti es hoy el mayor producto de exportación de los Estados Unidos. ¡Hablar de Hollywood es tan obsoleto! Porque en el resto del mundo, cuando se aborda este tipo de economía, todo termina con un sabor distintivamente norteamericano.
-Pero Silicon Valley está generando una riqueza sin precedente. Si se exporta todo eso, ¿no es una garantía de mayor riqueza para los países que lo aborden?
-Lamentablemente es más complicado, porque nada se construye sobre el vacío. La clave está en la educación, entonces supongamos que, siguiendo el modelo de Sillicon Valley, Buenos Aires construye con fondos del Gobierno un gran polo universitario con tecnología de punta. Los jóvenes se gradúan... y toman el primer avión para California. No creo que nadie tenga la respuesta cierta sobre qué hacer.
-¿Qué hay de usted? ¿Se siente identificado por personajes como Jim Clark?
-Sólo en dos cosas: uno, la falta de miedo al riesgo. Siempre se busca la fórmula del éxito sin riesgo. Bueno, no existe. Otra es la capacidad de reinventarse uno mismo. Para un libro muchos años anterior ( Liar´s Poker ), sobre el boom de Wall Street, fui un yuppie perfecto.Luego me convertí en un yetti , uno de los nuevos especialistas de Internet, vivía para la web. Pero esto es fundamental para un escritor, y ahora ya estoy buscando mi próxima personalidad.
Características
Yetties significa Young Entrepreneurial Technology based , o sea, jóvenes empresarios con base tecnológica.
- Son informales. Jamás usan traje, y sí remeras, pantalones pinzados y zapatillas. Su equipo se completa con una mochila (donde llevan su computadora portátil), celular y anteojos.
- Tienen entre 20 y 40 años (con un promedio de 28). No cumplen horarios sino objetivos: su semana laboral tiene más de cinco días y el tiempo libre es escaso. Suelen postergar lo familiar por los negocios.
- Viajan por todo el mundo vendiendo sus empresas. Y quieren ser ricos lo más rápido posible.
Sus características
La revista dominical de The New York Times -en un artículo escrito por Lewis- así como Talk, de Tina Brown, describen a los yetties en su último número. Son Young Entrepreneurial Technology based (jóvenes, entrepreneurs, con base tecnológica). Son la generación que viene a desplazar a los yuppies de principios de los 90.
Su estilo es inconfundible. Nada de trajes, sí celulares, zapatillas, pantalones pinzados y mochila. Usan anteojos, símbolo de las largas horas que pasan frente a la pantalla. Tienen entre 20 y 40 años (28 de promedio), viajan mucho y son adictos al trabajo. Y quieren ser ricos. Ya.




