Los pilotos de Aerolíneas Argentinas suspendieron la medida de fuerza
A medianoche decidieron continuar las negociaciones con la empresa y reanudar los vuelos
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A medianoche los pilotos de Aerolíneas Argentinas decidieron suspender el paro que habían comenzado anteayer, por lo que hoy se reanudaron normalmente los vuelos.
El director nacional de Relaciones del Trabajo, Jorge Schuster, dijo anoche a LA NACION que el ministerio propuso un aumento salarial escalonado que ya fue aceptado por la empresa. Falta la aprobación por parte de los trabajadores, que anoche resolvieron en una asamblea continuar las negociaciones con la empresa.
A medianoche el secretario de prensa de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), Daniel Biró, dijo a LA NACION: “Decidimos suspender las medidas de fuerza directas para no perjudicar a los turistas. Las negociaciones continuarán en el Ministerio de Trabajo”.
Horas antes de que se levantara el paro, el Ministerio de Trabajo había firmado una resolución para garantizar un servicio de emergencia.
Momentos inquietantes
El caos se apoderó del Aeroparque ayer, cuando a las sucesivas medidas de fuerza emprendidas en las últimas semanas por los empleados de la línea aérea Southern Winds se le sumó el paro de los pilotos de Aerolíneas Argentinas (AA), que dejó, desde el mediodía, a más de 10.000 pasajeros sin poder embarcarse. La empresa asegura haber vendido 17.000 pasajes. De los 140 vuelos promedio diarios, sólo despegaron 60 y con un mínimo de cuatro horas de atraso.
Luego de muchas horas de espera, el jueves por la noche del aeropuerto internacional de Ezeiza sólo despegaron dos vuelos de AA: uno con destino a Madrid y otro a Bogotá. Todos los servicios aéreos de esa aerolínea desde el Aeroparque quedaron suspendidos, mientras que los aviones que se encontraban en el interior del país regresaron a Buenos Aires sólo para quedar estacionados en los hangares. Sólo continuaron con sus vuelos los aviones pilotados por comandantes de Austral que, aunque forman parte de la misma empresa que AA, pertenecen a otro gremio.
“Reclamamos una recomposición salarial del 40 por ciento y la reincorporación laboral de 30 trabajadores”, dijo a LA NACION Martín Cabral, representante de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), el gremio que agrupa a los pilotos de Aerolíneas. “Agotamos todas las fases de negociación y tuvimos que llegar a esta instancia”, agregó, mientras sus compañeros se encontraban reunidos con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y con directivos de la empresa para intentar encontrar una solución al conflicto.
Según algunos integrantes de APLA, los salarios de los pilotos se devaluaron un 60% desde octubre de 2001 y no tuvieron actualización. “El 2001 no era un año para reclamar y acompañamos a la empresa en su esfuerzo por salir adelante, pero ya terminó la convocatoria de acreedores, y es hora de una respuesta”, dijo Cabral, un comandante que cobra un promedio de $ 5900 por mes, con 32 años de antigüedad.
Según los pilotos, el básico es de $ 1884 y si por enfermedad, cursos o falta de disponibilidad de aviones no se puede volar, pierden la productividad.
Voces diferentes
Sin embargo, según el vocero de la empresa aérea, Julio Scaramella, un copiloto de B-737/200 que acaba de ingresar en la compañía cobra $ 3496 como mínimo, mientras que un comandante de A-340 cobra un mínimo de $ 12.022,23. “Ahora, los copilotos solicitan $ 4782 de mínimo y los comandantes, $ 16.882”, especificó.
En medio de la confusión que había ayer en el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery, asombraba la compostura de los pasajeros. “Volveremos a España sin ver nada de nada de los glaciares, y no los veré en mi vida, porque a este país no vuelvo más”, se quejó Loreto Encinas, una granadina que se dio por vencida mientras su marido, Antonio García, buscaba sin éxito otra aerolínea que los llevara a El Calafate.
La espera de Gustavo Cambiasso, de General Las Heras, fue más larga. Pensaba viajar con su hermano y las familias de ambos a Comodoro Rivadavia. “Será que no tenemos que viajar”, dijo. Agustín Gandía tiró la toalla. Ni los vinos de Cafayate ni los colores de la Quebrada de Humahuaca fueron motivos suficientes para aguantar la espera. Con mochila al hombro hacía la cola para que le devolvieran el importe del pasaje. Rita Sáez, del Chaco, tenía pensado volverse anteayer, pero se lo tomó con humor: “Lo bueno de las huelgas es que permiten conocer gente. Me hice amigos de Córdoba, Colombia y Ushuaia. Acaban de darme un vale para el almuerzo.”



