
Los presos mataron a internos por encargo
Ordenes: un testigo relató que uno de los homicidios fue cometido por pedido de un recluso que estaba alojado en otro penal.
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LA PLATA.- "Avisen a Marcelo que cumplí: Agapo (Agapito Lencina) fue al horno y salió con fritas."
La frase fue dicha por Víctor Esquivel, El Cabezón , en una conversación telefónica que mantuvo con presos de la Unidad Nº 9, en esta capital, durante el motín en la cárcel de Sierra Chica en 1996.
Es que en La Nueva -así llaman los internos a la Unidad Nº 9- y en otros penales de la provincia, también se habían desatado revueltas y había conexión entre ellas.
El diálogo fue oído por el oficial Julio Barroso, entonces director de Construcciones del Servicio Penitenciario, que había intervenido las líneas telefónicas de la cárcel de Sierra Chica al comenzar el motín. Eso dijo Barroso ayer, ante el tribunal, en el juicio oral que se sigue en el penal de alta seguridad de Melchor Romero.
Por otra parte, la fiscalía pidió que se procesara por falso testimonio a Bernardo Yanos, que durante el motín era el jefe de la guardia exterior en Sierra Chica. Yanos se contradijo con lo que había declarado anteriormente y con los testimonios de guardiacárceles y funcionarios del Servicio Penitenciario; Barroso, por ejemplo.
Además, ayer no declaró Daniel Ocanto, de 40 años, uno de los 24 procesados en esta causa, que el lunes último había solicitado que el tribunal lo indagara. La postura de Ocanto es que no fue un promotor, sino una víctima en la revuelta.
Como se sabe, cuando se produjo este pedido, que choca con los intereses judiciales de los demás procesados, se le debió nombrar un defensor oficial distinto del que asiste al resto. Se trata del doctor Carlos Kolbl. Este creyó conveniente que su asistido no declarara por ahora.
Mensaje para un amigo
El chocante mensaje telefónico dado por el capo Esquivel ("salió con fritas") tenía un destinatario: Marcelo Zabaleta, preso en la Unidad 9 y amigo suyo.
La inquina con Agapito Lencina había nacido tiempo atrás, cuando los tres estaban presos en Mercedes y organizaron una fuga.
Zabaleta y Esquivel se escaparon, pero Lencina decidió, a último momento, no huir. Y esta actitud fue interpretada como una traición.
Según Barroso, Esquivel también mató a Mario Barrionuevo, alias El Viejo Rolo , y a Víctor Gaitán. Ambos pertenecían a la banda que comandaba Lencina. De esto se enteró por boca de varios presos, cuando redactaba el sumario administrativo.
Barroso fue más preciso aún y señaló que el preso Ramón Lena (que declarará el 20 de marzo próximo), le había dicho:"Uno tiene que hacer de todo. A mí me hicieron cocinar a los muertos..." El mismo preso, dijo Barroso, le aseguró que a Lencina y a Gaitán los habían decapitado. Al último, le sacaron los ojos y se los colocaron sobre el pecho.
Ayer, también, declaró Bernardo Yanos, que en 1996 era el jefe de la guardia armada externa en Sierra Chica. Fue confuso y contradictorio. La fiscalía solicitó su procesamiento por falso testimonio.
Ocurre que Yanos no habló de la muerte del preso José Cepeda, algo que había hecho en la instrucción. Cepeda fue muerto por varios amotinados cuando intentaba refugiarse en la guardia armada, en la madrugada del 2 de abril de 1996.
El testigo Barroso aseguró ayer que, aquel día, Yanos le comunicó cómo los "apóstoles" habían matado al interno. Y agregó que no se lo pudo proteger porque los rebeldes amenazaron con matar a dos rehenes si no les entregaban a Cepeda.




