
Los signos vitales de la Tierra son preocupantes, según un nuevo informe
Los autores del estudio afirman que hay esperanza de encontrar soluciones a pesar del calor récord y las tormentas históricas
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WASHINGTON.– Cada semana de este verano y en lo que va de este otoño trajo informes de calor récord o tormentas históricas: este julio fue el mes más caluroso registrado en la historia de los Estados Unidos continentales. Solo en California, los últimos cuatro días superaron los 37,8 °C, lo que constituye la racha más larga de este tipo de la que se tiene registro y, debido a un fenómeno de El Niño sin precedentes, los últimos cinco huracanes del Pacífico marcaron nuevos máximos tanto en potencia como en persistencia.
Ahora, un séptimo informe anual sobre el “estado del clima”, publicado el miércoles en BioScience, subraya con datos lo que se sintió durante 2026: un clima peligroso e impredecible ya está entre nosotros. El estudio evaluó las cifras más recientes disponibles sobre 16 indicadores principales del cambio climático, como los niveles de carbono atmosférico, el cambio en la temperatura de los océanos y la cantidad de superficie arrasada por incendios.
“Creo que existe una posibilidad real de que alguien que hoy tiene 30 años presencie durante su vida cambios importantes asociados con puntos de inflexión climáticos”, señaló William J. Ripple, profesor de Ecología de la Universidad Estatal de Oregón y autor principal del nuevo estudio.
Aun así, existen motivos para pensar en posibles soluciones. El informe también identifica herramientas que, si se aplicaran a gran escala, podrían modificar parte de la trayectoria actual. Además, destaca los avances logrados por las tecnologías energéticas de bajas emisiones, lo que sugiere que el planeta podría haber entrado en una “Era de la Electricidad” a medida que aumenta la inversión en esas fuentes.
En 2026, los tres gases de efecto invernadero más influyentes —dióxido de carbono, metano y óxido nitroso— alcanzaron máximos históricos, según el informe. El primero de ellos es consecuencia, en gran medida, de la quema de combustibles fósiles y, mientras la población mundial continúa creciendo —alrededor de 1,3 millones de personas por semana—, también aumentan el consumo de petróleo, gas y carbón. En conjunto, el uso de combustibles fósiles creció un 0,9% durante 2025 y las emisiones de dióxido de carbono vinculadas a la energía superaron por primera vez en la historia las 41 gigatoneladas, según el estudio.
Más población también implica una mayor demanda de alimentos y la producción de carne per cápita se encuentra asimismo en niveles récord. Las poblaciones ganaderas, responsables de enormes emisiones de metano, crecen a un ritmo estimado de 700.000 animales por semana.
Por otra parte, en las tierras que no se destinan a la producción ganadera, los bosques continúan ardiendo. En 2025 se destruyeron 10,8 millones de hectáreas por incendios forestales, la tercera cifra más alta jamás registrada. Este fenómeno es uno de los múltiples factores que contribuyen a lo que los autores describen como un desequilibrio energético creciente en el planeta, donde la Tierra acumula más energía de la que logra disipar.
Una de las consecuencias es que los océanos absorben más calor que en el pasado, mientras los glaciares y las masas de hielo polar alcanzan mínimos históricos, según detalla también el informe. Ese hielo se derrite, elevando el nivel del mar, mientras los océanos continúan calentándose. A su vez, esa es una de las razones fundamentales por las que se espera que el fenómeno de El Niño de este año resulte tan devastador.
Este tipo de dinámica de retroalimentación constituye una de las principales conclusiones del informe: existen fuerzas aceleradoras capaces de empujar al planeta a cruzar umbrales que, una vez superados, ya no pueden deshacerse fácilmente.
Ripple agregó: “Estoy particularmente preocupado por las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, la selva amazónica y el posible debilitamiento de la circulación oceánica del Atlántico. [...] Lo preocupante de los puntos de inflexión es que es posible que no nos demos cuenta de que cruzamos uno hasta que ya sea demasiado tarde para revertir los cambios”.
“Este informe utiliza una enorme cantidad de buenos indicadores”, señaló Meg Mills-Novoa, directora del Laboratorio de Futuros Climáticos de la Universidad de Columbia Británica, quien no participó del estudio. “Pero lo que para mí fue un verdadero golpe al estómago es lo que está ocurriendo con la masa de hielo. Son señales extremadamente claras, no solo de cambio climático, sino también de cambio climático irreversible”.
No todas las tendencias son inevitables. Por primera vez en más de un siglo, las energías renovables superaron al carbón como fuente de energía global en 2025 y los costos de esas nuevas fuentes continúan disminuyendo. El informe señala que la proporción de vehículos eléctricos dentro de las ventas de automóviles nuevos siguió creciendo y alcanzó nuevos récords. En conjunto, alrededor del 43% de la electricidad mundial provino de fuentes de bajas emisiones de carbono durante 2025.
Los científicos que participaron del informe describen estos cambios como el ingreso a una “Era de la Electricidad”. Incluso mientras continúa creciendo el uso de combustibles fósiles, la distancia entre la demanda energética basada en combustibles fósiles y la de energías renovables se acorta progresivamente.
“En lo que realmente tenemos que pensar, y es algo que me entusiasma mucho, es en una adaptación que logre la descarbonización y que, al mismo tiempo, permita enfrentar los impactos que ya estamos viendo”, afirmó Mills-Novoa. Como ejemplo mencionó los paneles solares que se están instalando sobre extensos tramos de canales de riego en California. Esos sistemas “evitan parte de la evaporación del agua de los canales y al mismo tiempo producen energía renovable”.
Los autores del informe sugieren otras medidas similares. Por ejemplo, los manglares nuevos o restaurados pueden proteger las costas frente a las marejadas ciclónicas y actuar además como importantes sumideros de carbono. Del mismo modo, los sistemas descentralizados de energía solar pueden ayudar a sostener el suministro eléctrico durante tormentas intensas y reducir la dependencia de combustibles que generan emisiones.
“Tenemos muchas de las herramientas necesarias para abordar el cambio climático”, concluyó Ripple, “pero no las estamos utilizando con la velocidad suficiente”.



