
Los vecinos se quejan de la presencia de travestis
Están en el Rosedal y en Constitución
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Los faros de un Volkswagen Gol celeste con vidrios polarizados barren la calle Constitución. Son las 21 y la música del grupo Miranda escapa por la ventanilla: "Yo quiero ser tu negro del camión, yo quiero ser un cerdo picarón, yo quiero hacerte las cosas más sucias de un modo elegante". El auto se detiene en la esquina, delante de un grupo de travestis. El conductor lanza una serie de preguntas y luego continúa viaje. No hay acuerdo.
La situación se repite un par de veces más con otras "chicas" hasta que ya nadie se acerca al Gol, y entonces el automóvil abandona la zona. "Acá la mayoría de la gente viene a molestar. No son clientes. Incluso hay familias que pasan con niños a vernos como si fuéramos un espectáculo. Eso molesta a los vecinos, más que la presencia nuestra ofreciendo sexo en la vía pública", dice Jorgelina, un travesti que, enfundado en una minifalda de red, todas las noches camina por Constitución.
La oferta de sexo en la calle parece pasar inadvertida, pero molesta a los vecinos de ese barrio. Los autos vienen y van en la noche. Y los comercios dejan abiertas sus puertas hasta tarde; allí, pese a las prohibiciones, se vende bebidas alcohólicas.
Las prostitutas aseguran que aunque saben que, aquí, en cualquier momento la policía las detiene para labrarles una multa por infringir el Código Contravencional, continúan en el barrio porque la zona es segura y hay muchos albergues transitorios.
Laura, una prostituta que trabaja en Constitución, asegura que en la Capital la Policía Federal no cobra coimas. "Eso pasa en la provincia de Buenos Aires. Aquí nos labran contravenciones, pero no pasa nada porque nunca hay sanciones", señala.
Molestias en Palermo
En la zona del Rosedal los vecinos de Palermo se sienten molestos por la recurrente presencia de los travestis. "Yo hago mi vida. Pero esta gente molesta. También perturba el continuo desfilar de los autos. Esto es tierra de nadie y a la noche la zona se vuelve un poco más insegura", dice Gustavo, un vecino que prefiere no revelar su apellido, porque todas las tardes corre por el Rosedal.
Zamira, un travesti que trabajó en Godoy Cruz y que ahora recorre las calles internas del lugar, dice que desde hace un tiempo el Rosedal se pobló de menores que ofrecen sexo. "Hay travestis que tienen menos de 18 años y nadie los controla. Ni los fiscales ni la policía hacen nada. Acá a los únicos que evitamos son a los travestis peruanos y bolivianos porque le roban a la gente y eso va en contra de nuestro negocio", dice.
Son las 22 y dos mujeres corren entre los autos que desfilan por el Rosedal en busca de travestis. "No podemos decir que esta gente nos moleste. En verdad hacemos de cuenta que no existen. Pero lo cierto es que estaríamos más tranquilos si no estuvieran", dice Susana, otra vecina que descansa en un banco mientras la noche se extingue y da paso a la madrugada.
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