
Luque pensó en declararse culpable
Así lo admitió su abogado defensor, Víctor Pinto, quien le aconsejó que no lo hiciera y que insistiese en su inocencia
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Para evitar que el juicio por el crimen de María Soledad Morales concluya con su humanidad entre rejas, Guillermo Luque pensó en declararse culpable y afirmar que mató a la joven por accidente.
Así lo admitió ayer, en diálogo con La Nación , Víctor Pinto, uno de sus abogados defensores.
"Cuando comenzó el juicio, las idas y venidas causaron un bajón anímico a Guillermo, y un día me dijo: "Mire doctor, ya estoy cansado, haga lo que haga van a querer condenarme, ¿qué tal si les digo que fue un accidente?" "Entonces yo le dije que la confesión puede ser válida, pero tiene que ser circunstanciada, explicar cómo fue, y si eso se contradice con los elementos de la causa, podría seguir el proceso", recordó Pinto en su casa de Banda de Varela, donde suele descansar de los avatares del sonado proceso oral y público.
Pero Guillermo Luque no se amilanó y volvió a la carga: "Podemos negociar y se acaba el juicio", comentó a Pinto.
Si Luque se declaraba culpable de homicidio preterintencional le esperaba una condena máxima de seis años, pero al mismo tiempo la libertad.
Con los dos años que estuvo detenido y la ley del dos por uno (que computa el doble de tiempo en prisión sin sentencia), sólo le habría restado cumplir dos años en libertad condicional.
Pero Pinto lo convenció para que afrontara el juicio y buscara, por todos los medios a su alcance, un fallo absolutorio que dejara limpios su nombre y su honor.
Guillermo Luque presentía que el devenir del proceso y los testimonios adversos lo podían poner contra las cuerdas. Y fue un visionario, porque así se encuentra hoy, tras nueve semanas de debate.
Después de la declaración de anteayer del mucamo Ramón Medina, Luque entró en una profunda depresión.
"Le hizo sentir un bajón y sufrió mucho", se sinceró Pinto, que confesó que su cliente, si bien esperaba un vuelco en la actitud del ex empleado de la residencia Puerta de Hierro, nunca pensó en el impacto emocional que le provocaron sus dichos.
Medina no dudó al recordar haber lavado sus ropas ensangrentadas y que vio al jardinero Manuel Moreno limpiando manchas de sangre en el Falcon verde de los Luque.
El testimonio, que salpicó a toda la familia, tuvo consecuencias en la salud del padre del acusado, Angel Luque, que en la madrugada de ayer sufrió una nueva descompensación diabética. Esto lo obligó a hacerse nuevos análisis con su médica, Patricia Bollado.
No obstante el golpe que significó para el principal acusado el testimonio de Medina, Pinto dijo que la declaración "es nula, porque ya fue condenado por falso testimonio. No me preocupa jurídicamente, a pesar de la repercusión pública que tuvo".
El efecto dominó
Para la fiscalía, en cambio, la prueba que aportó Medina significa un vuelco que puede prenunciar futuras declaraciones similares. Una suerte de efecto dominó.
En ese sentido, tanto las defensas de las partes como los abogados de la familia Morales y el fiscal Gustavo Taranto aseguran por lo bajo que aparecerán nuevos testimonios que harán vibrar a los jueces del tribunal.
Uno de ellos se presentará pasado mañana.
Se trata del policía José Roberto Silva, que estuvo de guardia en la residencia de los Luque el viernes 7 de septiembre de 1990.
Distintas fuentes que operan subterráneamente para aportar testigos confiaron a La Nación que es probable que la declaración del uniformado complique la ya de por sí difícil situación de Guillermo Luque.
No obstante, a partir de esta semana comenzarán a desfilar algunos de los testigos propuestos por los acusados, cuyas declaraciones podrían contrarrestar lo oído hasta ahora.
La hora de Tula
Luis Tula, que la semana última pareció un empleado público impaciente a la espera de que terminara su horario, puede comenzar a sudar la gota gorda.
Hasta el propio Pinto reconoce que Tula "es el talón de Aquiles del fiscal, pues no sabe cómo vincularlo con la causa". Con cierta envidia admite que "a Tula es fácil sacarlo de una sentencia porque está pegado con agua".
Pero la presencia del ex comisario Luis Patti, el próximo viernes, con su teoría del crimen pasional, terminaría con las pequeñas vacaciones de las que gozó Tula la semana última.
Una bocanada de aire fresco que, por cierto, no le vendrá nada mal a Guillermo Luque.
Ramón Medina no tiene miedo
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Ramón Medina no tiene miedo. Habla pausado, sonríe y asegura que haber dicho la verdad en el juicio por el crimen de María Soledad Morales le puso punto final a un calvario de siete años.
El hombre, que en la última jornada de la semana asestó un cross a la mandíbula de Guillermo Luque al declarar que vio cómo el jardinero de la casa, Manuel Moreno, lavaba manchas de sangre de un Falcon verde, dice que no tiene rencor.
"Espero que Moreno diga la verdad de una vez por todas. Si lo hace, va a saber lo que es vivir con la conciencia tranquila", relató, en una charla con La Nación , el ex mucamo de Puerta de Hierro.
La consigna policial que dispuso el tribunal lo protege día y noche. Una casilla humilde de bloques de conchilla y con una parte del techo cubierto por cañas fue el sitio elegido por Medina para pasar sus días.
Es en el barrio Parque Norte, un conglomerado de viviendas humildes por las que sobrevuela una nube de polvo que se levanta de las calles.
Se siente reconfortado y sonríe con amargura cuando recuerda sus días en la cárcel, donde estuvo 16 meses por haber falseado una declaración.
El ex mucamo creyó que su vida se derrumbaba. Tenía apenas 19 años cuando trabajaba en la casa de los Luque y semejante golpe lo afectó.
Hoy dice que está recuperado gracias a sus amigos, a sus familiares y a Dios. "Soy creyente y la oración fue mi salvación", sostuvo.
Cuando dejó la cárcel, el Patronato del Liberado le consiguió un trabajo que lo alejó de esta capital durante años. Fue el casero de la familia Romero en la finca que posee en La Puerta de Ambato, a 40 kilómetros de aquí.
"Allá cuidaba y alimentaba los animales. Me sentía tranquilo y con ganas de rehacer mi vida. En un lugar rodeado de sierras pude reflexionar, y antes de que comenzara el juicio del año pasado, decidí decir la verdad", explicó el muchacho.
Ramón es uno de los cuatro hijos del matrimonio Medina. Sus padres, que viven en Huiya Pima, una localidad del interior provincial camino a Chumbicha, no siguieron de cerca la historia porque el ex mucamo se encargó de protegerlos.
"A ellos le cayó muy mal cuando tuve que ir a prisión, sufrieron serios problemas de salud", recordó.
Sin embargo, con Oscar y Gladys Romano fue sincero: "A ellos les confesé que tenía un gran peso encima por no contar la verdad".
Los Romano estuvieron el viernes sentados en la sala de audiencias para mostrarle su respaldo. Medina se sintió reconfortado.
Al volver sobre su declaración, dijo: "Moreno no dice la verdad porque todavía trabaja con los Luque como repartidor en una casa de comidas".
Y, sin perder la tranquilidad, disparó con munición gruesa: "Guillermo Luque sabe quiénes fueron las otras personas que participaron en el crimen. Y tendría que decirlo".
Misterioso
"Si hubo encubrimiento, no fue para favorecer a Guillermo Luque ni a Luis Tula; acá hay otras personas ligadas al poder que podrían ser involucradas", afirmó Víctor Pinto, abogado del primero. El letrado pronunció la frase en tono misterioso, pero cada vez que puede pregunta a los testigos si Arnoldito Saadi, primo del ex gobernador Ramón Saadi, estaba la madrugada del 8 de septiembre de 1990 en Clivus, donde habría ido a bailar por última vez María Soledad Morales.





