
Marcha en California por las chicas desaparecidas
Unas 1500 personas pidieron justicia ante las oficinas del FBI
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MODESTO, California.- Jane Matheus llegó ayer a esta ciudad con una enorme bandera argentina colgada del hombro derecho. Es granjera, tiene 43 años, no habla una palabra en español y poco conoce del país cuya insignia porta. "Sólo quiero representar a los argentinos que no pueden estar aquí", explicó.
Se acercaba el mediodía de ayer y el clima de pueblo fantasma de Modesto en domingo comenzaba a ceder: casi 1500 personas se unieron en una marcha y en un acto de solidaridad con los familiares de la joven cordobesa Silvina Pelosso y de sus dos amigas californianas desaparecidas hace hoy un mes.
Se llamó Vigila por la esperanza. Un encuentro que juntó a padres y allegados de víctimas de asesinatos o desapariciones de todo California con miembros de organizaciones no gubernamentales y vecinos de localidades cercanas, que rezaron por que se cumpla el milagro y las mujeres estén vivas.
"Les agradezco a todos que estén acá. Sólo les pido que se mantengan alerta y ante cualquier cosa que les resulte sospechosa en su barrio llamen al FBI", dijo Raquel Pelosso, la madre de Silvina, sobre un escenario montado en el parque Graceada.
Fue un día gris. La gente siguió el acto durante tres horas desde un anfiteatro, con las infaltables hamburguesas y gaseosas en mano.
A un lado del escenario flameaba la bandera argentina. Al otro, la de los Estados Unidos. "Hoy somos dos naciones unidas en el dolor", susurró Raquel, en inglés, antes de cerrar su discurso.
Silvina Pelosso, Carole Sund y su hija Julie fueron vistas por última vez el 15 de febrero, cuando visitaban el parque nacional Yosemite, a 120 kilómetros de aquí. Desde entonces no se sabe nada de ellas y el FBI cree que fueron asesinadas.
Peregrinaje
Para Modesto fue un día atípico. "Nunca habíamos vivido algo así. Pero queremos dar respuestas a la gente de aquí y de la Argentina", señaló el alcalde Richard Lang.
Desde temprano comenzó a llegar gente de distintos puntos de los Estados Unidos, con banderas y carteles. Se reunieron en la puerta del hotel Double Tree, base de operaciones del FBI desde que se encontró en esta ciudad la billetera de Silvina, dos días después de la desaparición del trío.
"La elección del lugar no es casual -comentó Ken Sund, ideólogo de la marcha y tío de Julie Sund-. Queremos mostrarle a los investigadores que la comunidad no se olvida. Y esperamos que alguien que sepa algo nos avise."
Junto con él estaban Francis y Carole Carrington, padres y abuelos de las norteamericanas desaparecidas. "No nos vamos a ir hasta que se haya revisado hasta la última piedra", enfatizó la mujer.
Desde el hotel partió una caravana de dos cuadras de largo hacia el parque, a unos 700 metros de distancia. "Protéjannos", rezaba en inglés el cartel que mostraba sobre su cabeza Katy, una niña de Modesto, de 7 años. "Tráiganlas a casa", decía la pancarta que llevaba Lucía, comerciante de la zona.
La mayoría de los asistentes había pasado por experiencias terribles. "Mi hermana desapareció hace 10 años. Sabemos quién la mató, pero no aparece el cadáver. Es desesperante. Sólo quise venir a dar mi apoyo a los Pelosso y a los Sund", relató Debra Sexton, de la ciudad de Turlock.
Una docena de manifestantes lucía una camiseta con la foto de una joven. Eran los familiares de Cyndi Vanderheiden, de Linden, California, misteriosamente perdida hace cuatro meses.
La mujer que llevaba la bandera argentina viajó desde Southern Humbolt, a 400 kilómetros de aquí. "Esta gente es diferente a nosotros, pero queremos mostrar que estamos con ellos", indicó esta madre de tres hijas.
La acompañaba su marido, Bill, un veterano de guerra, que mostraba un cartel adornado con los colores argentinos y norteamericanos. "Los milagros ocurren. Sólo vine a dar fe de eso", expresó.
Lo mismo les dijo a los Pelosso Bob King, un amigo de la familia Carrington. Una nieta de este hombre de 71 años estuvo desaparecida dos meses. Y la encontraron con vida en una casa abandonada. "Ella tenía dos años. Ahora es una adolescente feliz, de 16", contó King.
Mara y John Keson formaron una asociación de ayuda a familiares de jóvenes asesinados. Su hija fue acuchillada, descuartizada y decapitada hace nueve años. "Sabemos lo que se sufre. Vinimos a transmitirles esperanza", explicó Mara.
El encuentro entre este matrimonio y los Pelosso fue uno de los momentos más emotivos del día. "Just keep the faith, man", le decía John a José, que no entiende nada de inglés. Los dos hombres se abrazaron y el cordobés, generalmente imperturbable, no pudo contener el llanto. El idioma del dolor es universal.



