¿Mareos extremos pero sin dolor de cabeza? Podría ser una migraña vestibular
Un experto la llama “la enfermedad más común de la que nunca has oído hablar”
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NUEVA YORK.- Hace diez años, tras regresar de un viaje al exterior, Alicia Wolf, que entonces tenía 30 años, se despertó sintiéndose mareada. Además del desfase horario, se estaba recuperando de un resfrío. Su trabajo como diseñadora de relojes en Dallas se había vuelto estresante. Su médico predijo que sus mareos desaparecerían con el resfrío. “Pero nunca se fueron”, dijo.
A medida que Wolf recorría ocho desconcertados otorrinolaringólogos, neurólogos y otros médicos, su condición empeoró. Desarrolló una sensibilidad extrema a la luz y al sonido. Mirar la pantalla de su computadora en el trabajo se volvió insoportable. Algunos días, estacionaba el auto y sentía como si todavía estuviera en movimiento.
Un médico de guardia le dijo que tenía vértigo, que es un síntoma, no un diagnóstico. “Todos decían: ‘Oh, es ansiedad, es depresión, son todas estas cosas diferentes’”, recordó. Pasaron cinco meses antes de que finalmente escuchara un diagnóstico que coincidía con todos sus síntomas: migraña vestibular.
Esta forma poco comprendida de migraña se caracteriza principalmente por mareos, desequilibrio y vértigo, pero sin dolor de cabeza. Debido a que normalmente no hay dolor de cabeza, los médicos suelen descartar por error la migraña, lo que dificulta el diagnóstico. Un estudio de 2018 encontró que solo a una décima parte de los participantes con migraña vestibular les dijeron que la migraña estaba causando sus mareos.

El estudio también encontró que casi el 3% de los estadounidenses sufre esta afección, aunque es probable que sea una subestimación, dijo Jeffrey Sharon, profesor asociado de otorrinolaringología de la Universidad de California en San Francisco y coautor del estudio.
“La llamo la enfermedad más común de la que nunca oíste hablar”, dijo. “El sistema vestibular, en general, es un rincón olvidado de la medicina”.
Tierra de nadie
Los expertos describen la migraña (vestibular o de otro tipo) principalmente como un trastorno del procesamiento sensorial. Durante un ataque, una actividad cerebral anormal activa el nervio trigémino, que libera moléculas llamadas péptidos relacionados con el gen de la calcitonina, o C.G.R.P., que inflaman los vasos sanguíneos cercanos y sensibilizan el propio nervio, intensificando la señalización del dolor. Eso hace que el sistema nervioso se vuelva hipersensible a estímulos que normalmente toleraría y puede producir una amplia variedad de reacciones a la luz, el sonido e incluso los olores. Las reacciones pueden variar de una persona a otra, e incluso de un ataque a otro.
La migraña vestibular afecta principalmente al sistema vestibular, ubicado en el oído interno, que trabaja junto con el cerebro para ayudar a mantener el equilibrio y coordinar la postura y los movimientos oculares. Cuando este sistema de equilibrio se vuelve hipersensible, provoca los característicos mareos y desequilibrio.
Debido a que implica mareos, la migraña vestibular queda en una zona gris entre dos especialidades: neurología y otología. A menudo se la confunde con la enfermedad de Ménière, un trastorno del oído interno, o con el mareo postural-perceptivo persistente, una afección neurológica crónica. Hasta 2012, la migraña vestibular carecía de criterios diagnósticos formales.
Si bien la mayoría de los neurólogos y otorrinolaringólogos ya están familiarizados con la afección, muchos médicos de atención primaria no lo están, dijo Cynthia Ryan, directora ejecutiva de la Vestibular Disorders Association, un grupo de defensa de pacientes. Sharon dijo que su paciente promedio había visitado al menos a cinco profesionales antes de llegar a él.
Los expertos no están seguros de por qué los síntomas vestibulares aparecen en algunas personas y no en otras. Pero tener antecedentes de migraña, en cualquiera de sus formas, puede aumentar la probabilidad de experimentar una migraña vestibular. Según el estudio de 2018, tener menos de 40 años, ser mujer y tener ansiedad, depresión o un traumatismo craneal previo se asociaron con “probabilidades significativamente mayores” de padecer migraña vestibular.
“A menudo la gente piensa: ‘Solía tener migrañas en la adolescencia, pero ya no las tengo, así que esto no puede ser migraña’”, dijo Margaret Aron, profesora clínica asistente de otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello de la Universidad de Columbia Británica, que estudia los mareos. “Pero, de algún modo, siempre seguís siendo susceptible a las migrañas. Tu cerebro siempre es vulnerable a eso”.
Un trío de desencadenantes
Si bien diagnosticar la afección puede ser difícil, existe consenso sobre los factores más comunes: estrés, falta de sueño e inflamación.
Mi propia experiencia con la migraña vestibular incluyó los tres. En diciembre, mi esposa dio a luz a nuestro primer hijo. El sueño se volvió pésimo. El trabajo se acumulaba y yo sufría de alergias estacionales. Una noche, frente a la computadora, terminando un proyecto, me invadió un vértigo intenso. Girar la cabeza hacía que la habitación diera vueltas. Lo repentino e intenso del ataque fue aterrador; quedé en cama durante horas. Durante varios días después, me sentí letárgico y sensible a la luz y al sonido, como si tuviera resaca.
Durante los cuatro meses siguientes, esto ocurrió media docena de veces más. Cada ataque siguió a una jornada laboral intensa o a un viaje y varió en gravedad. Mi médico de atención primaria estaba desconcertado. Un audiólogo no detectó pérdida auditiva, lo que descartó la enfermedad de Ménière. Una resonancia magnética no encontró nada. Un optometrista no detectó cambios en la visión. Pero el neurólogo lo sabía.
Por si acaso, me reuní con mi otorrinolaringólogo, Philip Littlefield, que atiende cerca de mi casa en San Diego. Estuvo de acuerdo con el diagnóstico del neurólogo.
Pero yo no tenía antecedentes de migraña, le dije. ¿Por qué ahora?
Mencionó el trío de desencadenantes y mi edad (35 años). También señaló que las personas que tienen migrañas suelen tener cerebros sensibles a los estímulos sensoriales. Al pensar en eso, me di cuenta de que siempre me molestaron con facilidad los sonidos, especialmente cuando alguien mastica fuerte. Mi respuesta vasovagal también es molestamente sensible; las extracciones de sangre me hicieron desmayarme. Littlefield vio un patrón. “Estás justo en el medio del camino con esto”, dijo.
No hay una solución mágica
No existe un enfoque único para tratar la migraña vestibular. En muchos casos, los médicos recetan un cóctel de distintos medicamentos, cambios en el estilo de vida y suplementos. Los protocolos son multidisciplinarios e individualizados, y los profesionales suelen discrepar sobre qué funciona. Algunos, por ejemplo, confían plenamente en los betabloqueantes, mientras que otros dicen que son inútiles. (Si funcionan, todavía no se entiende por completo por qué; algunos especialistas creen que es porque calman un cerebro hiperactivo, relacionado con el estrés que suele desencadenar los ataques).

Después de que un otorrinolaringólogo sospechara que Wolf tenía migraña vestibular, ella se puso en contacto con Shin Beh, un neurólogo que dirige una clínica privada en Irving, Texas, especializada en trastornos vestibulares y migrañosos. Beh dijo que la mayoría de las personas llega a él después de pasar sin éxito de un especialista a otro, algo que compara con “deambular por el desierto”.
Al revisar las resonancias magnéticas del cerebro de Wolf, Beh identificó pequeñas manchas en la sustancia blanca (pequeñas áreas donde el cableado del cerebro sufrió algún cambio menor) que pueden indicar actividad migrañosa. Teniendo en cuenta sus síntomas y estilo de vida, confirmó el diagnóstico.
Beh diseñó un plan de tratamiento para Wolf que incluía timolol, un colirio betabloqueante, y lorazepam para tratar su ansiedad. También tomó varios suplementos que los estudios sugieren que podrían ayudar a prevenir la migraña, como magnesio, CoQ10 y vitamina B2. Además, Beh le recomendó algunos cambios importantes en el estilo de vida: Wolf dejó su trabajo de alto estrés y eliminó el alcohol y la cafeína.
Con el tiempo, Wolf pasó gradualmente de sufrir mareos casi constantes y frecuentes ataques incapacitantes de vértigo a pasar horas sin síntomas, luego días y después meses. Ahora, 10 años más tarde, dice que está en remisión. Todavía toma suplementos todos los días, pero solo utiliza lorazepam y timolol como medicamentos de “rescate”.
Más trabajo por hacer
Los especialistas y los pacientes dicen que la migraña vestibular está empezando a recibir la atención que merece.
Sharon realizó recientemente un estudio aún no publicado junto con Jason Allen, neurorradiólogo de la Universidad de Indiana, para analizar la actividad cerebral en pacientes con migraña vestibular. Descubrieron que la ínsula, el centro cerebral encargado de integrar la información sensorial con el procesamiento emocional y cognitivo, estaba particularmente afectada.
“La hiperactividad de la ínsula parecería explicar muchas de las características clínicas que observamos en la migraña vestibular”, dijo.
Y la investigación sobre la migraña en general arrojó luz sobre las causas y los tratamientos de la migraña vestibular, sobre todo a través del estudio del C.G.R.P. Los científicos identificaron el C.G.R.P. en la década de 1980, pero hicieron falta décadas de investigación para establecerlo como el mecanismo clave detrás de la migraña. Jeffrey Staab, psiquiatra de la Clínica Mayo especializado en trastornos del mareo, lo llama “la primera pista patológica realmente única de la migraña”.
En 2018, una ola de medicamentos dirigidos al C.G.R.P. finalmente llegó al mercado: las primeras terapias diseñadas específicamente para la migraña. Ahora hay indicios de que los medicamentos contra el C.G.R.P. también pueden ayudar a algunas personas con migraña vestibular.
En un estudio de 2024, Sharon y sus colegas descubrieron que un fármaco inhibidor del C.G.R.P. llamado galcanezumab (nombre comercial Emgality) superó a un placebo en la reducción de los mareos. Otro inhibidor del C.G.R.P., Ubrelvy, hizo maravillas en mi caso. Pero no hubo grandes ensayos que pusieran a prueba la eficacia de estos medicamentos para la migraña vestibular, y los expertos señalaron que algunos pacientes observan beneficios modestos o ninguno.
Al mismo tiempo, los triptanes, una clase de fármacos conocidos como agonistas selectivos de los receptores de serotonina, que cuentan con evidencia sólida para el tratamiento de la migraña, mostraron escaso efecto sobre la migraña vestibular.
Si bien el objetivo final es desarrollar mejores tratamientos para la migraña vestibular, los expertos primero necesitan una comprensión más profunda de la enfermedad, dijo Sharon.
“Está surgiendo una imagen más compleja”, afirmó, “en la que la migraña vestibular comparte muchas características con la migraña, pero no son lo mismo”.
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