
Tiene 12 años, vive en Monte Grande y es una promesa de la danza clásica
1 minuto de lectura'
"¿De Canadá?", se interrogaron recelosos Andrea Fernández y Pablo Castro en su casa en Monte Grande, en el sur del GBA. Él enseguida dijo que no quería saber nada. Pero ella pidió más detalles. Les explicaron que el canal canadiense de televisión TV5 les proponía filmar durante dos días la rutina completa de su hija, Martina Castro Fernández, de 12 años, que estudia danza clásica y despunta como una promesa.

Por timidez, al principio Martina tampoco se entusiasmó con la idea. Pero entre su profesora de danza y sus primos la convencieron de deponer sus temores. Entonces ella y sus padres accedieron a filmar un capítulo para el ciclo Enfant Prodige, que incluye casos de chicos destacados de muchos lugares del mundo. El proyecto se estrenará el año próximo y será difundido en todos los países de habla francesa.

Martina también se distingue porque su trayectoria sigue un recorrido distinto al de la mayoría de las chicas que se inician en la danza clásica: empezó a practicarla a los once años, cuando lo habitual es hacerlo desde los seis. Además, no sueña con incorporarse al Teatro Colón. En cambio, se propone representar a la Argentina en alguna compañía importante de ballet en el exterior.
Mientras tanto, Martina ya logró que la aceptaran en La Fábrica de Arte –la fundación de Maximiliano Guerra–, obtuvo una beca de perfeccionamiento en el American Academy of Ballet, de Nueva York, y pasó una semana como invitada en el
Bolshoi de Brasil. Ahora se entrena con la profesora Silvina Vaccarelli, bailarina del Teatro Colón.
Además cursa libre el colegio secundario con un promedio superior a los nueve puntos. Pero no todo en su vida fue siempre tan luminoso: cuando eligió el camino de la danza, en el colegio padeció bullying y se quedó sin amigas.

El primer contacto de Martina con el baile fue a los nueve años, cuando empezó a tomar clases de jazz. Al año siguiente, sus padres quedaron desconcertados cuando su hija les dijo que quería ser bailarina profesional: en la familia no había ningún antecedente. Entonces, para confirmar si tenía condiciones objetivas, consiguieron una audición con una profesora que prepara alumnos para el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Su veredicto despejó las dudas: Martina tenía talento para hacer carrera.
Y cuando más adelante audicionó para ingresar en La Fábrica de Arte, el diagnóstico de Gabriela Pucci confirmó el anterior: "¡No arruga la chiquita!". Quería decir que la pequeña Martina, entonces de 11 años, estaba aceptada para sumarse al grupo, integrado por chicas más grandes que ella.
"¡Me da felicidad y me divierto!", dice Martina sobre la danza. Cuenta que sus obras favoritas son El lago de los cisnes y Don Quijote. Aunque también escucha música pop, como Camila Cabello. "Me gustaría irme afuera para representar a mi país en alguna compañía importante de ballet: el Ópera de París, el Royal Ballet de Londres o el Bolshoi de Rusia". El Teatro Colón la seduce menos: "No me llama tanto".

Cada día, Martina se levanta a las ocho y toma el desayuno que la noche anterior dejó preparado en un tupper en la heladera: una mezcla de avena, leche, almendras, chía y canela, que acompaña con una banana. Después sale enseguida para Buenos Aires con Andrea, que maneja los 38 kilómetros que separan a Monte Grande de Buenos Aires. Al mediodía suele almorzar dentro del auto. Fideos de arroz con verduras, hamburguesas de garbanzos o milanesas de soja componen el menú habitual para conservar sus 50 kilos.

"La dieta no es tanto para adelgazar sino para ganar energía. Por el peso no me preocupo: ¡como de todo!", aclara mientras se dispone a iniciar una clase con Silvina Vaccarelli, bailarina del Teatro Colón y profesora de danza, que la entrena en Estudio Domus, en Monserrat.
Su rutina le resulta tan estimulante como exigente. Por las mañana estudia. Luego, tres veces por semana, de 12.30 a 14, toma clases personales, y dos veces grupales. Después sale corriendo para hacer Pilates, dos días a la semana, durante una hora y media. También toma clases de inglés y francés: "Le servirán para su profesión", dice Adriana.
Además, a Martina la controlan un nutricionista, el deportólogo del teatro Colón, un osteópata y una masajista. Toda esa estructura de profesionales es financiada por los padres de Martina: "Hacemos todo a pulmón", cuentan.

"Salir al escenario es la mejor parte de bailar", dice Martina con una amplia sonrisa, y aclara que la audiencia no la pone nerviosa. Con La Fábrica de Arte durante, dos años representó en el Teatro Astral Don Quijote y La Bayadera.
Martina sólo se ensombrece un poco al recordar que en el colegio sufrió bullying cuando eligió dedicarse a la danza: "Perdí a mis amigas por la envidia", cuenta. Y recuerda: "Hasta me desearon la muerte". Una semana después de ese episodio, cayó enferma. Cuando Martina completó el colegio primario se cambió a un sistema de educación a distancia a través de internet. Ahora ya recuperó la sonrisa y se alegra de haber formado nuevas amigas en los grupos de baile.
"Estamos muy orgullosos de ella", admite Andrea sobre su hija única, pero aclara que es ella la que decide el rumbo de su vida. Y agrega que siempre le recuerdan: "Si algún día te das cuenta de que no es lo tuyo, lo terminamos, nadie te obliga a seguir".
1
2La enigmática visita de “MBZ”: el exclusivo complejo a una hora de Bariloche donde se alojaría el emir de Abu Dhabi
3El santuario escondido entre las casas de Belgrano R al que todos quieren volver
4Ciudadanía italiana: Hito Mundial, el Estudio De.Martin & Asociados gana el primer juicio luego de la entrada en vigor de la Ley 74/2025 y rescata a millones de descendientes a nivel global



