Más amenazas de atentados contra Coto
Temor: en Ramos Mejía, en otro local de la firma, fueron evacuados los clientes ante la colocación de una bomba, pero resultó ser una falsa alarma; explicación de Coto.
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Otra vez nuevas amenazas de atentados con explosivos atemorizaron a clientes y a vecinos de dos supermercados Coto, situados en el barrio Nueva Pompera y en la ciudad de Ramos Mejía.
El primero de los episodio sucedió a las 11, en la boca de expendio que posee la empresa en la esquina de Tilcara y Lebenshon, de esta capital.
Allí vecinos alertaron a la policía sobre la existencia, en la vereda de una finca lindera a Coto, de dos bolsas plásticas de supermercado que contenían dos pan dulce, dos botellas de sidra y un sugestivo reloj despertador, como los que se utilizan como complemento del detonador en las clásicas bombas de tiempo.
Evacuación y temor
Ante el riesgo de un posible estallido, personal la Policía Federal evacuó varias viviendas cercanas y efectivos de la División Brigadas del Departamento de Explosivos colocaron un dispositivo con el que detonaron los paquetes que, finalmente, no eran bombas.
La pequeña deflagración causó daños menores en el frente de la finca, cuyo uno de sus moradores, que no quiso identificarse por temor, dijo a La Nación: "Somos una familia de simples trabajadores y nos preguntamos qué tenemos que ver nosotros con los problemas de Coto. Ahora, todos en la cuadra estamos atemorizados por estos hechos".
Susto en Ramos Mejía
Luego, poco después del mediodía, en la sucursal que la cadena de supermercados posee en el cruce de la avenida Rivadavia y Moreno, en Ramos Mejía, se recibió un llamado anónimo sobre la supuesta colocación de una bomba.
Minutos después, personal de la Brigada de Explosivos de la Unidad Regional de La Matanza de la Policía Bonaerense, tras evacuar el local comercial con los consiguientes temores de los clientes, comprobó que sólo había sido una falsa alarma.{Subtítulo} Explicaciones de Coto En la curiosa conferencia de prensa convocada en la tarde de ayer, Alfredo Coto, presidente de la cadena de supermercados damnificada, no brindó información esclarecedora sobre los pormenores de la investigación por los ataques y las amenazas concretadas y anunciados por la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP) contra los locales comerciales y directivos de la empresa.
Coto se esforzó en mostrar las incongruencias de una organización que "dice defender al pueblo, pero lo expone al peligro de los artefactos explosivos en lugares de concurrencia masiva" y que "se proclama nacional y popular y, sin embargo, ataca a una empresa constituida en un ciento por ciento por capital nacional, gestada y dirigida desde hace 27 años por argentinos".
Entonces, cuando se le preguntó si entre los accionistas de la firma figuraba el presidente Menem, situación que haría proclive la intencionalidad política de los ataques de la ORP, el presidente de la cadena comercial dijo: "Ustedes saben bien quién es el dueño de Coto. Yo fui siempre el responsable de la firma y losperiodistas están al tanto de mis movimientos. No se puede meter el ruido político de por medio".
Tras ingresar en la sala (ver aparte) en compañía de su gerente de Relaciones Públicas, leyó el comunicado que llevaba escrito y el texto fue e entregado a los hombres de prensa.
Las preguntas más relevantes no estuvieron a cargo de los periodistas sino del titular de la firma, único orador del encuentro que prefirió, sin embargo, llamarse a silencio al ser interrogado.
Por qué la (ORP) eligió a Coto como blanco de sus ataques, para quiénes trabaja el grupo y a quiénes representa fueron las incógnitas planteadas por el presidente de la firma.
El titular de la empresa señaló que las amenazas de la ORP de "atacar a todos nuestros directivos porque no nos dejamos extorsionar" responden, precisamente, a la firme posición adoptada por Coto, "seguramente la más complicada".
Una curiosa manera de presentarse
Como si una realidad de amenazas, extorsiones y atentados no fuera suficiente para la firma Coto CICSA, la conferencia de prensa brindada ayer por el presidente de la cadena de supermercados tuvo un inicio y un final dignos de un filme de espionaje.
En el escenario creado por la sala cedida por la Cámara Argentina de Supermercados para realizar la reunión, una veintena de periodistas acompañados de otras tantas cámaras fotográficas y filmadoras aguardaba la entrada de Alfredo Coto.
Todos observaban la parte trasera del recinto, por donde sin duda debía ingresar el protagonista de la ocasión, tal como lo habían hecho los invitados.
Pero, de repente, una especie de escotilla se abrió en el piso del salón. Allí desembocaba una escalera que subía desde una planta subterránea: por ella llegó al encuentro el titular de la firma, seguido de cerca por su gerente de Relaciones Públicas.
Con la sorpresa como común denominador, los periodistas arriesgaron que el comportamiento se debería a medidas de seguridad adoptadas para proteger su integridad: Alfredo Coto no querría exponerse en la vía pública.
Finalizada la conferencia, el dueño de los supermercados emprendió rápidamente la retirada por esa especie de boca hacia otra dimensión que le habrá hecho las veces de refugio.
Nuevas pistas muestran a la ORP lejos del terrorismo ideológico
Nuevas pistas recogidas en las últimas horas y relacionadas con hechos delictivos recientes confirmarían que los integrantes de la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORP) serían delincuentes comunes que se visten de una ideología política de izquierda.
Antes que comenzará la feria judicial de este mes, en el juzgado federal de María Servini de Cubría ya se manejaban indicios firmes de un crimen cometido en el barrio de Flores y un atentado perpetrado en esta capital hace algunos meses, y que estarían conectados con miembros de la ORP.
También esta línea de investigación cobraría mayor solidez en cuanto a que uno de esos hechos de delincuencia común apuntarían de lleno al electricista José Alonso, de 36 años, detenido hace diez días en Montevideo y, hace pocos días, reconocido por la ORP como uno de sus integrantes.
De esta manera, los investigadores tendrían una clara explicación en cuanto a los fines que persigue esta organización clandestina: infundir temor con sus atentados y así poder extorsionar a firmas o a empresarios para sacarles dinero y solventar los gastos de la banda delictiva.
Esta evaluación también surge de otras causas en la que se investigaron hechos delictivos protagonizados por la ORP desde principios de 1992, cuando comenzaron con las sucesivas voladuras de cajeros automáticos de sucursales del Banco Río.
Por qué son sólo delincuentes
Se podría decir que los comunes denominadores de esta banda, de la que no descartan los investigadores que también participen algunas manos de obra desocupada de los servicios de inteligencia, serían los siguientes:
- La ausencia de definiciones políticas concretas en sus comunicados.
- Justamente el lenguaje y el tipo de la redacción de esos comunicados no estarían teñidos de una tendencia política de izquierda. Es más, rozan con un léxico a veces usado por las fuerzas militares o de seguridad.
- Sus amenazas no son focalizadas sino generalizadas, es decir, que pueden causar daños a cualquier persona, como los que frecuentan los supermercados Coto, tal como lo afirmaron en su último comunicado.
- Esas acciones demuestran un rechazo generalizado de los ciudadanos, a quienes tendrían que intentar enrolar en su supuesta causa política, por definirlo de alguna manera.
- En ninguno de los juzgados que se llevan causas en la que está involucrada la ORP surgió que fuera una organización terrorista apoyada en fines políticos. En todos los casos se los definió como extorsionadores y autores de lesiones y daños.
También se agregó que la ORP, en su gestación, a principios de los "90, habría contraído matrimonio con una facción de la extrema izquierda combativa, pero un par de años después se divorció de esa tendencia para consolidarse como una banda delictiva que ahora se cubre maliciosamente en un disfraz temido por todos: el fantasma de la subversión.
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