
Más chicos se intoxican con anilinas para teñir zapatos
Color peligroso: ya hay dos hechos en Capital; en uno de ellos, una chica de 13 años, después de un año de intoxicarse, continúa con graves trastornos; ha-bría otro caso en Santa Fe.
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Las peligrosas intoxicaciones con anilinas parecen no tener freno y sólo cuando surgen víctimas recién se toman medidas. Es decir, rige aquella ley no escrita en nuestro país de las trágicas consecuencias por la imprevisión.
Nadie podría presumir remotamente que el simple teñido de un borceguí y que tras calzárcelo podría haberle provocado la muerte a Solange Cremasco, una adolescente de 13 años, hecho del que informó La Nación hace más de año, La joven, aún hoy, padece graves trastornos psíquicos y físicos.
Ahora, en el mismo juzgado en lo civil N° 20 de la Capital Federal, a cargo de la jueza Ana Inés Sotomayor, donde los Cremasco demandaron a la firma de tintas Wassington, el matrimonio Chocrón también inició acciones legales contra la misma empresa. Esta vez, la víctima es su hija, una menor de 14 años.
A su vez, en los pasillos tribunalicios, se comentó en los últimos días que surgió otro caso similar en la provincia de Santa Fe, donde la intoxicada fue una niña de 6 años, pero sus padres, tal vez por temor o por ignorancia, aún no radicaron la denuncia correspondiente ante la Justicia.
Lo cierto es que todavía se están o se lanzan en el mercado productos de este tipo sin que se advierta a los consumidores los riesgos tóxicos.
Pero, las modas del color, en especial el negro, hacen que hoy niños y adolescentes sean frecuentes consumidores de anilinas sin que en sus etiquetas se lo prevenga que están utilizando químicos que, según sus componentes, son casi veneno puro.
Desgraciadamente, un ejemplo de ello es el caso de Solange Cremasco, cuyo padre lleva más de un año y medio de batalla en los tribunales porteños en procura de que se haga justicia.
"Pese a que no todavía el proceso no ha culminado, me siento contento porque he logrado a través de estos casi 20 meses de diligencias judiciales que la empresa Wassington, hace menos de 60 días, haya comenzado a colocar en sus envases de anilinas, como con la que se intoxicó mi hija, una leyenda de prevención. Al menos, algo es algo".
- ¿A lo largo del proceso judicial se determinó que estos productos son peligrosos?
- Mire, aquí tengo los resultados de la contraprueba del producto FIX, de la firma Wassignton, con la que se enfermó Solange, y evidencia una toxicidad de un 52,8 por ciento.
- ¿Y ello que significa?
- Le voy hacer un ejemplo claro con blibliografía que se adjuntó a la causa -sacó de su maletín un pesado libro médico- . Según esta segunda edición de Toxicología de Pregrado, del profesor Emilio Astolfi, entre otros especialistas, en un apartado destacado trata sobre la metahemoglobinemia (Meta hb), que es la concentración de sustancias tóxicas en sangre.
"Una concentración de Meta Hb del 20 por ciento sólo provoca síntomas funcionales, pero si alcanza al 60 por ciento (la anilina que intoxico a Solange tiene el 52,8 %) lleva rápidamente a la muerte".
- ¿Ahora cómo está la salud de su hija?
- Puedo decir que lo peor ya pasó, pero hoy padece de otras consecuencias. Ahora sufre un problema glandular que, en un año y medio, la hizo subir más de 15 kilogramos de peso y no los puede bajar.
- ¿Eso fue producido por la intoxicación con la anilina?
- No le quiero mentir -sacó de una carpeta un diagnóstico del Centro Médico Privado de San Francisco, Córdoba, que tiene fecha del 15 de noviembre último y comienza a leerlo-. ". . . Solange Cremasco presenta hiperteroidismo, que ha comenzado en los últimos meses de 1995 y es altamente probable que el desencadenante inmunológico sea el stress psíquico sufrido por los motivos de la intoxicación con anilinas", que lleva la firma del doctor Gustavo Ortiz.
-¿ Usted cree que con un resarcimiento econonómico todo está resuelto?
- No, por favor. Si llegara a cobrar algún dinero, será para pagar las deudas que he contraído por la enfermedad de Solange. Pero, lo importante, es que esto sirva de escarmiento y no vuelva a ocurrir. Mi hija se salvó, pero si le ocurre lo mismo a otro chico, no sé si Dios podrá ayudarlo.




