
Matan a un empresario en una torre de Belgrano
Por Hernán Cappiello De la Redacción de LA NACION
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Cuando se despejó el humo rojizo, en el living del pequeño departamento de Belgrano, los bomberos advirtieron el cadáver. Recostado sobre la alfombra, junto a la mesa ovalada y muy cerca de una silla, Roberto Aquiles Chiozzone yacía muerto. No fue un accidente. Dos balazos en la cabeza acabaron con la vida del industrial retirado de 64 años, asesinado con el sigilo de un profesional que usó una pistola calibre 22 con silenciador y luego prendió fuego al inmueble para borrar sus huellas.
La policía sospecha que el asesino era conocido de la víctima y que el homicidio está relacionado con sus negocios, su dinero o con el robo de algún documento que estaba oculto en el inmueble, dijeron investigadores del caso a LA NACION.
El crimen se descubrió anteanoche a las 20, luego de que una vecina de nombre Fabiana, advirtió humo por debajo de la puerta del departamento B del segundo piso de las torres de Avenida del Libertador 6270, esquina Blanco Encalada.
Llamó a los bomberos, que una vez dentro, con sus mangueras lograron extinguir parcialmente el fuego. Allí vieron el cuerpo y dejaron paso a los investigadores de la seccional 51a. y de la División Homicidios de la Policía Federal. Los detectives advirtieron que el cuerpo tenía un disparo en la frente con orificio de salida en la nuca y otro tiro en la cabeza. En medio de los destrozos que provocó el fuego, se descubrió una vaina de un proyectil calibre 22. Se trata de un arma de bajo calibre, efectiva a corta distancia.
El hecho de que la vaina haya sido hallada en el lugar y que ningún vecino hubiera escuchado ninguna detonación de arma de fuego, hizo pensar a la policía que el asesino utilizó una pistola con silenciador. Se trata de un método que hubiera utilizado un asesino profesional, al que le habrían encargado la ejecución.
Ese cuadro se completó con el descubrimiento de un guante de látex, como los utilizados en cirugía, que la policía está tratando de confirmar si fue abandonado allí por accidente por alguno de los equipos de criminalística que levantó rastros, por los bomberos o por el asesino que se cuidó muy bien de no dejar sus huellas digitales.
Homicidas conocidos
La policía cree que pudieron haber intervenido uno o dos asesinos, por los testimonios recogidos, y no tiene dudas de que conocían a Chiozzone. Esto es así porque para ingresar en el edificio con ladrillos a la vista es necesario primero anunciarse a través de un portero eléctrico con cámara de televisión. El aparato no permite grabar imágenes, sino sólo ver lo que pasa por delante de la puerta. Por eso se están tomando testimonios a los vecinos para saber si alguno estaba mirando por el monitor a la hora en que ingresaron los sospechosos.
Luego es preciso atravesar el hall, donde un guardia de seguridad vigila las 24 horas y abrir la puerta blindada del departamento. La cerradura no estaba forzada, por eso creen que fue el industrial que le abrió la puerta a un conocido, tal vez acompañado por el homicida.
Luego de cometer el crimen se buscaron borrar los rastros, por eso los asesinos prendieron fuego un sector del dormitorio. Cuando llegaron los bomberos había alcanzado parte del living. Una de las sospechas es que en un mueble situado allí pudo haber estado oculto algún documento sustraído por los homicidas.
Fabiana, la vecina del departamento D, pegado a la medianera de Chiozzone, dijo a La Nacion que fue ella quien avisó a los bomberos. “Volví con mis sobrinos, vimos el humo colorado que salía del departamento de Roberto. Llamamos al portero y a los bomberos, que como la puerta es blindada, tuvieron que entrar por afuera del edificio”, señaló la señora.
“Cuando lo sacaron del departamento, tiraron el cuerpo en el pasillo. Estaba en calzoncillos, tenía un disparo en la oreja y la espalda quemada”, recordó la vecina.
Los vecinos de los otros dos departamentos del mismo piso no se encontraban ayer en su domicilio cuando La Nacion trató de hablar con ellos.
Chiozzone tenía hasta hace poco tiempo dos empresas dedicadas a la compra y venta de metales y fundición en Avellaneda.
Divorciado, vivía en el departamento de dos ambientes desde hace unos dos años y era frecuentado por pocos amigos y una mujer de 40 años que era su novia. Con ella solía pasear con su BMW convertible que quedó en la cochera o gustaba de salir a correr o jugar al golf por las tardes, según dijeron sus vecinos a La Nacion.
Anteayer había llegado a su casa a las 16 y desde entonces nadie lo vio con vida, excepto sus asesinos.
Si bien no faltaba ningún elemento de valor en el departamento y los pocos billetes que tenía Chiozzone encima no fueron tocados por sus asesinos, la policía cree que el dinero está detrás del crimen.
De hecho, la víctima habría sido estafada hace unos años por un empleado infiel. Ultimamente no se le conocía ninguna actividad comercial, excepto que viviera de rentas debido al alquiler de alguna propiedad.
Chiozzone tenía dos hijos. Uno de ellos vive en el extranjero y su hija, que reside aquí, anoche declaraba llena de consternación en la comisaría 51a. para aportar datos acerca de los negocios de su padre.
“Estamos investigando si tenía alguna deuda, pero también sus relaciones personales y su dinero”, dijo anoche uno de los investigadores del caso a La Nacion.
Chiozzone, deportista entusiasta, tenía reservada anteanoche una cancha para jugar al tenis. El asesino se lo impidió.
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