Menores que asaltan taxis en Constitución
Cómo actúan con impunidad una banda de chicos; son la "banda de los Piquitos", una miniorganización infantil que eligió para robar el cruce de General Hornos y la avenida Caseros, frente a la estación Constitución.
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Sonríen, juegan, se pelean. Son seis, aunque a veces quedan cuatro, y para actuar, sólo dos. Todos tienen entre 12 y 14 años y la calle es su vida. Sumergen la pobreza en una bolsa con pegamento, que inhalan e inhalan.
Pero cuando la supervivencia depende del delito, los pequeños se transforman: son la "banda de los Piquitos", una miniorganización infantil que eligió el cruce de General Hornos y la avenida Caseros, frente a la estación Constitución, para robar desde el mediodía hasta que se esconde el sol.
No hay automovilista que se salve si deja la billetera a mano, como pudo observar La Nación ayer, entre las 16 y las 18.
En un abrir y cerrar de ojos
Con una bolsita de nylon en la mano, los chicos ayer estaban sentados en un guard rail, que limita la entrada al estacionamiento situado debajo de la autopista, sobre la calle General Hornos, frente a la estación.
Vestían jogging o suéter y jeans. Vagueaban en esa esquina, donde jugaban a la payana con piedritas de la calle.
Era sólo una distracción, hasta que el semáforo detuvo el tránsito. Entonces actuaron. Observaron y eligieron el vehículo que tenía levantado el seguro de las puertas, "los piquitos", de los cuales la banda toma su nombre. No importa si el auto está junto al cordón de la vereda o en medio de los colectivos.
Uno de los chicos abrió la puerta trasera del taxi, con o sin pasajeros. El conductor, asustado, se dio vuelta y otro menor manoteó el picaporte de la puerta delantera y con velocidad tomó lo que tenía a su mano: generalmente la billetera que los taxistas habitualmente ocultan debajo de su muslo derecho, en el tablero o en el parasol.
Corríó entre los autos, y se escondió. Un buen refugio son los vehículos de la playa de estacionamiento. Allí, todos los días, los empleados encuentran cuatro o cinco billeteras. Vacías, según explicaron clientes a La Nación .
Otro de los escondites es la plaza situada al otro lado de la autopista, frente al Hospital de Niños Pedro de Elizalde. Un banco verde es el punto de reunión, donde suelen juntarse los seis chicos, una joven y dos muchachos, ya mayores, de misteriosa relación con el grupo infantil.
El graffiti que ocupa la pared de la plaza, con la imagen de un taxista asomado a la ventanilla de su auto, parece una broma burlona.
No siempre tienen suerte
La efectividad de los chicos no es del ciento por ciento. Intentan robar cada vez que el semáforo se lo permite, pero no siempre encuentran algo de valor. Por eso prueban una y otra vez hasta conseguir un buen botín: la recaudación de un chofer.
La esquina elegida está en la jurisdicción de la comisaría 16a. de Constitución. Sólo la separan 50 metros de la entrada de la estación de tren, donde un suboficial de la División Roca de la Superintendencia de Seguridad Ferroviaria vigila la parada de taxis.
"Ya detuvimos a 12 de ellos. Son todos de entre 8 y 16 años, pero es un círculo vicioso. Una vez que están a disposición del juez de menores, sus padres los van a reclamar y a veces es preferible que vayan con ellos que a un hogar de chicos. A las 12 horas vuelven. Si van a un instituto, en tres o cuatro días los padres los van a buscar y vuelven a la calle", explicó a La Nación el comisario Juan José Pirsic, de la División Roca.
A media cuadra de ellos, el suboficial que cuida la parada de taxis se dice impotente. Incluso cuando un hombre que vio toda la escena se acercó para pedirle ayuda. "Hay muchos policías, pero están en cien cosas", ensayó como excusa el jefe policial.
En la comisaría 16a. dijeron que no tienen denuncias de este tipo de hechos en esa esquina.
A veces, los chicos no están a la vista. "Se están repartiendo lo que encontraron. Pero espere. Están toda la tarde ahí sentados, robando a cada rato", explican en el estacionamiento.
Media hora después llegan, puntuales. Un taxi Renault 9 es ahora la víctima elegida. El conductor se baja, indignado. Un colega de unRenault 12, que vio todo, lo ayuda, pero los chicos ya se escaparon.
Un ejecutivo bancario, que fue testigo de otros robos, contó a La Nación que en una ocasión, cuando el taxista se bajó a perseguir a los chicos, otro muchacho se subió al taxi y se fue manejando.
Cuando tienen éxito, el festejo es obvio. Junto al semáforo, saltan, sonríen, juegan. También se pelean, pero esta vez no inocentemente, sino por el contenido de la billetera.



