
“Mi hijo está destruido”, dijo el padre del bajista de Callejeros
Confirmó que todos los músicos rescataron a víctimas
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Era la tercera vez que Eleazar Torrejón iba a ver a Cristian, su único hijo, bajista del grupo Callejeros, a un recital de rock. Total siempre los tenía ahí, en vivo, en la sala de ensayos que él mismo le armó en su casa, y en la que el grupo comenzó años atrás con sus sueños rockeros.
Dejaba que su mujer disfrutara de las presentaciones, porque una de las características del grupo es que convocaba a familias enteras a sus shows. Sus vecinos de Villa Celina no se pierden nunca un show. A él le gusta escuchar que cada vez el número de fanáticos aumentaba por el boca a boca.
"Pero ese día fui, todo era una fiesta y por cuatro boludos se arruinó todo. Menos mal que mi señora no fue; como ya nos asaltaron dos veces, alguien tenía que quedarse en casa, y se salvó de haber estado ahí. Si le pasaba algo a Cristian, yo creo que la madre se muere al día siguiente porque es la luz de sus ojos", dice Torrejón, oriundo de Chovet, un pueblo de la provincia de Santa Fe, en la puerta de su hogar, sobre la calle Barros Pazos, en Villa Celina.
El barrio, mezcla de casas bajas con complejos edilicios, calles de asfalto y de tierra, está cerca del Mercado Central y linda con la avenida General Paz.
Torrejón fue uno de los primeros en salir de República Cromagnon y en ayudar a los bomberos a abrir el portón cerrado con vallas. Recuerda los ruidos, las criaturas y los jóvenes vomitando un líquido negro.
"Si esa puerta hubiera estado abierta, salían todos enseguida. Cuando la abrimos, el espectáculo era horrible, gente apilada y apretada. Mi hijo sacó a muchos pibes de adentro, y «Pato», el cantante, también", afirma Torrejón, que continúa trabajando en su negocio de insumos para electricidad y venta de sanitarios, para estar ocupado y no pensar en esa noche de muerte.
Ver el infierno
"Todos los chicos del grupo entraron a sacar gente de ese infierno. Yo lo vi, no me la contaron. Sí, Chabán advirtió sobre lo que podía pasar, pero después se tomó el viaje", relata, enojado. Un enfado que traslada hacia la prensa que, según él, "saca cualquier cosa". "¡Si hasta se dijo que Callejeros era una secta! Ellos son pibes de barrio. Se hicieron de abajo, los quiere todo el mundo, son el orgullo de Villa Celina. Y ahora dicen que les quieren hacer juicios. ¿Juicios de qué?", se pregunta Torrejón, mientras muestra una de las tantas cartas y mensajes que llegan a la puerta para darle ánimos.
"Guardamos todo lo que llega, así cuando viene Cristian no encuentra nada, porque está muy sensible. Se murió mucha gente, amigos de toda la vida, conocidos del barrio. A veces se larga a llorar, así, de repente", cuenta Torrejón. A su hijo lo apodan "Dios", por el pelo largo, los ojos grandes y verdes -que heredó de su padre- y la barba. Torrejón cree que es porque "además es un buenazo".
Cuando habla de Cristian se mezcla en sus gestos el orgullo por el hijo que no quiso seguir la facultad para hacer su camino en la música.
"Mi hijo está destruido", repite."Ahora quieren hacer creer que el grupo tiene la culpa. Si vos sabés la capacidad que tenés en tu boliche... pero bueno, ya está, de Chabán e Ibarra no me interesa hablar. Yo estoy lleno de dolor", dice Torrejón. Ya no quiere hablar: "Es como ver una película que ya no quiero ver más".
Habituado a los incendios
Una noche que planeó durante varias semanas con sus mejores amigos se convirtió en la peor pesadilla para Pedro, un chico de 19 años -no quiso dar su apellido-, que nunca faltó a un recital y que era cliente frecuente de República Cromagnon.
"No me preocupé en el momento que vi el humo, porque los dos incendios anteriores fueron cortos y no hubo necesidad de salir", dice.
Cuenta que se asustó cuando vio que ardían algunas pancartas. El logró huir, pero sus amigos Osvaldo Ruiz y Pedro Iglesias murieron.
"Me salvé porque estaba en la planta baja. Ellos prefirieron quedarse en la parte alta, ya que era más tranquilo. Estaban lejos de la puerta", cuenta Pedro, con una mirada triste, mientras frota sus manos en su camisa negra que dice "Los Piojos". Afirma que él es seguidor de rock, como también lo fueron sus amigos fallecidos. Era la segunda vez en la misma semana que los tres acudían al concierto de Callejeros.
Osvaldo, de 17 años, no había terminado la secundaria e Iglesias, de 19, estudiaba periodismo en la Universidad Austral.
"Llegue a la puerta y pude sacar varias personas. Estaba todo mal. Es lo peor que me ha pasado."
El joven rockero dice que internamente siempre supo que sus amigos estaban muertos, por el lugar en el que se encontraban.
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