
Mujeres que salvan vidas enfrentando las olas, en Mar del Plata
Se arriesgaron a ser guardavidas
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MAR DEL PLATA.- Diecisiete años atrás, mientras veraneaba en Mar de Ajó, presenció un hecho que la marcó para toda la vida. Vio cómo un chico se ahogaba en el mar. En ese momento supo cuál iba a ser su profesión: guardavidas, un trabajo que hace un tiempo era un territorio casi exclusivamente reservado para los hombres.
Hoy Romina Fulchini, de 27 años, es una de las diez mujeres guardavidas que trabajan en las playas de esta ciudad. Hizo el curso hace cinco años y esta temporada es la segunda que trabajaba en un balneario de Mar del Plata. "Lo que vi cuando tenía 10 años fue un episodio muy feo. No quiero volver a vivir esa experiencia, por eso me hice guardavidas", explicó Fulchini a LA NACION.
La joven, que trabaja en la zona norte de la ciudad, en el balneario Bahía Bonita, contratada por las personas a cargo de la concesión, dijo que ella no se siente discriminada por sus compañeros por el hecho de ser mujer. "Con ellos nos entendemos a la perfección. Con sólo mirarnos sabemos lo que tenemos que hacer en un rescate", sostuvo. Pero sí dice que los turistas a veces son los que la miran de una forma medio extraña. "Debe de ser un poco por discriminación y otro poco porque no confían en que una mujer pueda llevar adelante el rescate de una persona en el mar. Eso sí, se han acercado muchas mujeres para felicitarme por ser una chica y trabajar de guardavidas", sostuvo la joven.
La más experimentada
Vecina laboral de Fulchini es María Richards. Ella trabaja en el sector público del balneario Puerto Cardiel, contiguo a Bahía Bonita. Tiene un poco más de experiencia que su compañera: es "bañera" desde hace 14 años.
"Para ser guardavidas hay que tener una verdadera vocación. Es un trabajo de riesgo. Hay días en los que el mar está «planchado» y no pasa nada, y otros días en que se pone muy peligroso. Hay que estar siempre atenta, porque uno tiene una responsabilidad sobre la gente que está en el agua", dijo Richards, una de las seis cuidadoras municipales. Las otras cuatro están contratadas por las personas a cargo de las concesiones de los balnearios.
Richards, que además es psicóloga, contó que cuando ella empezó a trabajar había más discriminación. "Pero es hasta que te conocen. Al principio, te ven con el silbato y el gorro y piensan que sos la pareja del guardavidas hombre. Es muy difícil entrar a trabajar en el mundo de los guardavidas. Es un ambiente cerrado, donde no hay una movilidad laboral, y si sos mujer, se te puede complicar aún más", agregó.
Fulchini y Richards coincidieron en que hay rescates sencillos y otros que pueden ser muy peligrosos, que pueden llegar a durar hasta 40 minutos. Pero ambas concuerdan en que su vocación, aunque sacrificada, les da mucho placer.
"Hacer un bien a las personas que vienen de vacaciones es espectacular", resumió Fulchini.



