Mundial Rusia 2018. Con el corazón dividido: así vivió el partido un futbolista nigeriano nacionalizado argentino
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Felix Orode tiene el corazón partido. Mira la pantalla del televisor casi sin pestañear en la casa de su suegra, en el barrio de Almagro. Lo acompañan su mujer, Yasmín – porteña y fanática de San Lorenzo- y sus dos hijos argentinos, Salvador y Simona. En lo que se vive como una insólita final anticipada , no hay forma de que el nigeriano nacionalizado argentino pueda hoy salir del todo contento. Llegó al país a los 18 años y acá formó su familia. "Voy a rezar por los dos equipos para que gane el mejor", explicó antes de que empiece el partido.
En la cancha, sus compatriotas nigerianos dejan el alma por el pase a octavos del Mundial. Sentado a su lado Salvador, su hijo de 4 años, sonríe cuando Messi sale a la cancha, le cuenta a su mamá que tiene un muñequito de Mascherano y ni registra a Ahmed Musa, la estrella nigeriana.
El mediocampista de Defensores de Pronunciamiento, de Entre Ríos, vino a pasar unos días de vacaciones a la Capital Federal. Desde que supo que la Argentina y Nigera compartirían grupo se preocupó. Pero mantuvo la esperanza intacta hasta el final.
Cuenta que en el partido de la Argentina contra Croacia, en la jugada en que Caballero devuelve la pelota que costó el primer gol, se le cayó el teléfono del susto. Y que su hijo le pide la camiseta de Messi. Algo similar siente Yasmín, "tengo dividido el sentimiento", dice mientras le hace upa a Simona.
El jugador de Entre Ríos nació en Lagos, ciudad portuaria y con mayor población de Nigeria, ubicada en la bahía de Benín, allí donde el océano atlántico ingresa como una panza en el continente africano. Y donde nunca hace frío -a lo sumo llueve-, se comen platos a base de sémola y el fútbol no se sigue tanto a nivel local, aunque sí es furor la selección nacional, como explica.

Jugaba para equipos de su país, en 2009, cuando fue descubierto por un agente y llevado a jugar a España y Portugal. Ese mismo año fue convocado por San Lorenzo, donde tuvo un breve paso en el que llegó a jugar contra Huracán en primera división. Gracias a ese club también pudo conocer a su esposa. Luego vinieron Nueva Chicago, Excursionistas, Luján, Comunicaciones, una breve inmersión en un equipo peruano y el desempeño en Sportivo Barracas.
Desde el año pasado juega en el equipo entrerriano "Depro", en el Torneo Federal A. En algún momento se especuló con los millones que le podría haber ganado a su club de haber sido convocado por las "águilas verdes" para disputar el mundial. Pero eso no sucedió, y hoy le toca sufrir el partido tal vez como el espectador más contrariado.
Por la mañana Felix compartió en sus redes sociales una foto que lo muestra junto a su mujer y sus dos hijos, él con su camiseta verde de Nigeria, ellos con la celeste y blanca. El mensaje que acompañó: "Llegó el día, mi corazón dividido entre dos países que amo, ¡que gane el mejor!", fue el espíritu que lo acompañó todo el tiempo.
La mesa está repleta de comida que nadie toca, al menos hasta el empate. Sobran motivos para estar nerviosos: hace 16 años que la Argentina no abandona un Mundial en la primera ronda. Y desde 1994 Nigeria jugó cuatro veces en mundiales contra la Argentina y perdió en los cuatro encuentros. En el peor de los casos podrían quedar eliminados ambos países. Pero para saber eso aún falta un rato.
Hay un silencio sepulcral con el primer gol de la Argentina. Félix se lleva las manos a la boca y no emite un sonido. Se frota las manos, no sabe dónde meterlas, hace buches de aire que va largando de a poquito. Cuando Messi erra el tiro libre apenas larga un "Dios" por lo bajo, mientras larga todo el aliento contenido. Simona ni se entera, sigue obnubilada con su celular.
Con el gol de Nigeria ya no podrá disimular la sonrisa y le vuelve el hambre; va por una porción de pizza. Hasta entonces tuvo el estómago cerrado.
A los 80 minutos del partido recibe un llamado de su hermano, desde Nigeria. Se mandan ánimos mutuos con su cuñada y su familia desde Lagos. La dicha se corta con el segundo gol de la Argentina, que lo deja estupefacto.
Terminado el partido, Felix abraza a su mujer y se emociona. De tristeza, de alegría, o de todo eso junto. Al menos ya no va a tener que elegir. "Me duele todo", confiesa. Pronto le empiezan a llegar mensajes de cargadas de sus compañeros de Entre Ríos.
"Es fútbol, cada día es una cosa diferente. Yo lo quiero mucho a Messi, le deseo lo mejor. Voy a seguir apoyando a la Argentina". La próxima esperanza será representar a su país en el mundial de Qatar.
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