Murió Mieres, el dandy que fundió una biela y cambió la historia de la Recoleta

"Bitito" fue automovilista y hombre de náutica, pero su huella trascendió el deporte
Mariano Wullich
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28 de enero de 2012  

Rugió feo el motor del auto cuando llegaba al final de la avenida Quintana: abrió el capot, entró en la confitería de enfrente y con el fierro en la mano gritó: "¿Vieron gallegos, esto es una biela?" Sin darse cuenta, "El marqués" había rebautizado La Veredita, esa esquina emblemática que desde hace más de 50 años se llama La Biela.

Anteanoche, con 87 años, "El marqués" dejó los fierros de la vida para volver a los boxes de la eternidad. Quizá cansado de hacerlos rugir aquí, "Bitito" Mieres (Roberto Casimiro), tomó otra curva para hacer ruido en otra parte.

"Nunca profesional", se definía y, en Punta del Este -el lugar que eligió para vivir sus últimos 30 años y donde murió- el hombre que se subía a Ferraris y Maseratis, apenas tiraba cambios y, en voz baja, solía decir a este cronista que el agua era más pura que la tierra. Eso sí, parecía que el mismísimo "Bitito" cobrara, porque a veces daba una imagen tan profesional que en los años de Juan Manuel Fangio llegó a ser algo así como el tercer piloto argentino (hizo un récord de vuelta en Zandvoort, en 1955). Y, encima, era la Fórmula 1 del "Quíntuple" y de Pepe Froilán González.

Pero lo de él eran los autos sport y cualquiera de los caminos. Porque él mismo se disputaba los dos senderos. Si como dijo el inolvidable periodista Alfredo Parga, "saltaba de las pistas a los embarcaderos".

Muchos lo quisieron, como Juan Carlos Pérez Loaizeau, Germán Sopeña, Teddy Gómez, Eugenio Ottolenghi, Armando Sagasti, Bárbara Brown o Rodolfo Iriarte, porque el gusto por los automóviles clásicos estaban en el corazón de ellos y en el de "Bitito".

Cómo no hablar del agua y las pistas, si más allá de sus concesionarias -Peugeot, Di Tella o Renault- y de haber sido fundador del Club de Automoviles Sport, Mieres creó el Boating, el primer gran country sobre el agua. El "nunca profesional" era un crack del buen gusto, la arquitectura, el diseño y el deporte. Había sido olímpico en yachting (clase star) en 1960 junto al inolvidable campeón del volante Jackie Stewart, quien en esa misma ciudad de Roma había participado en los Juegos Olímpicos en tiro.

Qué historia la de estos hombres, sobre todo la de "Bitito", de quién, según contaba Parga, hasta se podía "disfrutar de su palabra apresurada".

Punta del Este, donde será inhumado, suele coronar a algunos campeones de la vida. Son esa gente que, un poco en chiste, se reciben de marqueses; son esos que también pueden saltar de una pista a un embarcadero. Cómo olvidar a este señor grande que un día le preguntaron por qué le decían "Bitito" y sólo era porque cuando era un bebito, "Robertito", casi sin hablar, apenas balbuceaba, " Bitito quiere la sopa".

Por eso, allá arriba, habrá que tener cuidado, porque "Bitito" tiene el buen gusto de los grandes soperos, como los otomanos, pero también acelera... y puede mostrar una biela.

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