Música y color en los festejos vascos
Comunidades de Euskadi de todo el país celebraron en Necochea con danzas y comidas típicas
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NECOCHEA.- Las calles del centro, junto a la plaza y frente a la iglesia se colorearon con boinas coloradas, fajas verdes, pantalones y camisas blancos, pañuelos con esos tres tonos y vestidos que también copiaban la bandera vasca: verde, blanca y colorada, con la cruz en el centro y las aspas de San Andrés escapando hacia los márgenes.
Eran centenares de chicos que bailaban en el mediodía del domingo como si estuviesen en San Sebastián, Pamplona, San Fermín, Logroño o Guernika, es decir en el mismo País Vasco, en Euskadi, que en definitiva para ellos es la "patria del corazón".
Necochea cumplía así con los festejos de la Semana Nacional Vasco Argentina, con danzas y músicas típicas como la jaurrieta, San Miguel, la Espatadantza de Guipuskoa o el Fandango. Todas perfectamente interpretadas por grupos y asociaciones de distintos puntos de la Argentina que en su fervoroso ánimo volvían a poner de manifiesto la importancia de esta comunidad en nuestro país.
Fueron varios los días de festejos en los que, por supuesto, no faltaron la paella gigante y muchas voces alegres repitiendo la palabra "osasuna" (salud) ante los brazos extendidos hacia arriba para empinar la bota y darle el mejor de los destinos al buen vino.
Cultores locales
No faltaron tampoco a ninguno de los actos los cultores locales de las costumbres vascas, como Felipe Muguerza, Martín Lizazo Bilbao, Joaquín Diego de Ibarbia o Zilda Balsategui. Además, se sumaron hombres de todo el mando Euskadi: Xabier Olaizola, Iñaki Aguirre, Emilia Doyaga, Pierre Etxarren, Imanol Bolinaga y Pello Salaburru.
Entre ellos también estuvo José Ramón Cengotitabengoa, el presidente de la Society of Basque Studies in America, una organización sin fines de lucro que se encarga del estudio y la diseminación de la cultura, las tradiciones, las costumbres y el folklore vascos en las Américas.
La organización dedicó su "omenaldi" (homenaje) anual a los vascos de la Argentina. Recordaron al prócer de la independencia que peleó junto a San Martín, Mariano Necochea y distinguieron a la asociación Euskal Etxea, que desde hace 100 años brinda educación en el país.
Finalmente, homenajearon al Comité Pro Inmigración Vasca, entidad que en 1940 facilitó el ingreso legal en el país a muchos exiliados indocumentados que no tenían entrada en otros lugares del mundo.
Durante los homenajes del viernes, Cengotitabengoa, un metalúrgico de Chicago nacido en el País Vasco, reveló a La Nación diversos aspectos de la comunidad en los Estados Unidos. Como el hecho de que allí sólo alcanzan a 70.000, viven entre Nevada, Idaho y Oregon y mantienen el idioma con más ahínco que en su propia región natal.
Lo más interesante que destacó es que los pastores vascos que llegaron a tierra norteamericana a partir de 1846 -atraídos por la fiebre del oro- habían aprendido a trabajar con la hacienda en nuestra pampa. "Algunos de ellos fueron los hermanos Pedro y Bernardo Altuve, que se establecieron allí tras llegar desde la Argentina y fundaron el Spanish Ranch, en Nevada."
Cengotitabengoa, aún encantado con la llanura bonaerense y los trigos que por esta época reparten espléndidos en los campos de Necochea, también se sorprendió con otros aspectos. Que no es casual que en el campo de nuestro país es común ver a la gente con boinas vascas, y, lo que es más, que aquí, en determinados momentos de la historia, los colores de las boinas tuvieron diferenciaciones que pasaban por la política.
Una muestra de arte en el Centro Cultural, cantos típicos a cargo del Orfeón de la Castaña -grupo que vino especialmente desde el País Vasco, como la Tamborrada Caztelnbide (Camino del Castillo)- animaron días y noches. Estos últimos haciendo sonar sus tambores dirigidos por Juan Mari Abad, un señor con galera oriundo de San Sebastián, que ostenta el cargo de tambor mayor en las fiestas y tamborradas del País Vasco.
Así, los vascos del mundo pasearon por Necochea, aunque muchos todavía no hayan vuelto a sus países, puesto que ayer, bien entrada la noche, permanecían en la cantina del Centro Vasco diciendo "gaguon" (buenas noches) y repitiendo una y otra vez "osasuna" (salud) en un interminable brindis de despedida en el que los "omenaldis" habían quedado atrás y todo tenía el protocolo de las ropas verdes, blancas y coloradas y del color borravino que sólo puede dar el vino, más aún cuando sale disparado de aquellas botas.
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